Menores también son víctimas de la violencia machista

(Foto de archivo de Ana María Abruña Reyes)

El otro día, me levanté escuchando voces. Solo estaban en mi mente. Eran el recuerdo de las risas y los juegos que oía, a veces, en el edificio de apartamentos donde resido. Pero llegó el silencio. Esas voces de niños no están luego que se mudaron porque su padre decidió asesinar a su madre. Le disparó frente a ellos en las afueras del complejo de residencias. 

Ya han pasado unos años, pero los recuerdo con frecuencia cuando ocurren escenas de feminicidios en las que niñas y niños se quedan sin sus madres como consecuencia de la violencia machista. 

Hace unos días, volví a pensar en ellos cuando mi hijo, de 5 años, internalizó por primera vez que sus padres, en el algún momento, se van a morir. En ese instante, a mi niño se le aguaron los ojos, su cara se puso roja y comenzó a llorar con un sentimiento que nunca había experimentado en su corta existencia. 

Después de consolarlo, volvieron a mi mente mis exvecinos, quienes no lo imaginaron, como en el caso de mi niño, sino que fueron obligados a enfrentar en su infancia una nueva vida sin sus padres. El hombre que mató a su mamá, su papá, luego se suicidó.

Estos menores no se han ido de mis pensamientos desde que sucedió el feminicidio de la enfermera Angie Noemí González Santos a manos de quien fuera su pareja por 16 años, Roberto Rodríguez Díaz, como confesó. Otras tres menores volvieron a quedarse sin uno de los seres que más se ama. 

Ahora, solo pienso en esa generación de niñas, niños y adolescentes a quienes les robaron experiencias al lado de su madre porque un hombre consideró que su vida valía menos. 

Un grupo que, a temprana edad, recibe unas heridas que, posiblemente, nunca sanarán, pues solo, a veces, se aprende a vivir con ellas. 

La senadora Ana Irma Rivera Lassén, del Movimiento Victoria Ciudadana, señaló que no todas las violencias son iguales en la discusión de la Resolución 54 del Senado para solicitar al gobernador Pedro Pierluisi el Estado de Emergencia por violencia de género. Con sus expresiones, le salió al paso a la legisladora antiderechos de Proyecto Dignidad, Joanne Rodríguez Veve, quien mencionó que se “invisibiliza la violencia hacia los hombres”. 

Rivera Lassén enfatizó que las violencias tienen apellidos para que sean atendidas de la manera correcta y con los recursos necesarios. “Si no se les ponen apellidos a las diferentes violencias, entonces, no se reconocen los problemas, las fuentes y el origen de las mismas”, recalcó en su exposición. 

La violencia machista que reciben los menores también debe ser atendida por el Estado y por la sociedad. ¿Qué estamos haciendo para acompañarlos en este proceso tan doloroso? ¿Qué herramientas están recibiendo para sobrevivir esta pesadilla? No podemos olvidarnos de esta generación. 

Digo generación porque solo, en el 2020, hubo 60 feminicidios, según el informe anual del Observatorio de Equidad de Género, y muchas de estas mujeres tenían hijas e hijos. 

Se deben destinar recursos para atender estos casos en los que, en ocasiones y como sucedió con mis exvecinos, terminan viviendo con la familia del maltratador y asesino de quien, probablemente, crearán un perfil de un hombre que nunca existió. Posiblemente, también, tendrán que escuchar frases como “eso fue el diablo”, “los celos pudieron más” y “ella se lo buscó”.  

El domingo, después de 793 días, el gobernador Pedro Pierluisi declaró un Estado de Emergencia para atender la violencia de género al reconocer que es un asunto que le compete al Estado y que los esfuerzos anteriores no han sido suficientes, “y es vital tomar acciones dirigidas a prevenir y erradicar este mal”. 

Ya se le puso el apellido. Ahora, con la misma fuerza, sigamos abogando por esos menores que también sufren como consecuencia de la violencia de género que experimentaron junto con sus madres. 

Este plan con las diversas agencias debería integrar esfuerzos para acompañarlos en el trauma. Nosotros, como sociedad, deberíamos tenerlos presentes cada vez que se publica una noticia y comentario en las redes sociales en las que se opta por juzgar a la víctima en vez de señalar a quien comete el acto violento. 

La violencia machista que recibieron esas mujeres no terminó con el asesinato, pues ahí están los menores. Ese seguimiento es esencial para que reenfoquen sus vidas. 

Ojalá, esta vez, no tengamos que esperar tanto, que no se nos vaya la vida. 

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Amary Santiago Torres
Escrito por Amary Santiago Torres
Periodista y profesora. Cuenta con 20 años de experiencia en la prensa puertorriqueña con énfasis en temas culturales. También, se ha desempeñado como editora de textos periodísticos y comerciales.