Cuando escudriña los libros que ilustran las luchas más emblemáticas de la población puertorriqueña, Judith Conde Pacheco desea encontrar los nombres de las mujeres que lucharon por la desmilitarización y la paz de Vieques. 

Ante esta ausencia, la activista siente frustración, pues percibe cómo el sistema patriarcal se ha encargado de invisibilizar la labor de las personas que fueron parte de la Alianza de Mujeres Viequenses, uno de los movimientos de oposición más importantes en la lucha contra la ocupación de la Marina de Guerra de los Estados Unidos.

“Reconocimos que el liderato de los otros espacios estaba conformado por hombres y que había sido así por los últimos 30 años. Por esta razón, nosotras decidimos abrir un espacio de mujeres para entender cómo se sentían. Queríamos atender la realidad de la mamá, la maestra, la líder, la trabajadora social, la jefa de familia, la pastora, la activista…”, manifestó. 

El propósito del colectivo era visibilizar las voces de las mujeres, reconocer sus preocupaciones e identificar sus necesidades. Las activistas querían añadir una mirada feminista a la lucha por la desmilitarización, contrario a la labor que se gestaba desde otros grupos comunitarios.

“La organización se creó para dar espacios de participación comunitaria a las mujeres viequenses”, afirmó la feminista.

Como parte de la Alianza, las mujeres ofrecían talleres, hacían desobediencia civil, creaban obras de teatro, desarrollaban espacios de confraternización y promovían el empoderamiento comunitario.

La mujer, quien se desempeñó como economista del hogar del Servicio de Extensión Agrícola en la isla municipio, destacó que su organización comenzó a utilizar la herramienta analítica perspectiva de género para proponer soluciones a las situaciones cotidianas que sufrían las viequenses desde principios de 1999.

Gladys Rivera y yo habíamos participado en algunos espacios existentes constituidos por hombres. Aunque atendían temas que nos preocupaban, no discutían otros aspectos que tenían que ver con las mujeres y las familias. Eran asuntos que no se tocaban”, afirmó Conde Pacheco, cofundadora de la Alianza. 

También, reconoció el racismo que vivió junto a sus compañeras de lucha, quienes mayormente eran mujeres negras. De la mano de las activistas, quería desarrollar otras dinámicas de vida que no estaban siendo consideradas dentro de esos otros espacios de activismo. 

Entre las aportaciones de Alianza de Mujeres Viequense, resalta el visibilizar el género en las discusiones sobre las consecuencias ambientales, económicas y sociales de la presencia militar en Vieques. La educadora mencionó que, a través del activismo, consiguieron mejores condiciones de salud y seguridad, y que se reconocieran derechos humanos para las viequenses y sus hijos. 

Una fuerza militar que violentaba los espacios y las mujeres

La presencia de la Marina tuvo repercusiones negativas en las vidas de las viequenses. Conde Pacheco denunció que, desde microagresiones hasta violaciones sexuales por parte de los militares, las residentes en Vieques sufrieron las diversas manifestaciones de la violencia de género.  

“Las mujeres sentían miedo cuando irrumpían en el pueblo 2,000 marinos. Tenían que guardarse en sus casas porque corrían peligro, podían ser violentadas, y hasta perder su propia vida”, comentó la líder feminista. 

Desde 1940, la Marina de los Estados Unidos bombardeó las tierras de Vieques probando armamento militar para las diferentes guerras que se suscitaron a mitad y finales del siglo XX. Más allá de los terrenos, la mirada colonial de los militares les hizo sentir que las vidas de las viequenses les pertenecían.

“Muchas venían de vivir la experiencia de los militares tratando de tocarlas o de entrar a sus casas en busca de señoritas o margaritas, como ellos les llamaban. Ellos entendían que la isla era suya. Era un package, una isla donde puedes hacer maniobras, pero también puedes ir al territorio civil y satisfacer tus necesidades como resultado del aislamiento que tienes aquí. En el caso de las mujeres, se les hacía pensar que era una responsabilidad con la nación hacer que los militares se sintieran bien mientras estaban lejos de su casas”, comentó.

En una vista pública dirigida por la exsenadora del Partido Nuevo Progresista (PNP) Norma Burgos, Carmen Valencia Pérez compartió su experiencia como residente en el barrio Destino, la colindancia entre los territorios civiles y militares.

“Los soldados cruzaban la verja, tocando las puertas y las ventanas de las casas en el barrio Destino. La mamá de Carmen estaba sola porque muchos esposos se fueron como resultado de la pobreza. […] Había muchas mujeres solas criando a sus hijos. En el caso de Carmen, ella vivía con su mamá, sus hermanos y sus hermanas. La mamá defendía a sus hijas con un machete que ponía frente a su casa”, relató la activista.

Durante la entrada militar, miles de viequenses tuvieron que emigrar a diferentes partes del archipiélago, las Antillas y los Estados Unidos. La Marina fue ocupando sus terrenos y violentando los derechos humanos como la libertad de movimiento, la salud, el alimento, la dignidad, entre otros.

Fueron años duros debido a las violencias que sufrían los viequenses por parte de los estadounidenses. No obstante, en 1999, la muerte de David Sanes Rodríguez, quien laboraba como guardia de seguridad de Responsible Security, fue un punto de encuentro para las personas que se oponían a la presencia de la Marina, incluyendo a las mujeres de la Alianza. 

Al momento de su fallecimiento, el viequense trabajaba en el Punto de Observación (Observation Point) de la Marina, lugar donde se monitoreaban las maniobras militares. En ese espacio, una bomba le costó la vida.

“La Alianza de Mujeres Viequenses surgió tras la muerte de David. Conversé con mi amiga Gladys Rivera sobre el impacto que tenía la presencia militar en nuestras vidas. Esto nos causaba frustración”, relató la feminista, quien se trasladó a Vieques para trabajar en el Servicio de Extensión Agrícola.

Añadió que, cuando comenzó a laborar en la isla municipio, no conocía las prácticas militares que se realizaban en el territorio al punto de confundir los sonidos de las explosiones con truenos.

La lucha por un Vieques libre de violencias

Durante las manifestaciones contra la Marina, las mujeres que formaron parte de la Alianza visitaron el Congreso de los Estados Unidos para cabildear a favor de la salida de los militares. 

La fundadora del colectivo compartió un documento que relata las vivencias de sus compañeras en el Congreso. Una de las representantes de la Alianza fue la colectora de Rentas Internas Sandra Inés Meléndez Rosario.

“Recuerdo aquel día de marzo de 2001. Era una oficina bastante amplia con fotos de familiares, la bandera de los Estados Unidos, la del estado de Utah, unos cuantos cuadros alusivos a las Fuerzas Armadas y sobre su escritorio la placa con su nombre: James V. Hansen, Senator Utah”, detalló la mujer en el escrito. 

En ese momento, Meléndez Rosario recordó con coraje las expresiones del senador Hansen en representación de la nación norteamericana.

“Quizás, no pueda precisar con detalle la apariencia de aquella oficina, pero lo que nunca olvidé fueron aquellas palabras que dejaron un sabor triste y amargo en lo profundo de mi ser. ‘Sale mucho más barato mover a los habitantes de Vieques a otro lugar que limpiar las áreas de tiro. No tenemos dinero para limpiar’, narró Meléndez Rosario en el documento.

Del mismo modo, Conde Pacheco relató que, cuando fueron a cabildear por Vieques, llevó unas fotos de una playa de aguas cristalinas, en Vieques, y otra llena de bombas.

“Le dije al congresista: ¿Dónde cree que yo quiero criar a mi hijo?’. Me llevé también una foto de mi bebito. Evidentemente, él dijo en la playa cristalina. Y le respondí: Lo que pasa es que a la playa cristalina tú no me dejas entrar cuando tienes maniobras y esto (la contaminación) es lo que tú has hecho para cuando mi niño crezca’”, contó la líder activista en defensa de los territorios viequenses. 

El 1 de mayo de 2003, el cuerpo militar estadounidense abandonó Vieques como parte de un acuerdo entre el expresidente George W. Bush y la entonces gobernadora Sila María Calderón. 

Ha pasado más de una década desde que la Marina desistió de realizar prácticas militares en la isla municipio. No obstante, las consecuencias de su presencia se mantienen latentes en las tierras y las vidas de los viequenses.

Decenas de estudios científicos han señalado los efectos atroces en la calidad del aire, tierra y agua de Vieques. Aún en la isla municipio quedan residuos de metales pesados como plata, plomo, arsénico, agente naranja y uranio que contaminan los espacios. A pesar de que el terreno no les pertenece, las prácticas de explotación se siguen llevando a cabo en modalidad de “limpieza”.

La fundadora de la Alianza de Mujeres Viequenses aseguró que el proceso de restauración es totalmente discriminatorio, ya que en otros espacios, que fueron territorios de explotación militar en Estados Unidos, se han utilizado mecanismos alternativos a la quema abierta.

Contando sus historias de resistencia comunitaria

Aunque nació en Patillas, Conde Pachecho siente un cariño especial por la isla donde residió durante más de diez años. Al momento de las primeras manifestaciones en contra de la Marina, la activista estaba embarazada, razón por la que su hijo creció dentro del movimiento de la Alianza. 

“Nosotras contábamos con destrezas y herramientas para conducir reuniones comunitarias porque ambas veníamos de nuestra formación profesional. Gladys, como trabajadora social, y yo, como persona que practica la educación no formal en la comunidad”, destacó Conde Pacheco. 

Durante su estancia en la Isla Nena, la activista conoció a personas que se convirtieron en su familia extendida. El amor y el compromiso que sentía no solo provocaron que luchara por un futuro digno para las mujeres viequenses, también le sirvieron de motivación para redactar su tesis de maestría.

En su investigación Diario con nombre de Mujer… Rostros y Voces para una Cultura de Paz, Conde Pacheco narró las historias de las mujeres que, junto a ella, lucharon por los derechos de quienes vivían en la isla municipio. Todas accedió a ella en la sala de la Colección Puertorriqueña de la Universidad de Puerto Rico.

“Di recorrido a través del suceder viequense para lograr la salida de la Marina de Guerra Estadounidense y, al revisar los documentos que se han generado sobre esta jornada para la desmilitarización y la paz, me ha permitido percatarme de que las mujeres no figuran como protagonistas de esta historia”, señaló la activista en su trabajo final de maestría.

Publicado en 2004, el documento recoge las historias de 38 viequenses que lideraron la lucha por la justicia en la Isla Nena. A pesar de la importancia de su gesta, sus nombres no fueron reconocidos en muchos otros documentos. 

“Las mujeres de Vieques, como en el resto del mundo, aportaron y aportan un gran trabajo para el desarrollo de sus comunidades. Dicho trabajo ha estado orientado a la integración de la mujer en acción para construir una cultura de paz. Sin embargo, no ha sido suficientemente reconocido ni valorado”, observó.

Incluso, fundaron la Casa Alianza, espacio que utilizaban para ofrecer talleres, abrir espacios de discusión sobre temas de género y desarrollo de las futuras generaciones en Vieques. Este lugar fungió como punto de encuentro para las activistas, así como otras mujeres que participaban en espacios familiares.

Gladys Rivera mientras conversa con jóvenes viequenses en Casa Alianza. (suministrada)

Conde Pacheco destacó que la metáfora de la casa fue la que soñaron y abrazaron para mover los trabajos de la Alianza porque ellas eran dueñas de su casa: Vieques.

“En Casa Alianza Mujeres, las viequenses encontraron un espacio para asumir su participación comunitaria, empoderarse como mujeres, apropiarse de su trabajo, afrontar la violencia, enfrentar la enfermedad y dar cara a otras experiencias que estaban viviendo. Sabían que ya no estaban solas. Había un grupo de mujeres que las podía ayudar”, dijo con orgullo sobre el espacio que estuvo activo hasta el 2006. 

Pisadas en contra de la guerra

En su tesis, Conde Pacheco reconoció las aportaciones de las activistas en el discurso hacia una cultura de paz y del poder del trabajo colectivo por la autodeterminación en Vieques. Afirmó que los relatos de las viequenses son pisadas en contra de la guerra.

“Partiendo del concepto de autonomía, las mujeres se manifestaron solidarias y conscientes de todo lo que estaba ocurriendo en su comunidad. Sintiéndose parte de la misma y en respuesta al momento histórico de Vieques, comenzaron a construir un discurso sobre el impacto del militarismo en su vida cotidiana y a hablar acerca de aspectos desconocidos para muchos como lo son los temores, los sentimientos, las alegrías y las frustraciones de la gente que vive en Vieques y que, por más de 60 años, han resistido la violencia de la militarización de sus tierras y sus casas”, describió Conde Pacheco en su tesis.  

Judith Conde Pacheco y Gladys Rivera, fundadoras de la Alianza de Mujeres Viequenses. (suministrada)

Las intersecciones de raza y género estuvieron presentes en la formación de la Alianza de Mujeres Viequenses, ya que sus fundadoras fueron dos mujeres negras. Los cuerpos racializados de las viequenses también sufrieron opresión y discrimen por los militares y algunos activistas de la Isla Nena.  

En su artículo Colonialismo y Memoria de la Violencia Militar en las Mujeres Viequenses, la investigadora Dora Irizarry Cruz analiza la materialización de la violencia colonial militar (1941-2003) en la vida de las residentes de la Isla Nena. La autora señala que las viequenses se han enfrentado a esos fenómenos construyendo prácticas decoloniales de resistencia comunitaria.

“Juntas fuimos rompiendo con los miedos, rompiendo con esas etiquetas que se imponían a todo el que protestaba contra la presencia militar, pues fue dándose una transformación. […] Recordamos siempre que éramos amigas, compañeras de trabajo, familia y que no íbamos a entrar en discusiones y peleas con otras mujeres, sino que íbamos a tratar de ver cuáles eran los puntos de encuentro y generar un diálogo”, contó Conde Pachecho sobre las estrategias de resistencia comunitaria. 

Las páginas de su tesis narran las múltiples violencias que las viequenses tuvieron que pasar como residentes, mujeres, madres y activistas. Su maternidad y feminidad era criticada cuando acudían a alguna manifestación o ejercían desobediencia civil.

“Nos retaban. Decían que cómo podíamos estar ahí y dejar a nuestros hijos, como si muchos de ellos no fueran padres también”, subrayó.

Además, aseguró que la Alianza desarrolló un plan para dividir los trabajos y que las madres pudieran también estar con sus hijos.

“Se idearon planes de escape y se identificaron personas que estuvieran a cargo de los menores en caso de que ocurriera una amenaza en los predios de la Marina”, contó.

En ese entonces, algunas líderes no se consideraban feministas debido al estigma que existía, pese a que practicaban la equidad y rompían los estereotipos de género dentro del activismo puertorriqueño. Según Conde Pacheco, las mujeres siempre han sido un pilar en la lucha, aunque se haya intentado minimizar su trabajo.

El proyecto evidenciaba el anhelo de autonomía que buscaban las viequenses en todos los aspectos de su vida. El machismo en Vieques se topó con un movimiento que estaba listo para combatirlo.

“Muchas de las mujeres pudieron ver su potencial. Algunas se convirtieron en poetas, pintoras, seminaristas y alcanzaron un grado académico más alto. Crecieron. Vieron que tenían un potencial para hacer otra cosa y muchas de ellas lo lograron, lo alcanzaron y por ahí están caminando haciendo cosas maravillosas”, afirmó.

Enemigo que sigue vivo: el cáncer en Vieques

El cáncer, causado por la exposición a metales pesados, fue el motivo de lucha de algunas de las participantes del colectivo. Una de las primeras iniciativas de la Alianza fue hacer un monitoreo comunitario sobre los casos de cáncer en Vieques, pues eran muchas las mujeres que estaban padeciendo de esta condición a consecuencia de la Marina.

Una de las residentes que vivió la crueldad de la enfermedad fue Zaida Torres Rodríguez, quien se desempeñaba como enfermera en la isla municipio. A la mujer le tocó despedirse de su única hija muy temprano, luego de una larga batalla contra la leucemia. 

Judith Conde Pacheco junto a Zaida Torres Rodríguez. (suministrada)

“Hay un lapso de tiempo en mi vida que se marcó. Yo soy una mujer común de la comunidad que fue a estudiar enfermería porque era lo que le apasionaba. Trabajé en Vieques porque era mi propósito fundamental. Cuando se dio el problema de la Marina, decidí buscar alternativas para luchar porque perdí a mi hija de 17 años, paciente de cáncer. En su memoria, decidí trabajar a favor de la salida de la Marina”, explicó la enfermera retirada.

Torres Rodríguez vio cómo el cáncer invadió los cuerpos de algunas personas que conformaban su núcleo familiar, incluyendo el suyo. Su esposo y su madre también fueron pacientes de cáncer. 

“Lamentablemente, perdí a mi hija de cáncer. Mi esposo es paciente de cáncer y yo también. Es mi familia completa. Mi mamá murió de cáncer y este es mi símbolo de lucha”, señaló la viequense.  

A un año del deceso de su hija, Torres Rodríguez vio nacer la esperanza con la llegada de su segunda nieta.

Liza, nombre que recibió en honor a su tía, fue la primera bebé que nació en la sala de parto del Hospital Susana Centeno en Vieques. Desde el 2015, la sala de parto está cerrada y, en 2017, el huracán María inhabilitó el centro de salud.

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Por su parte, Conde Pacheco narró los momentos que vivió junto a sus compañeras de la Alianza. Las lágrimas recorrieron su rostro al recordar a quienes considera sus hermanas.

“Son muchas las que hemos perdido en el camino”, mencionó la activista.

Denunció que, luego de luchar por un territorio sin violencias y libre de contaminantes, algunas de las mujeres que conformaban el colectivo ya no están porque el cáncer les arrebató la vida. Tal es el caso de su amiga, colega y cofundadora de la agrupación, Gladys Rivera, quien falleció en 2007.

“Te tengo que decir que a algunas compañeras el proceso les pasó factura en términos de lo familiar y la salud. Varias de ellas se divorciaron o sus condiciones de vida cambiaron”, compartió. 

De acuerdo con un reportaje publicado por Orlando Sentinel, las miles de libras de municiones, detonadas tras la invasión de la Marina, tuvieron un impacto directo en la vida de los viequenses. Según el Registro, la tasa de cáncer en Vieques es 27% más alta que la de la isla grande. 

Su legado en Vieques 

Han pasado 18 años desde que la Marina de Guerra de los Estados Unidos abandonó las tierras viequenses, luego de una ardua lucha liderada por mujeres de distintas denominaciones políticas e ideológicas.  

El tiempo transcurrió. Muchas activistas han fallecido y otras emprendieron su propio rumbo. Aunque la Alianza de Mujeres Viequenses dejó de reunirse como una organización activa desde el 2010, su legado permanece vivo en las viequenses que hoy buscan alternativas para mitigar las consecuencias de la presencia militar en la isla. 

Inspiradas por la gesta del colectivo, otros movimientos feministas y comunitarios se han levantado en la isla municipio porque sus líderes fueron parte de la Alianza Juvenil. Tal es el caso de La Colmena Cimarrona. A más de dos décadas de la lucha, los reclamos siguen siendo los mismos: una vida digna, salud universal, tierras limpias y una Isla Nena sin violencias. 

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“La inyección que les dimos a las mujeres y a algunas de las jóvenes sigue viva. Verlas ahora activamente me da la certeza de que algo de lo que se generó en la Alianza las benefició a ellas y va a seguir beneficiando a Vieques. Veo niñas participando de los proyectos y asumiendo liderazgo. Eso me da esperanza”, concluyó Conde Pacheco.

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