Avanza la marea feminista por la justicia de las mujeres

Marcha Justicia de las Mujeres - 8 de marzo de 2022 / Foto por Ana María Abruña Reyes

Fotos y vídeo por Ana María Abruña Reyes

Bajo el candente sol caribeño, se comenzó a formar el mar de camisas púrpuras representativas de la lucha feminista que contrastaban con el azul del Cuartel General de la Policía, el punto de partida para la marcha Justicia de las mujeres, que convocó la  Coalición 8 de marzo Puerto Rico, para conmemorar el Día Internacional de la Mujeres. 

Ese azul que, muchas veces, representa violencia, represión, machismo, revictimización y degradación para las mujeres y cuerpos feminizados en todas sus diversidades. 

“No existe un símbolo más violento, ni un símbolo más claro del orden patriarcal de nuestro gobierno […] El orden patriarcal que se nos impone en las decisiones que se toman acerca de nuestras vidas todos los días es violento”, consignó Mari Mari Narváez, directora ejecutiva de Kilómetro 0. 

Poco a poco, se fueron sumando mujeres y personas aliadas feministas para resignificar la justicia, que debe ser feminista, antirracista, anticapitalista, ecofeminista y anticolonial, y consciente de diferencias socioeconómicas del mundo actual. 

Reclamo por servicios dignos

A través del recorrido, que terminó frente a las oficinas de la Junta de Control Fiscal, diversas organizaciones feministas crearon estampas representativas de todos los conceptos que se deben tomar en cuenta para una verdadera justicia de las mujeres. 

“Mujer trabajadora, loiceña y luchadora”, coreaban las activistas al acercarse a la estampa para exigir salud, a cargo de un grupo de loiceñas de la organización de base comunitaria Taller Salud.

Entre zanqueras y carteles que leían qué es la salud integral para las mujeres, las loiceñas se unieron a la manifestación por la justicia feminista.

“La salud no es solo estar bien físicamente, la salud es también tener un salario justo, una vivienda digna. Salud es tener acceso a una educación de excelencia. Salud es tener seguridad alimentaria. ¡Queremos esa justicia ya!”, soltó María Villegas, portavoz de Taller Salud, quien llamó a imaginar y luchar por una sociedad sin discrimen y con acceso a los derechos humanos.

Justicia laboral y climática

Luego, se unieron las ecofeministas para demandar justicia climática. Denunciaron que las mujeres y personas desplazadas son las más afectadas por el cambio climático y las deudas ecológicas que resultan del colonialismo. Exigieron accesibilidad a los servicios de energía renovable, los derechos colectivos de la tierra y la descontaminación de los cuerpos de agua. 

“Obreras unidas, jamás serán vencidas”, corea el mar púrpura a su llegada al edificio de FOMENTO, donde se encontraba el Junte de Mujeres Sindicalistas, que reúne a trabajadoras de múltiples sindicatos puertorriqueños.

Partes de sus reclamos para la justicia laboral incluyen igualdad de paga por igual de trabajo, retiro digno y una reforma laboral feminista con espacios para reuniones sindicales y licencias para que las mujeres puedan atender sus necesidades particulares. 

Además, exigieron que se reconozca el trabajo no remunerado, como el cuidado de niños y las labores domésticas, que son socialmente asignadas a las mujeres. Y que se elimine cualquier expresión de violencia en los espacios laborales, que van desde la invisibilización hasta el hostigamiento sexual.

“Por parte de las mujeres no organizadas, exigimos lo siguiente: que se elimine el subsalario de las personas que trabajan a base de propinas”, dijo la portavoz de las trabajadoras, Shelimar Velázquez entre aplausos. 

Gran deuda con las mujeres del país

Entre estampa y estampa, las consignas de feministas de todas las generaciones eran imparables, como la lucha por la equidad. El volumen de sus voces no mermaba, tampoco lo hacía la solidaridad y camaradería entre las mujeres que allí se reunían. 

La cuarta estampa exigió justicia para las personas con diversidad funcional. Ada Toro Rivera, del caucus de mujeres del Movimiento Socialista de Trabajadorxs, tomó su espacio y, antes de comenzar con sus reclamos, explicó a las personas ciegas, como ella, lo que estaba sucediendo. Asimismo, la acompañó un intérprete para que el mensaje fuera accesible a las personas sordas. 

“Es momento ya de que este Estado comprenda que los acomodos razonables en el área laboral no son privilegios y, en el área educativa tampoco; son derechos. Es lo que, en justicia, merecemos”, señaló Toro Rivera, quien informó que las mujeres con diversidad funcional tienen una representación laboral de un 20%, en comparación con los hombres, que tienen un 52%. 

En defensa del derecho al aborto y educación con perspectiva de género

La quinta estampa recibía al mar púrpura con un enorme gancho, que simbolizaba los abortos inseguros. La ginecóloga Yarí Vale Moreno, miembra de Aborto Libre Puerto Rico, exigió accesibilidad al servicio de la terminación voluntaria del embarazo y a velar por su legalidad, que está bajo acecho en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos y en la legislatura local.

La última estampa y reclamo por la justicia feminista fue el acceso a una educación con perspectiva de género, que es consistentemente obstaculizada por los grupos antiderechos. Dos niñas feministas, Miranda e Isadora, ofrecieron un mensaje de por qué es necesaria una educación que reconozca la diversidad e inclusión.

Encaminadas hacia al punto final del encuentro, las feministas se encontraron con policías que utilizaban mascarillas púrpuras y una banda que leía “somos iguales”. 

“¿Dónde estaban cuando nos mataban? ¿Dónde estaban cuando nos violaban?”, les respondió la marea púrpura ante un gesto que se interpretó como hipócrita de parte de una fuerza policiaca señalada por su mal manejo de casos de violencia machista. 

Tal demostración del poder patriarcal no contuvo la energía de las feministas cuando se acercaron a las oficinas de la Junta de Control Fiscal, ente que ha impuesto medidas de austeridad que afectan mayormente a las personas desplazadas y a los cuerpos feminizados. 

“Tati Fernós, presente”, consignaban a su llegada a la Milla de Oro, a la vez que reconocían la labor por la equidad y aportaciones de María Dolores Fernós López-Cepero, la abogada, profesora y defensora de los derechos humanos, quien fue la primera procuradora de las mujeres,  y a quien dedicaron la marcha. 

Allí, las esperaban Les Barrileras del 8 de marzo, un colectivo de bomberas que lucha a través de la música, el baile y el performance. Un gran círculo de mujeres que exigen equidad, recibieron el bálsamo del arte combativo que asentaba toda la ira que se acumulaba en las diversas estampas y reclamos de la marcha.

Sonaba su interpretación de Canción sin miedo y la reflexión era palpable. Así, recordaron a las víctimas de feminicidios del 2021 y lo que va del 2022. Son demasiadas. Solo leer sus nombres tomó 10 minutos.

La actividad conmemorativa concluyó con la pasarela inclusiva y combativa para que personas de todos las identidades se jayaran. Mujeres cis y trans, personas de las comunidades de LGBTTQIAP+ y una madre acompañada por su bebé se unieron en un espacio seguro frente a las oficinas de un ente que, paradójicamente, representa tanta inseguridad para las, los y les puertorriqueñes. 

Entretanto, tres niñas miraban al cielo, como al futuro que ellas representan. Las feministas de una nueva generación iban acompañadas de sus madres y combinadas en el violeta de lucha. Jugaban y se divertían en la calle mientras una sostenía una bandera de orgullo como quien sostiene la promesa de un porvenir de equidad.

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Valeria María Torres Nieves
Escrito por Valeria María Torres Nieves
Periodista de Yauco, Puerto Rico. Egresada de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras con un bachillerato en Información y Periodismo. Le interesan temas de género, historia, política, cultura, raza y educación.