Toman su espacio en las redes las denuncias de acoso callejero

Acoso callejero

(Ilustración de La M de Mónica) 

Comentarios sexuales, gritos con frases obscenas y acercamientos corporales no deseados son algunas de las experiencias que las mujeres enfrentan a diario con el acoso callejero.

Está tan normalizado que cuando Aliana Bigio Alcoba, creadora del espacio Con(Sentimientos), y la ilustradora Mónica López López, administradora de la página La M de Mónica, se apropiaron de las redes sociales para denunciar este tipo de violencia, su activismo virtual significó una irrupción, pero también la representación de lo que muchas sentían y no tenían cómo identificarlo y cómo hacer sentir su molestia. 

Al no existir un marco legal contra el acoso callejero, las fundadoras de los proyectos decidieron reconocer sus experiencias en plataformas digitales para concienciar sobre esta problemática social.  

“Poco a poco hemos identificado las redes como ese espacio en el que podemos recurrir cuando todo lo demás falla. Siempre nos han dicho que vayamos por los medios tradicionales, que hagamos la querella, que denunciemos, pero hay muchas violencias que sufrimos las mujeres que para el Estado no son apremiantes”, aseguró Bigio Alcoba, quien dirige la iniciativa feminista junto a Jomayra Pimentel

A raíz de sus experiencias en la calle con hombres que han hecho comentarios lascivos sobre su cuerpo y que la han perseguido, la estudiante de Derecho entendió la importancia de contar sus historias en las redes sociales para ayudar a mujeres violentadas con vivencias similares.

 

 
 
 
 
 
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“Esto no es algo aislado. Es algo que nos pasa a todas las mujeres y, en todas nuestras diversidades, cuando nos movemos en espacios públicos. […] A veces, pensamos que mi experiencia es única, que fue por cómo yo me vestí o fue por donde yo andaba, pero no”, sostuvo Bigio Alcoba tras insistir en que la violencia alcanza a las mujeres, sin importar la vestimenta o el lugar. 

Añadió, además, que los espacios seguros de conversación, como la página que gestiona, permiten que quienes la han sufrido liberen un sentimiento de culpa y, en cambio, se les responsabilice a los agresores. 

“[En la iniciativa] nos enfocamos más en cómo nosotras nos empoderamos sintiéndonos que eso es culpa de él [el agresor], que es el que tiene la injerencia de violentar, y es el que tiene que hacer el trabajo [personal]. Yo voy a seguir caminando segura y empoderada por la vida porque tengo el derecho de hacerlo”, dijo. 

Para la egresada de Ciencias Políticas de la Universidad de Puerto Rico, el proyecto que formalizó en las redes sociales fortaleció su espíritu al permitirle conectar con mujeres que cuestionan la violencia machista.

“Ha sido bien sanador ver cómo las personas han podido encontrar un espacio seguro en donde pueden contar sus historias sin ser juzgadas y donde se les valida su dolor”, indicó Bigio Alcoba.

Espacio de comprensión y solidaridad

Por su parte, López López emprendió su proyecto con el propósito de crear una comunidad para concienciar sobre las violencias normalizadas.

 
 
 
 
 
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A través de ilustraciones, la artista utiliza el humor para cuestionar experiencias machistas, como el acoso callejero, que también ha experimentado. Cuando comenzó a recibir mensajes de mujeres con vivencias parecidas, López López entendió el poder del arte para coincidir con otras jóvenes. 

“Cuando una interactúa con otras mujeres […], vemos que pasamos por cosas similares, que no deberían de pasar porque son violencia, una empieza a despertar y entender de dónde viene el coraje”, afirmó.

López López comprendió, con el tiempo, que desde niña fue acosada en la calle. De pronto, encontró un espacio en las redes sociales para liberar el enojo y los sentimientos suprimidos que le provocaron la violencia que recibió.

“En las redes sociales, se encuentra esa comunidad, esa sensación de ‘yo no estoy loca. Hay otras mujeres que se sienten así’”, explicó la ilustradora. 

Puntualizó que, desde su plataforma, aprendió a razonar, junto a otras mujeres, la violencia callejera que desde pequeña normalizó para sobrevivir. 

Entender al acoso callejero como violencia

La intercesora legal con casos de violencia de género Marielys Burgos Meléndez explicó que el acoso callejero se debe comprender dentro de las estructuras de poder que benefician a los hombres. 

“Es una forma de violencia y es una forma de transgresión ya sea verbal, física o de intimidación”, aseguró.

Desde su experiencia laboral, Burgos Meléndez resaltó que, en Puerto Rico, no hay legislación contra el acoso callejero. Asimismo, aseguró que es difícil proveer recursos legales a víctimas de este tipo de violencia.

“No está necesariamente articulado y no hay necesariamente un amparo, porque la ley de acoso, hasta donde la conozco, tiene que haber repetidas circunstancias para tú poder intervenir con alguien que te está acosando. Tiene que haber, mínimo, tres situaciones”, abundó la mediadora. 

La falta de logística y de un entendimiento del fenómeno en Puerto Rico impiden que exista un mecanismo de defensa legal a favor de las víctimas, según Burgos Meléndez.

“Hay muchas cosas que se pueden hacer a nivel de prevención, a nivel estatal, que no se están haciendo”, aseveró al asegurar que hacen falta logísticas de enseñanza masiva.

Para la intermediaria, es necesario el compromiso de figuras públicas para crear legislaciones viables, dentro de un contexto estudiado del acoso callejero en la isla.

“Hay que estudiar el fenómeno y hay que poder escuchar las historias, poder entender el contexto de la historia. Es posible, es un trabajo que se tiene que hacer en conjunto”, afirmó tras enfatizar en la importancia de una educación extensiva del tema al público general como parte de la solución.

Burgos Meléndez recalcó, además, en percibir el acoso callejero como una transgresión al bienestar de la víctima para enmarcarlo legalmente.

“La violencia toca a los cuerpos. Aunque sea una palabra, aunque sea una presencia intimidante, la violencia toca profundamente la salud […] y eso se siente en la cuerpa”, concluyó.

Lee aquí: La cotidianidad secuestrada

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