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El cuidado: una labor idealizada

Maricarmen Marín Santiago

“Se cuida porque se ama”, “cuidar a tus viejos es lo más gratificante” y “cuidar es la labor más bonita del mundo”: estas son frases que las mujeres que dedican su tiempo al cuidado de familiares suelen escuchar. Están implícitas y normalizadas en nuestra estructura social.

Aunque si bien estas afirmaciones pueden ser ciertas para algunas personas, el cuidado de familiares, crías o cualquier otra persona sigue siendo trabajo, la mayoría de las veces, no remunerado y, por tanto, acompañado de retos significativos. 

Según lo define la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el trabajo no remunerado es el tiempo que se invierte en las labores domésticas diarias, las compras de víveres necesarios para el hogar, el cuidado de la infancia, de los adultos mayores y de otros miembros de la familia o ajenos a la misma, además de otras actividades no remuneradas relacionadas con el mantenimiento del hogar. 

Usualmente, este tipo de tareas se le impone a las mujeres. Conforme con un informe de Oxfam, el valor anual del trabajo no remunerado de las mujeres en el mundo es de $10.9 billones. Sí, billones, en español, o $10,800,000,000,000.

“Según las estadísticas del Censo de los Estados Unidos, un 34% de las mujeres participan de labores remuneradas, mientras que un 61% forman parte de la fuerza laboral no remunerada”, puntualizó la economista Martha Quiñones Domínguez. 

Maricarmen Marín Santiago es una de estas mujeres y, como suele ocurrir, fue un rol que asumió gradualmente y casi sin darse cuenta. 

Primero, con su abuela materna, cuando comenzó a percatarse de que tenía necesidades específicas que ya no podía cumplir sola, hacer la compra de alimentos y realizar sus pagos mensuales de agua y luz. 

Poco a poco, la salud de su abuela empeoró y Maricarmen se hizo cargo desde 1995 hasta 1999, el año en que falleció. 

En el mismo año que comenzó a cuidar a su abuela, se le sumó el cuidado de su madre, quien tenía un marco de salud frágil.

Inmediatamente, tras la muerte de su mamá en el 2010, se ocupó de su padre de 83 años, a quien sigue cuidando hasta el día de hoy. Maricarmen tiene 62 años.

Los múltiples roles

“Las mujeres dedican más del triple del tiempo que los hombres a las labores de cuidado y, usualmente, tienen que mantener otro trabajo para subsistir económicamente”, mencionó la abogada Yanira Reyes Gil en el contexto del coloquio organizado por la entidad sin fines de lucro Proyecto Matria con el fin de informar sobre distintos temas relacionados con el desarrollo económico de las mujeres. 

En el caso de Maricarmen, mientras cuidaba a su abuela, en 1997, también trabajaba en el Capitolio, como coordinadora de servicios del entonces presidente del senado, Charlie Rodríguez. 

Además, era responsable de sus tres hijos. 

Luego, cuando cuidaba a su madre, también se empleaba como esteticista en un spa. Ahora, aunque sus hijos son adultos y ya no mantiene un empleo por las lesiones físicas que ha sufrido, Maricarmen aún cumple con más de un rol. 

“Tengo mi casa, porque si yo no limpio mi casa, no creo un ambiente limpio y yo también me puedo enfermar. También, tengo la casa de mi papá, donde vive solito y, por sus condiciones, hay que limpiar constantemente. Una semana que no limpie, tengo serios problemas. Hay que darle un baño, cambiarle las sábanas de cama, limpiar su cocina y mantener su piso limpio, porque a él le dieron cuatro bacterias antes de que empezara a cuidarlo”, precisó Maricarmen en entrevista con Todas.  

Con el paso del tiempo, Maricarmen expresó que estas cargas han tenido un efecto marcado en su salud física y mental. 

Durante el periodo de tiempo en el que cuidaba a su madre, Maricarmen sufrió una caída mientras hacía la rutina de cuido diaria. Desde entonces, ha tenido problemas constantes de espalda. 

“Hay días que no me puedo levantar”, contó Maricarmen. 

En esos días, toma medicamentos que tiene que costear ella misma, ya que su seguro médico no los cubre. 

“Acumulo mucha fuerza de voluntad. También, me ayuda lo organizada que estoy”, elaboró.  

Como sabe que algunos días se levanta con dolores agudos que no le permiten una movilidad adecuada, siempre intenta dejar comida preparada para que su padre pueda calentarla en el microondas sin su ayuda. `

Las cargas emocionales son un poco más difíciles de sobrellevar, pues, en su caso, son más impredecibles. Para mantener un mejor estado mental, Maricarmen ha requerido el apoyo de una psicóloga. 

“Realmente, fue mi psicóloga la que me ayudó”, dijo. 

El ocio, autocuidado y bienestar es un privilegio 

“Las mujeres dedican más del triple tiempo que los hombres a los trabajos de cuidado. En promedio, las mujeres dedican 4:37 horas diarias al cuidado”, informó Reyes Gil. 

Luego de cumplir con esos deberes, no resta mucho tiempo para el recreo. 

Las actividades para el disfrute propio, en realidad, no eran algo que Maricarmen pensaba mucho, pues con sus responsabilidades diarias le resultaba casi imposible. El tiempo no daba para esos asuntos. No obstante, recientemente tuvo que admitir que le hacía falta. 

“Yo creo que lo más difícil es reconocer que necesitas ese tiempo para ti”, expresó. 

“Nunca fui una persona de establecer eso en mi vida. Era el último número porque yo siempre fui mamá primero y siempre me dediqué a cuidar a mis hijos y a echarlos hacia adelante”, añadió. 

Al presente, Maricarmen se entretiene y se autocuida decorando y reorganizando su hogar, saliendo por un café e involucrándose en actividades en su comunidad. 

Preocupaciones que persisten 

Para Maricarmen, los problemas en la espalda han persistido con el paso de los años, por lo que, en la actualidad, ha estado llevando a cabo el proceso para obtener beneficios por incapacidad. Aún está a la espera de recibir las ayudas pertinentes. 

Además, el dinero es una preocupación constante.  

“Antes, semanalmente, yo le compraba frutas a mi papá con $30, porque estaba operado del intestino. Ahora, pago casi $50 semanales porque su dieta lo requiere”, especificó. 

Asimismo, le inquieta el hecho de que está envejeciendo. Maricarmen tiene 62 años y no quiere que, eventualmente, cuando alguien tenga que velar por ella, esa persona enfrente los mismos problemas con los que ella vive ahora. También, teme por el cuido de su padre en caso de que a ella le pase algo. 

“Pienso ‘Dios mío, si me pasa algo, ¿quién lo va a cuidar?’”, sostuvo. 

Además, reconoció la importancia del cuidado psicológico para las personas en situaciones como la de ella y comentó que se debería trabajar para que estos servicios sean más accesibles y menos estigmatizados. 

“Necesitamos terapia emocional para poder seguir, porque, a veces, me levanto y digo ‘no puedo con esto ya’, ‘no puedo más’ y le pido perdón a Dios. Me tomo mi medicamento y me levanto y me voy porque nadie lo va a hacer por mí”, contó. 

Lee también: Darle valor al trabajo de cuidados representa una vida digna para miles de mujeres

Y si se organiza un paro de personas que cuidan… 

“El cuidado es transversal, aplica a todo el ciclo de vida y atraviesa el ámbito público y privado. Todas las personas necesitamos cuidados para vivir, sin embargo, los cuidados han estado históricamente a cargo de las mujeres”, leía una de las diapositivas presentadas en el panel integrado por Yanira Reyes Gil, Martha Quiñones Domínguez y la directora ejecutiva de Proyecto Matria, Amárilis Pagán Jiménez

En algún momento durante el conversatorio de Proyecto Matria, se trajo el imaginario de un paro de personas cuidadoras. “Se paralizaría todo”, dijo la licenciada Pagán Jimenez. 

En efecto, sería un acto de lucha que frenaría las ruedas que hacen correr al país. La historia lo prueba, pues el 24 de octubre de 1975, en Islandia, ocurrió exactamente esto. El 90% de las mujeres islandesas se rehusaron a cocinar, limpiar o cuidar a la infancia durante un día. La nación entera se paralizó y hoy en día la fecha se recuerda como “el viernes largo”. 

Al preguntarle a Maricarmen sobre la posibilidad de un paro similar en Puerto Rico, su cara se iluminó. 

“Yo no lo veo como algo fantasioso. Yo lo veo como algo que se tiene que hacer”, comentó. 

“¿Tú te imaginas un grupo de mujeres allí con nuestros viejitos con sus bastones y sus sillas de ruedas?”, añadió con una sonrisa inmensa. 

Definitivamente, es una imagen que se quedaría en las mentes de muchas personas y que podría visibilizar la cantidad de personas en la fuerza laboral no remunerada. 

“Ahí voy a estar. Yo soy la primera”, concluyó.

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