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¿Por qué las mujeres liberadas siempre son las amantes o las villanas?

POST WALT DISNEY - Sola me gusto - Todas

(Ilustración por Nazareth Dos Santos)

(Texto por Larissa Pagán)

La revolución sexual explotó en los años sesenta, a la par con la revuelta feminista. Se llenaban las calles y los medios de grandes protestas masivas, exigiendo una nueva mirada hacia el sexo, en la que pudiéramos sentirnos libres para explorar nuestra sexualidad, orientaciones sexuales y cuerpos. Se aprobó el uso de la píldora anticonceptiva, comenzó la lucha para normalizar los vibradores y el placer, surgieron talleres alternativos para el autodescubrimiento, llegó la pornografía “moderna” (que es la que conocemos hoy en día), y se reconoció el derecho al aborto en algunos países, entre muchos otros avances más. Sin duda, estos sucesos marcaron un antes y un después en nuestra sociedad, al iniciarse un camino con una actitud más abierta, sana y diversa hacia la sexualidad.

Entonces… ¿por qué hoy aún no nos sentimos liberadas?

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La realidad es que la cultura se alimenta de los medios de comunicación, tradiciones y mitos en los que la mayoría de las historias y vivencias son creadas y contadas por hombres cisheterosexuales, invisibilizando por completo el goce de las mujeres y castigando la libre elección de nuestra sexualidad. Así, nos cortan las alas del autoconocimiento y anulan nuestro deseo para enfocarnos en complacer plenamente a otra persona (que, sorpresa, por norma, es un hombre cis).

En estas narrativas populares, vemos una y otra vez cómo las mujeres liberadas sexualmente tienen el rol de amantes y casi nunca el de protagonistas. De ser el personaje principal de la historia, la probabilidad de que termine como la solterona es muy alta, y, mayormente, estas mujeres se nos presentan como seres incompletos, villanas locas que aspiraron a mucho, pero perdieron su rumbo. Porque las mujeres podemos ser soñadoras, pero sin abandonar nuestro propósito: ser buenas, madres y cuidadoras. Nos culpabilizan por perseguir nuestros deseos, y, lo peor de todo, es que este discurso cuela tan minuciosamente en la sociedad, que no nos damos cuenta y llegamos a despreciar a estas mujeres villanas, con lo que, al mismo tiempo, nos despreciamos a nosotras mismas.

¿Analizamos juntas algunas algunas películas? ¡Alerta! Porque a continuación vienen varios spoilers…

Estas características ya se pueden ver desde películas clásicas como Gone with the Wind. La que la protagonista es una mujer determinada, luchadora y soñadora que siempre supo lo que quería, y, por ello, al final, termina sola, como una forma de derrota por no cumplir con lo que la sociedad patriarcal le exige por ser mujer. Sin embargo, el hombre, “Rhett”, se lleva el crédito de buen padre, proveedor y las lástimas de todo el mundo por estar con una mujer como “Scarlett”.

Otro buen ejemplo es la película The Scarlett Letter, basada en una novela escrita en el año 1850. A la protagonista, se le condena por adulterio. Como castigo, debe llevar siempre una letra A (de adúltera) en su ropa, marcada para siempre y así ser reconocida y repudiada por el pueblo. Un acto humillante con el que se la castiga por perseguir su goce, recordando a la sociedad, que una mujer que folla por placer es una pecadora.

Estas historias se llevan repitiendo por décadas, hasta en películas más actuales como The Sleeping Beauty. “Maléfica”, una de las villanas más antiguas de Disney, no pudo contar su versión de la historia hasta el 2014, año en el que Angelina Jolie protagonizó Maleficent.  Esta versión nos ofrece la historia de una mujer que, aunque por años se nos presentó como una villana, solitaria, fracasada y malvada, en realidad es una gran mujer, libre y empoderada, que fue traicionada por el hombre que amaba. Simbólica y literalmente, este le corta las alas con el fin de conseguir poder, riqueza y reconocimiento a su costa. Así, se vuelve a castigar a la mujer por perseguir su deseo, su goce y su autonomía.

Al sistema patriarcal le jode que sepamos lo que queremos, porque eso significa que ya no nos puede controlar. Porque cuando descubrimos que somos las divas de nuestra vida, que tenemos derecho a pedir, soñar y desear…¡no hay vuelta atrás! Por el momento, lo que nos queda es estar atentas de lo que consumimos con el fin de construir nuevas historias, en las que las mujeres libres y la sexualidad femenina seamos las protagonistas.

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