Rosselló vs Anuel AA: una respuesta en contexto

Imagen de protesta por renuncia de Ricardo Rosselló (Mari Blanca Robles)

(Foto de Mari Blanca Robles)

Esta columna es una respuesta al comentario: “El gobernador le dijo puta y se prendieron. ¡Ah!, pero Anuel se los dice y lo aman”.

No es solo la deshumanización, la misoginia, el desprecio, la violencia machista discursiva, y el uso de una palabra a la que el sistema de hegemonía patriarcal le da una connotación con el fin de degradar, humillar, insultar y mantener oprimida a la mujer; sino que se trata de un funcionario con un llamado constitucional y responsabilidad con un pueblo entero quien menospreció a una clase oprimida, violentada y marginada.

Anuel no es un gobernante que decide por tu futuro, toma decisiones que determinan si vas a tener recursos educativos, tu economía, tu acceso a una vivienda, un trabajo o acceso a servicios médicos. Anuel es un producto de un sistema corrupto, que hace lo que puede con lo poco que tiene. Anuel es un ejemplo de la perpetuación de la sexualización de la mujer, producto de falta de sensibilidad… que solo es el lamentable resultado de una cultura que, por muchos años, ha escalonado a un rol menor y estereotipado, coartado, reducido y oprimido a sectores marginados. Es producto de un sistema de educación, donde la equidad, el respeto y los derechos humanos no son pilares ni centrales, ni mucho menos fundamentales para el desarrollo de la autonomía y el desenvolvimiento personal individual. Anuel es un producto de la falta de una identidad colectiva que promueva la inclusión y diversidad. Es el crudo resultado de macharranes como los que se expresaron en el famoso chat, que toman sus responsabilidades y obligaciones (éticas, morales y llamados democráticos por un pueblo que el sistema ha mantenido ciego-sordo-y-mudo) a tono de chiste y con una frivolidad e indiferencia humana sumamente reprochable.

El problema de esta terrible crisis por la que está pasando nuestro país es que se normaliza una conducta indignante, sexista, racista, elitista, maltratante, homofóbica, repugnante y ajena al respeto que merece la disidencia. Pero, sobre todo, es que le han dado mucho más peso a la utilización de la palabra “puta” que al uso de un recurso de conversación, el famoso e inflamatorio chat de Telegram, para hacer política pública, tomar decisiones gubernamentales con personas ajenas a la institución política y sin prerrogativa de dar consejos u opiniones, para manipular el discurso mediático, para adelantar agendas políticas frívolas y personales, para intercambiar documentos no autorizados, muy lejos de favorecer y adelantar los intereses del pueblo. Asimismo, más allá de que fomentaban caerle encima a “esa puta”, o sacar de camino, o coger de pendejos a los suyos, se burlaron de un pueblo que fue víctima de un terrible desastre natural, un pueblo que estaba pasando necesidades y dolor. Atropellaron al pueblo puertorriqueño. Nos mintieron, fallaron, aplastaron, sometieron, vendieron y pisotearon.

El problema es que le dan más peso a una palabra con una connotación que el patriarcado decide usar para minimizar a las mujeres y se prestan a hacer memes y chistes, al igual que a defender la postura de un gobernante indigno e inmerecido, que falló a todos los deberes constitucionales, fiduciarios, patriotas, humanos, morales y éticos.

Por otro lado, no se quejan cuando Anuel dice “puta”, porque, otra vez, cuando él lo dice, se asume que es porque la mujer se disfruta su cuerpo y sexualidad, y en un mundo donde impera el machismo, eso es intolerante. Mientras que cuando el gobernador utilizó la palabra, lo hizo porque una mujer tuvo la osadía de pensar diferente y ser disidente al igual que llevarle la contraria, y eso, también es intolerable.

En fin, hay que crear conciencia porque nosotras, las mujeres libres, pensantes, revolucionarias, que luchamos por la justicia, el respeto y la dignidad, nosotras las “putas”, no estamos prendías porque usaron una palabra tratando de minar nuestra autoestima, humillarnos y mofarse. Estamos indignadas por la corrupción, el fraude, la repugnancia de lo que acontecía en esos intercambios, la falta de respeto y el robo a nuestro Puerto Rico.

Por eso, estamos prendías, como dices. Bueno por todo eso, y porque estamos indignadas y cansadas de que siguen tratando de minimizarnos y minimizar nuestra lucha por el uso de una palabra, de la cual hace mucho nos apoderamos, reconstruimos y transformamos su significado.

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