Ilustre María Dolores Fernós siempre presente

María Dolores Fernós

Hablar de los derechos de las mujeres en Puerto Rico sería imposible sin mencionar la figura de la abogada feminista María Dolores “Tati” Fernós López-Cepero, activista y lideresa, quien fue vital en la lucha a favor de la equidad y la justicia para las mujeres en el país.

La historia estaría incompleta sin destacar las múltiples aportaciones que hizo quien fue la primera procuradora de las Mujeres, y fundadora y activista de la Organización Puertorriqueña de la Mujer Trabajadora (OPMT), quien falleció este martes, tras enfrentar un diagnóstico de cáncer. Tenía 75 años.

Fernós López-Cepero fue una de las feministas puertorriqueñas que abogó y luchó por la creación de la Ley 54 para la Prevención e Intervención con la Violencia Doméstica, la cual fue aprobada en 1989, y sirvió de modelo para otros países. Previo a esto, en 1988, también fue figura vital para la aprobación de la Ley 17 contra el Hostigamiento Sexual en el Empleo. 

De igual forma, dio la batalla hasta que se aprobó la Ley 20, que creó la Oficina de la Procuradora de las Mujeres, la cual dirigió –por consenso de todas las organizaciones que defienden los derechos de las mujeres– desde el 2001 al 2007. En dicho periodo, desarrolló salas especializadas en los tribunales para atender a las sobrevivientes de violencia de género, implementó protocolos para que las autoridades pudieran atender de forma efectiva los casos, creó un programa de vivienda transitoria y abogó por programas de desarrollo económico para las mujeres, respaldando la creación de Proyecto Matria.

“Sentó una pauta que fue importante porque todas las organizaciones (feministas) siempre habíamos buscado unos puntos de consenso para tener participación solidaria y, a través de la Oficina de la Procuradora, tuvimos la oportunidad de que nuestras posiciones sobre política pública y sobre legislación caminaran un poco más”, recordó la abogada feminista Josefina Pantoja Oquendo, quien fue amiga y colega de Tati Fernós.

La también coordinadora de la OPMT destacó que Fernós asumió con valentía su proceso de confirmación como procuradora en el Senado, el cual no estuvo exento de duras críticas por su ideología política y feminista. También, mantuvo el temple cuando, en junio de 2002, un grupo de militantes del Partido Nuevo Progresista de Puerto Rico (PNP), liderados por el entonces excandidato a la gobernación por esa colectividad Carlos Pesquera, irrumpió con violencia en la Oficina de la Procuradora de las Mujeres para colocar una bandera de Estados Unidos al lado de la de Puerto Rico. 

Ese suceso –cargado de una gran violencia simbólica– no desenfocó a Tati Fernós de su misión de trabajar por la erradicación de la violencia, los derechos y la equidad de las mujeres.

“Creo que esa manifestación de valentía durante el tiempo que estuvo ahí y, posteriormente, con iniciativas que tuvo para apoyar la creación de otras organizaciones que han sido fundamentales, como el Observatorio de Equidad de Género, como la Fundación Puertorriqueña de Mujeres, el Proyecto 85, todo eso, es un ejemplo que muestra el gran legado que deja en su trayectoria de vida”, agregó Pantoja Oquendo. 

Autora de múltiples artículos sobre temas legales, constitucionales sociales y de género, así como merecedora de la prestigiosa Medalla Nilita Vientós Gastón, María Dolores “Tati” Fernós también deja una huella indeleble entre sus estudiantes. Por más de 20 años, fue profesora en la Facultad de Derecho de la Universidad de Interamericana de Puerto Rico, institución que, en junio del año pasado, le otorgó la máxima distinción universitaria como profesora emérita. En este espacio universitario, cofundó el Instituto de Estudios sobre Mujeres, Género y Derecho (Inter-Mujeres Puerto Rico).

Lee aquí: El mensaje que María Dolores Fernós compartió al recibir distinción de profesora emérita

Al recibir tan importante reconocimiento, Fernós dijo que en su vida lo único que hizo fue luchar por lo que le exigía su conciencia. “Aquí, no puedo hablar de forma alguna de sacrificios personales sino, por el contrario, de grandes oportunidades de crecimiento, de valiosas lecciones recibidas, y, sobre todo, de la inmensa satisfacción que provoca el deber cumplido. Todo ello junto a valiosísimos compañeros y compañeras, que han caminado junto a mí o yo junto a ellos, en esa búsqueda, a fuerza de no rendirnos, de una sociedad menos desigual”, expresó para luego hacer un llamado a los nuevos abogados y abogadas del país a “influir en la elaboración de diseñados hacia la construcción de una sociedad más equitativa”.

“Tres flagelos destaco que necesitan ese apoyo: la marginación por razón de raza, la violencia por razón de género y la exclusión perpetua de quienes nacen y parecen condenados a no salir de la miseria, de la inhumana pobreza… Tengan la voluntad y, sobre todo, el corazón para alcanzar el país que mi generación quiso alcanzar y no pudo. No callen, no acepten realidades que no les parezcan justas aunque no les afecten a ustedes directamente. Al fin del camino, nos afectan a todo el país en mayor o menor grado”, aconsejó con la sabiduría alcanzada a través de años de lucha y compromiso con su patria.

“La vida es lucha toda” 

En la década del setenta, todavía muchas de las leyes vigentes en Puerto Rico consideraban a las mujeres como ciudadanas de segunda categoría, como recuerdan Ana Irma Rivera Lassén y Elizabeth Crespo Kebler en Documentos del feminismo en Puerto Rico: Facsímiles de la historia volumen 1 (1970-1979). Gracias a un grupo de mujeres valientes, entre ellas la licenciada Tati Fernós, se pudo lograr –con diferencias y acuerdos–un frente común para combatir la inequidad y las injusticias contra las mujeres, que lo mínimo que exigían era un trato digno en la sociedad.

Para ese entonces, el sistema legal trataba a las mujeres casadas como menores de edad. Estaban obligadas a llevar el apellido de sus maridos, no tenían derecho a la patria potestad ni a la custodia de sus hijos. Por otro lado, apenas existían leyes laborales que protegieran a las obreras, mucho menos licencia de maternidad, derecho al aborto y nada con relación a la violencia de género. El máximo derecho era estudiar y votar, lo que se logró en Puerto Rico, en 1929, para las mujeres alfabetizadas y se extendió para todas las mujeres en 1936, gracias a la lucha de las sufragistas, obreras y otras mujeres que formaron parte de la primera ola feminista del país.

A pesar de estos logros y la entrada de la mujer en el escenario político en esa primera mitad del siglo 20, la desigualdad hacia las mujeres boricuas continuó, como bien señala la periodista feminista Norma Valle Ferrer en el cuaderno Las mujeres en Puerto Rico (2006), publicado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña. 

Como respuesta a todas esas inequidades, a finales de la década del 60 y principios del 70, surge un nuevo movimiento feminista en el país, cuyos reclamos eran cónsonos con los de miles de mujeres alrededor del mundo. Es cuando nace la Sociedad de Mujeres Periodistas de Puerto Rico –que trajo a Gloria Steinem a San Juan en 1971–, la organización feminista autónoma Mujer Intégrate Ahora (MIA) y la Federación de Mujeres Puertorriqueñas (FMP).

En ese entonces, Fernós López-Cepero ya despuntaba como una lideresa trabajando para Servicios Legales de Puerto Rico, donde por 20 años ofreció servicios a personas de escasos recursos económicos, sobre todo a mujeres, en temas relacionados con vivienda pública, donde sus casos sentaron precedente.

Años antes, Tati –como le llaman aun quienes no la conocían personalmente– sabía que quería dedicar su vida a combatir las desigualdades sociales y adelantar las causas de los grupos más vulnerables, haciéndoles frente a la pobreza, al racismo, y abogando por la equidad y justicia para las mujeres. 

Ese germen de lucha apareció en su vida cuando era una niña y jugaba con sus queridos hermanos, Antonio y Manolo, en la comunidad de Villa Palmeras, en Santurce, donde transcurrió su niñez, adolescencia y primeros años de adultez. 

Mientras ambos tenían la libertad de recorrer en bicicleta diversas y extensas rutas, a ella se le restringía a un espacio determinado. A ellos tampoco se les exigía que realizaran quehaceres del hogar, como a ella. Todo aquello le parecía sumamente injusto, y así se lo hizo saber a su madre, Rosalina López Cepero, y su padre, el doctor Antonio Fernós Insern, quien fue comisionado residente en Washington de 1946 a 1965. 

“Creo que ese fue mi primer choque con la diferencia y el trato discriminatorio”, narró la abogada y jurista en una entrevista con el periódico El Nuevo Día, publicada el 31 de enero del 2021. “Creo que a mí siempre me han molestado las injusticias; la pobreza me golpea, me ofende. Yo soy feminista por la misma razón que combato la injusticia de la pobreza, el colonialismo, y rechazo el racismo”, agregó en la misma historia firmada por la periodista Mildred Rivera Marrero.

Desde ese momento, la lucha por combatir las injusticias y desigualdades se convirtió en el norte de vida de esta férrea defensora de las mujeres. 

Cuando entró a la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico (UPR), Recinto de Río Piedras, en la década del sesenta, su mundo cambió. Se fortaleció su conciencia política y confirmó el alcance de las injusticias y desigualdades. Por tanto, una vez culminó su bachillerato, tomó la decisión de continuar estudios en derecho, pues entendía que era la mejor herramienta para combatir lo que tanto repudiaba. Pero, allí se encontró con las burlas de compañeros que apenas la atendían cuando trataba de argumentar sobre la falta de derecho contra las mujeres. Fue entonces que su conciencia feminista se afianzó y comprendió que había otra lucha que dar.

Obtuvo su Juris Doctor de la UPR en 1970, mismo año en que la estudiante Antonia Martínez Lagares fue asesinada por un miembro de la Fuerza de Choque de la Policía de Puerto Rico. Ese suceso nunca se le borró de la cabeza ni el corazón.

La efervescencia política y social de finales de la década del 60 y principios de los 70 avivaron aún más los deseos de lucha de la jurista, quien continuó estudios en la Universidad de Columbia, en Nueva York, donde culminó en un año una maestría en derecho. 

En 1972, regresó a Puerto Rico dispuesta a luchar contra las dictaduras en América Latina y la represión política en el país. Ingresó al Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) con la esperanza de comenzar a generar un cambio en la sociedad, pero, al poco tiempo, se percató de la resistencia que había en la izquierda del país para abordar los temas de las mujeres.

“El trato discriminatorio contra las mujeres era evidente. Me fui del PIP porque tuve esa y otras diferencias; y decido ingresar al Partido Socialista Puertorriqueño, pero allí me encontré lo mismo. Escribí una carta en Claridad, denunciando la falta de progreso de los temas de la mujer en la izquierda. Muchas mujeres se sintieron identificadas, pero no hubo cambios” , contó Fernós a la periodista Ana Teresa Toro en el libro Un cuerpo propio: 40 años de Taller Salud, publicado en el 2019.

Al igual que otras feministas de la época, Tati Fernós entendió que, para adelantar la libertad de las mujeres y alcanzar derechos fundamentales, había que construir un camino propio y crear un feminismo puertorriqueño, basado en las necesidades de las mujeres del país. 

Luego de formar parte de la Federación de Mujeres Puertorriqueñas, ayudó a fundar la Organización de la Mujer Puertorriqueña, en 1982, con el propósito defender los derechos de las trabajadoras puertorriqueñas y de la mujer en general. 

De ahí en adelante, continuó abriendo camino para las mujeres en diferentes frentes. Fue una de las fundadoras de la Unión Independiente de Empleados de Servicios Legales, donde abogó, entre otras cosas, por el derecho a la lactancia –mucho antes de que el gobierno lo legislara–, así como por la aplicación de la licencia de maternidad cuando hay adopciones y abortos. Estas cláusulas sirvieron de modelo a otras uniones e incluso al gobierno, como bien se destaca en un artículo reciente sobre la trayectoria de Fernós, publicado por Mujeres en marcha, revista de la OPMT.

A finales de 2019, convocó a líderes de organizaciones feministas para atender la indolencia de las autoridades gubernamentales, incluida la Oficina de la Procuradora de las Mujeres, en llevar diligentemente las cifras de víctimas de violencia de género. De este esfuerzo, nació en 2020, el Observatorio de Equidad de Género como un organismo alterno, no gubernamental, para llevar estadísticas y realizar investigaciones sobre la violencia de género en Puerto Rico. 

“No hay manera de que una sociedad pueda saber si está adelantando o retrocediendo en el tema que sea si no lleva estadísticas. Las estadísticas son las que te dicen si las estrategias que has establecido para combatir un problema, lo estás, en verdad, resolviendo o si está peor para que puedas diseñar otra estrategia”, dijo Fernós en una entrevista con Todas en noviembre de 2020.

María Dolores “Tati” Fernós fue una mujer comprometida, de espíritu inquebrantable, valiente, amante de la cultura, la literatura, la música navideña, pero sobre todo, de sus hijas Tania y Roxana Varela Fernós, y de su hijo menor Jorge Farinacci Fernós, así como de su nieto Bertín. De hablar firme, solidaria, compasiva, luchadora, no dudaba en repetir la frase de Juan Antonio Corretjer, “la vida es lucha toda”. Y así fue su vida, una lucha constante a favor de una sociedad más equitativa, donde las mujeres pudiéramos vivir en plena libertad.

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