Hilda

(Captura de la serie Hilda, de Netflix)

Crítica de televisión

Nací en 1989. Crecí viendo televisión abierta y repitiendo en mi VHS los clásicos de Disney, pero ninguna de esas historias se parece a la de Hilda.

Esta hermosa serie animada de origen británico-canadiense llegó a Netflix en septiembre de este año y está basada en la homónima novela gráfica del inglés Luke Pearson.

Lo que más me atrajo de esta caricatura es que su protagonista no necesita ningún superpoder para enfrentar la vida. Lo que hace especial a esta heroína es su implacable curiosidad y valentía.

Hilda rompe con los estereotipos que los medios de comunicación nos han mostrado por años sobre las mujeres. A diferencia de otros personajes femeninos, «Hilda» no tiene miedo a ensuciarse, correr, revelarse o levantar la voz ante las injusticias.

Para ella, a diferencia de otras series, el mundo no gira alrededor de ningún hombre, todas sus acciones son motivadas por su sentido de la indagación y búsqueda de la verdad, y a pesar de ser un personaje infantil, nunca cae en actitudes engreídas, al contrario, tiene un carácter sincero y vibrante.

La historia de esta pequeña de pelo azul y botas ugg, se desarrolla en una especie de bosque mágico, donde criaturas fantásticas y humanos coexisten con normalidad. Hilda es feliz viviendo en una cabañita rodeada de naturaleza con su madre y su mascota, un venado/zorro llamado «Twig», que la acompaña en todas sus aventuras.

Todo cambia cuando se ven obligadas a mudarse del bosque, a la gran ciudad, es ahí donde vemos cómo «Hilda» se enfrenta a desafíos muchos más complejos y reales, como hacer amigos o adaptarse a un nuevo lugar.

La serie presenta a una madre soltera que evita silenciar la curiosidad de su hija y la impulsa todo el tiempo e incentiva sus talentos, aunque a veces la metan en problemas.

Uno de los elementos más brillantes de la historia es la amistad de «Hilda» con «Frida» y «David», a pesar de que ambos personajes son tan diferentes a la protagonista, tienen una relación bastante leal, que muestra lo dulce y ácido de las relaciones entre amigos.

Hilda llega para replantear los conflictos de la juventud bajo una mirada audaz y poderosa, que si bien va dirigida a un público infantil, no minimiza la inteligencia de los niños con situaciones básicas y sin sentido.

Este cuento animado está lleno de metáforas sobre la vida, dejando de lado las lecciones moralinas para presentar experiencias que conectan con el lado humano y te llevan a otro tipo de reflexión.

Entre tantas ofertas de entretenimiento, Hilda es una bocanada de aire fresco y un mundo lleno de inspiración para las niñas y millennials que están cansadas de ver historias protagonizadas por mujeres débiles, que están esperando ser rescatadas y que viven sus más grandes aventuras a través de los ojos de alguien más.

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