De Ánjelamaría Dávila y “todas las cosas que se saben”

Anjelamaría Dávila

Las letras de Ánjelamaría Dávila llegaron a mi vida casi por accidente. Su poesía no se estudia fervientemente como la de otros poetas en clases de literatura. De lo que he escuchado y leído, era una mujer irreverente y directa. Como bien la describen en un podcast de Radio Universidad, Agenda de hoy: La poesía de Anjelamaría Dávila, la voz de Ánjelamaría es distinta porque elaboró una poesía radical y atrevida. Así también la describe la poeta Etnairis Rivera, quien señala que la poesía de Ánjelamaría era valiente e intensamente independentista para una época en que habían muchos tabúes y también -que todavía persisten- represiones.

Hace varios años, el Instituto de Cultura Puertorriqueña recuperó sus poemas en Anjelamaría Dávila: Cuadernos de poesía 19, poemario que reseño en esta nota.

Mientras releía el cuaderno pude identificar dos poemas que me parecen pertinentes para las realidades materiales y sociales que nos convocan en estos días. Por un lado, en “Ante tanta visión de historia” la voz poética nos revela su realidad emocional y se nombra:

“ante tanta visión de historia y prehistoria,

de mitos,

de verdades a medias -o a cuartas-

ante tanto soñarme, me vi,

la luz de dos palabras me descolgó la sombra;

animal triste”…  

El mundo es un invento y se describe para afirmar que:

…“lo de animal lo digo con ternura,

  y lo de triste lo digo con tristeza,

como debe de ser”…

De esta manera, nos recuerda la sensibilidad de lo humano y la importancia que tiene la tristeza en la descripción que es ángulo vital en el poema. Sin embargo, nombrarse como animal no surge en el vacío. Como bien ha dicho Katsi Yarí Rodríguez, Ánjelamaría se nombra como animal tomando conciencia de su negritud y de la deshumanización que el mundo ha hecho de los cuerpos negros. Esto me hace pensar en la descripción que su nieta Mariana Sofía hace sobre su abuela en el podcast cuando expresa que fue una persona malentendida. Regreso a Katsi Yarí: “Y para muchxs lo que escribes, lo que dices, lo que estudias, lo que enseñas no es conocimiento verdadero y están convencidos de que básicamente se trata de complejos” y que Ánjelamaría también estaba conciente de esa realidad. Más adelante, continúa comentando:

…”un animal que habla

para decirle a otro parecido su esperanza”…

La voz poética reconoce que hay muchos otros animales tristes y que no está sola. Es un animal

…“que sabe hablar a veces

y que quisiera ser

un mejor animal.

animal colectivo

que agarra de los otros la tristeza como un pan repartido,

que aprende a reír solo si otro ríe […]

soy un animal triste, esperanzado”…

La voz poética se reconoce rodeada de otros animales que comparten su tristeza y también su esperanza.

En este poema, Ánjelamaría nos recuerda que no estamos solos ni solas. Que el animal triste somos todxs juntxs apostando a esa esperanza que nos permite querer ser mejores animales. También apuesta a la ternura radical de las acciones colectivas. A entender que sin las demás personas no podemos construir otro mundo ni otra vida. Eso podemos apreciarlo en el otro poema “Cuando se ponen juntas”, pues regresa al animal como sujeto de la voz poética transformándolo en un plural poderoso:

“Cuando se ponen juntas

todas las cosas que se saben

yo sé

que somos animales

que detestamos apasionadamente la soledad

que para construirnos tenemos que juntarnos”…

La voz poética afirma la esencia gregaria de nuestra humanidad y la necesidad de reconocernos en lxs otrxs. Asimismo, alude a la lucha de clases cuando expresa:

…“Yo también sé

que buscamos caminos

para poder juntarnos

[…] para hacer el camino que queremos,

tan simple

como trabajar juntos sin que haya

un dueño del trabajo

que se alimente de toda la miseria”…

La voz poética alude a la explotación laboral impuesta por unos pocos que ostentan la mayoría de las riquezas. El alimento es la miseria de la clase trabajadora que no sabe como más sobrevivir ante tanta austeridad. A su vez, imagina lo que sería la vida sin las condiciones materiales del trabajo como lo conocemos. Se atreve a pensar un mundo sin desconfianzas en el que nosotras vivamos seguras cuando expresa:

…“Como cambiarlo todo con las manos

[…] para poder amar mirándonos los ojos

sin tener que por fuerza preguntarnos:

¿qué nos quitará este?

Así, como nos preguntamos tantas veces. Luego, la certeza regresa a la voz poética y se saben las cosas que se ponen juntas como bien expresa el título y en ese mundo imaginado:

…“nos quedará tiempo

para poder saber todas las cosas

que aún desconocemos”.

En ambos poemas, Ánjelamaría Dávila apuesta a la ternura y la esperanza radical del poder colectivo. También, se deshace del imaginario individual para darle paso a lo común como frente para pensar en otros mundos. Cuando digo común lo hago pensando en las circunstancias que nos atraviesan y que nos convocan. La violencia de género, de clase y de raza. La certeza de lo injusto. De ahí lo que mencionaran sobre lo atrevido de su poesía.

Como dije antes, sus poemas llegaron a mi vida casi por accidente. Ha sido el organizarme con mujeres y femmes negras lo que me ha acercado más a su poesía, no mis clases de literatura. Sus letras me atraviesan porque manifiestan que las cosas, “todas las cosas que se saben” pueden ser otra cosa, pueden convertirse en otra vida. Esto aun cuando todos los días el mundo nos declara la guerra.

En un país donde la austeridad es la orden del día, donde nos arrebatan la posibilidad de una vida digna, donde la misoginia, la homofobia y el racismo nos abacoran, donde nos arrebatan la oportunidad de una educación de calidad, de un sistema de salud robusto y donde se quieren quedar hasta con nuestras tierras, Ánjelamaría nos interpela y recuerda lo urgente: la organización y la apuesta por otro mundo. Hace dos meses, estuve en un espacio con varias personas donde Zoán Dávila y Shariana Ferrer, de la Colectiva Feminista en Construcción, nos repartieron unos animales pequeños de lego para que los armáramos. Nos leyeron el primer poema de Anjelamaría que reseño en esta nota. Animales tristes. Animal colectivo. El mundo arde afuera pero nosotras, todas, somos animales tristes, esperanzadas y juntas construyendo la otra vida posible. Esa donde sabremos todas esas cosas que desconocemos, pero que con esperanza radical, imaginamos.  

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Xiomara Torres Rivera
Escrito por Xiomara Torres Rivera
Hispanista, educadora y comunicadora de Hormigueros, Puerto Rico. Es activista colaboradora de la organización política, la Colectiva Feminista en Construcción. Es creadora del proyecto educativo Mi Escuelita (@miescuelitapr en Instagram) enfocado en promover la adquisición, el aprendizaje y la comprensión del español. Le interesan los temas de las maternidades, la educación con perspectiva de género, la raza y la clase.