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Las mujeres al frente del carnaval en República Dominicana

Carnaval

Fotos por Pedro Vargas

SANTO DOMINGO. – En República Dominicana, hay muchos carnavales: de fantasía, populares, en los que los barrios de clase trabajadora reclaman derechos al tiempo que muestran su cultura; y cimarrones, aquellos en los que todavía se recuerda cómo las personas negras esclavizadas huyeron principalmente a las montañas, alcanzaron la libertad y construyeron su propio mundo, sus manieles, a veces, en alianza con gente de los pueblos originarios de la isla Hispaniola.

Cada carnaval es un mundo. En la capital dominicana, desfilan comparsas que denuncian la corrupción, el alto costo de la vida o se burlan de las costumbres sociales. Y otras que muestran disfraces de diablos más tradicionales, como la que encabeza Vilma Pérez, los Dragones de Villa María, comparsa que el pasado 4 de febrero cumplió 30 años. 

Vilma ha estado entre los dirigentes de los dragones desde hace más de 13 años. Organiza a los participantes y decora disfraces. Y hace 30 años que los dragones son parte de su vida y de su alegría. En el carnaval, también se involucran su compañero y sus hijos.

“Lo que más disfruto es cuando uno ha terminado el proceso y se pone el traje para salir a la calle, que la gente dice ‘¡qué lindo!’”. 

Antes de pertenecer a los dragones, fue cercana a una comparsa de Alibabá. Los Alibabá son grupos tradicionales del Distrito Nacional, de los que ha surgido una música del mismo nombre.

Pero, ¿cómo se crea una nueva comparsa? Con ilusión. Gente que ha participado en otros grupos escucha que se va a formar una nueva con un tema que les gusta y se suman, y atraen a más personas del barrio.

Vilma cuenta que la comparsa de la que es parte se creó y creció con un mensaje que pasó de boca a boca: ¡Había un grupo de diablos nuevos!  

“La gente empezó a llegar una por una, con recursos, sin recursos, el que vende el yaniqueque en la esquina, el que vende el pollo, el médico, el de la farmacia, y así se fue creando, y gracias a nuestro esfuerzo, hoy tenemos 30 años celebrando el carnaval en Villa María”, dice Vilma, mientras suena música de carnaval en un conversatorio-presentación artística realizado en el Centro Cultural de España de la Ciudad Colonial de Santo Domingo.

La diabla y sus amigos diablos desfilan cada año en el carnaval del Distrito Nacional y participan en diversas actividades culturales. El grupo de Los Dragones de Villa María es motivo de encuentro para gente de uno de los barrios populares con más tradición de la ciudad.  Personas del sector se juntan meses antes para armar los trajes y practicar los bailes. Además, la comparsa también es un espacio en el que jóvenes desarrollan su talento como artesanos de caretas. 

Esta comparsa es mixta, incluye a hombres y mujeres, pero hay otras que son predominantemente femeninas como las Karamanché, de Santiago, la segunda ciudad del país, y que cuenta con uno de los carnavales populares más importantes.

Rosario Batlle es la cabeza del grupo de carnaval Karamanché, integrado por 16 mujeres y dos hombres aliados. Esta comparsa es una muestra de cómo la creación popular y la investigación académica a veces se retroalimentan en el carnaval dominicano.

“Karamanché surge del libro de Fradique Lizardo sobre folclore dominicano, donde hace alusión a una danza indígena que dice que se llama kara manche. Nos gustó el nombre porque siempre nos pintamos la cara y decidimos adoptar ese nombre cambiando la c por la k. Ya tenemos casi 10 años haciendo carnaval con el nombre de Karamanché”, explica Rosario.

Como otros carnavaleros, las Karamanché elaboran sus trajes, organizan sus caravanas y desfilan tanto en Santiago como en otros pueblos, principalmente de la región del Cibao.

Y en Cotuí, provincia Sánchez Ramírez, también al norte de la República Dominicana, hay otro grupo femenino llamado Las Damiselas, iniciado por Marcia Amparo, explicó la folklorista y bailarina Manuela Féliz en una charla.

Para Manuela, esta comparsa de fantasía está integrada por “gente de sensibilidad artística, gente que se dedica con ahínco, con gusto, con placer a hacer su traje de carnaval”.

Carnaval cimarrón

En el carnaval dominicano también hay espacios que se mantuvieron cerrados a las mujeres por décadas y décadas hasta que algunas decidieron que ya era tiempo de compartir la alegría, la libertad y las luchas.  

En La Joya, una comunidad de la provincia de Santo Domingo, hay un antiguo carnaval que se celebra cada domingo de resurrección. Julia Reinoso, maestra y gestora cultural, cuenta que es una de las únicas dos mujeres que forman parte de “Los Negros de la Joya”, que hacen disfraces con hojas de plátano, higüeros y materiales reciclados, y cuyo origen se cree que se remonta a la época colonial en la que se esclavizaron a personas negras.

“Eran esclavos y solo el domingo de resurrección el amo les permitía festejar.  El domingo de resurrección a las 10:00 de la mañana, todas las comunidades de La Joya se reúnen y hacen su debut en ese horario, para decir ‘somos libres, tenemos derecho a la libertad y a la creatividad’”, explica Julia, que no es oriunda de esa comunidad, sino de Dajabón, provincia fronteriza con Haití.

¿Cómo entonces llegó a ser una de los cimarrones que recuerdan la libertad?

“Para ser un negro de la joya hay que durar 10 años disfrazándose. Tengo 25 años disfrazándome, empecé embarazada de mi hijo, que tiene 25 años. Comencé a ponerme mi primer traje y hay que pasar una prueba. Se van al cementerio, ahí te asustan con un sonido característico que tienen. Si no te asustas y perduras durante 10 años, ya eres un negro de la joya y hemos pasado la prueba”, cuenta la maestra que también dirige un centro cultural, después de participar en una presentación artística con un grupo de carnavaleros.

El antropólogo Jhonatan De Oleo en su página folklorerd explica que el “Carnaval de Los Negros de Joya y el Peje en San Antonio de Guerra en la provincia Santo Domingo, es un carnaval centenario de origen netamente cimarrón, que mezcla el sincretismo de la cultura católica con las religiones afroantillanas”. 

Tradición familiar y comunidad

Rosario Batlle, una de las lideresas de las Karamanché, participa de una comparsa en la que también está su hermana, Tomasa Batlle. Como para muchos santiagueros, el amor al carnaval se aprende en la familia y con los amigos del barrio. Ella ha estado presente en los carnavales desde hace más de 30 años.

Vilma Pérez, la diabla capitaleña, cuenta que salió carnavalera a su padre, quien se disfrazaba en la famosa comparsa de Los Indios de San Carlos, un barrio tradicional de Santo Domingo, pero que de niña nunca pudo integrarse plenamente porque a su abuela consideraba que esta tradición iba en contra de los valores cristianos. 

“Mi abuelita no me dejaba disfrazarme porque decía que el que se disfrazaba estaba 24 horas fuera de la gracia de Dios”, comenta, y se ríe. Ahora, ella también es abuela y le encantaría que sus nietos, que ahora son muy pequeños, aprendieran a disfrutaran del carnaval y siguieran la tradición.

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