Poliamor: otras formas de amar y relacionarse son posibles

Poliamor - reportaje por Alejandra Lara Infante

Verónica y Eri se conocieron en espacios de luchas políticas y practicaron por un tiempo el poliamor como relación amorosa y sexual.

El poliamor es un concepto sombrilla que agrupa los proyectos afectivos y sexuales que no se limitan a dos personas. Hay distintas formas de practicarlo. El amor libre bajo una relación núcleo es la que practicaron Verónica y Eri. De igual forma, se pueden unir tres personas y convivir en una relación o incorporar pasajera o permanentemente a terceros.

Estos modelos buscan construir formas más solidarias de emparejamiento, menos jerárquicas y más cooperativas para desmantelar la monogamia como la única forma legítima de amar.

Verónica y Eri, seudónimos, contaron que la decisión de entablar una relación poliamorosa surgió porque Eri tenía un bagaje y un interés particulares que Verónica nunca había llevado a cabo en su vida.

“Estaba bien consciente de que en la monogamia había algo bien incómodo que yo no podía llevar, pero no sabía cómo más relacionarme. Entre conversaciones y pensarnos fuera de formas tóxicas de relacionarnos, comenzamos a relacionarnos colectivamente”, expuso Verónica.

Como parte de su relación, relacionarse colectivamente implicó que tanto como Verónica y Eri mantenían relaciones sexuales, sentimentales o senti-sexuales con otras personas.

Al comienzo de la relación, les estudiantes, de 22 años, acordaron mantener una comunicación honesta sobre cuáles eran los límites de cada une.

La importancia de la responsabilidad afectiva

“Como yo ya había tenido experiencias con el poliamor, estaba más clara de lo que podía aguantar o estaba dispuesta a dar en la relación. Para mí, fue compartirle a Vero hasta dónde yo podía. Siempre había una transparencia en lo que estaba sucediendo. No siempre fue color de rosa. Hubo muchos momentos incómodos, en donde hubo que sincerarse y decir: ‘Mira, yo no puedo hacer esto’”, expresó Eri.

La trabajadora social Karla Ferrer Arévalo explicó que el factor más importante para cultivar una relación saludable fuera de la monogamia es la comunicación.

“Cuando asumimos que queremos intentar hacer las cosas bajo otros modelos, algo que no se puede perder de vista es la responsabilidad afectiva. Ser responsables con las palabras, con las acciones, con las emociones, con las omisiones. Dejar, en la menor manera posible, cadáveres emocionales por ahí. No puede haber relaciones libres sin responsabilidad afectiva”, apuntó.

La responsabilidad afectiva se refiere a los acuerdos que se establecen en cualquier tipo de relación, involucrando la empatía, la honestidad y el respeto para no caer en daños emocionales y psicológicos. Amar desde los acuerdos mutuos invita a reconocer que las relaciones, en realidad, son relaciones de poder. El poder de formar y cultivar ciertas costumbres y dinámicas en el otro que pueden ser negativas o positivas.

Fuera del concepto de “mercancía”

La también especialista en educación sexual integral enfatizó que los modelos económicos como el capitalismo y el neoliberalismo se instauran en las formas de relacionarnos emocional y sexualmente.

“Vemos, constantemente, que las personas se tratan como mercancía, mercancía que es descartable, mercancía que la utilizo y, cuando yo me canse, me deshago de ella. Eso es dejar cadáveres emocionales por ahí. Vemos cómo esos modelos capitalistas neoliberales se instauran inconscientemente en la vida de las personas y se reproducen desde los vínculos”.

“No es para romantizar el poliamor, los swinger, ni las relaciones abiertas. Si lo haces de manera tóxica, va a ser igual de dañino que la monogamia tradicional. Siempre bien consciente de que hay otros seres humanos de por medio. Y no cosificar, sino que tratar con cariño esos sentimientos y experiencias”, aseguró Verónica mientras contaba cómo practicaba la responsabilidad afectiva dentro de la relación.

En los modelos de emparejamiento no tradicionales se reproducen prácticas del amor romántico. Por ejemplo, los celos como una demostración de amor y los roles: hay una persona que asume el rol pasivo y otra el activo en la relación, explicó Ferrer Arévalo.

Amor romántico vs amor racional

Negociación sexual para reducir riesgos

Además de la responsabilidad afectiva, la negociación sexual es un factor esencial para reducir los riesgos de adquirir una infección de transmisión sexual en las relaciones no monógamas.

“La importancia de hacerse pruebas de rutina, aunque tú tengas una pareja única y exclusiva, porque pasan cosas. Hablar de cuáles son las opciones y de cómo podemos cuidarnos”, aconsejó Ferrer Arévalo, quien trabajó en un laboratorio que realiza pruebas de VIH.

La negociación sexual de Verónica y Eri consiste en no utilizar protección entre elles, pero sí con cualquier otra persona con la que vayan a tener relaciones sexuales.

“Se trata también de respetar el cuerpo de otra persona. Relacionarte con otros cuerpos implica que hay unas vulnerabilidades envueltas. Si Vero puso unos límites de protegernos, traspasar esos límites implica unas violencias que no queremos en la relación”, sostuvo Eri.

Les estudiantes coincidieron en que hay una falta de conocimiento con respecto a los métodos de barrera que se utilizan para evitar una infección de transmisión sexual. 

“No se nos habla de cómo protegernos. Hay protección para las manos, para los juguetes sexuales, para el sexo oral. No se nos enseña cómo los fluidos pueden contagiarnos”, aseguró Eri.

Por su parte, Verónica expresó que no sintió miedo de contraer una infección de transmisión sexual por estar en una relación poliamorosa porque está tomando las medidas de protección necesarias.

“Sé que eso es un discurso para invalidar este tipo de relaciones. Hay muchos estudios que comprueban que puedes adquirir estos virus, muchas veces, de relaciones monógamas, en donde no estás respetando unos límites ni unas reglas. Entonces, no hay honestidad y, de repente, te enteras en el doctor de que contrajiste algo”.

¿De dónde surgen estos nuevos modelos de relaciones?

Cuando lo privado se hizo público, las feministas, en el 1960, denunciaron la opresión del matrimonio por ser una institución que impedía el libre desarrollo de la mujer. En ese momento, el casamiento se veía como un beneficio económico y heteronormativo que se prestaba para mantener subordinadas a las mujeres.

La monogamia no surgió por casualidad o porque es inherente de la “naturaleza humana”, sino que responde a unas exigencias políticas y económicas particulares. Con el matrimonio monógamo, se originó la división sexual del trabajo, la desvalorización de la labor doméstica y la dominación masculina.

En busca de alternativas para resistir a lo ya establecido por el Estado como la única forma legítima de relacionarse emocional y sexualmente, surgieron, entre 1970 y 1980, los movimientos por el amor libre y la libertad sexual. Verónica y Eri encarnan esos movimientos que abogan por el derecho a la libertad afectiva.

“No estoy demonizando la monogamia, no es para nada malo. Pero a mí, en un momento particular de mi vida, las relaciones monógamas no me funcionaron. No necesariamente porque no me funcionó la monogamia, sino porque yo no estaba preparada para estar en ese tipo de relación”, contó Eri.

Mientras, Verónica siente que “la monogamia me cohíbe demasiado porque a mí me pueden atraer muchas personas”.

“Sentir que no puedo tener un acercamiento como los que quiero, porque estoy en una relación monógama, en la que tengo que respetar unos límites, para mí no es real. Pero, hay personas a las que les funciona muy bien. Se pueden tener prácticas muy saludables dentro de la monogamia, pero como no es eso lo que conocemos, pues es bien difícil ver maneras alternas”.

La posibilidad de pensar y hacer de otro modo

Y es que la definición de la monogamia tradicional se puede reformar.

“Cuando hablamos de modelos de emparejamiento diversos, estamos pensando en integrar a terceras, cuartas o quintas personas, y no necesariamente es así. Romper con el modelo tradicional del amor romántico no necesariamente implica romper con la monogamia. Cada persona desarrolla su modelo. No hay una fórmula de emparejamiento. Hay que ir definiendo cuál es el modelo que nos funciona a cada cual. El hecho de que un modelo no funcione en un momento determinado de nuestras vidas, no quiere decir que eso tiene una permanencia porque somos seres cambiantes. Debemos tener eso presente”, defendió Ferrer Arévalo.

Por esta razón, la especialista especifica que prefiere hablar de modelos híbridos de emparejamiento.

“Un modelo híbrido podría ser una pareja monógama que, en algún momento, decide integrar a otra persona, aunque sea una cuestión de una sola vez. Ya ahí se dio una apertura para romper con lo tradicional”.

Asimismo, reveló que puede ser problemático colocarle nombres a estos nuevos modelos de relacionarse.

“Algo que yo encuentro que puede ser un defecto en esto de ponerle etiquetas, no solo a los modelos de emparejamiento, sino, incluso, a las identidades, es que esas etiquetas operan como fronteras o como pequeñas burbujas. Es bien importante poder nombrar las cosas y definirlas, pero hay que tener mucho cuidado porque se dan unas rigideces ahí. Para esto, no hay fórmulas, aunque nos enseñen que sí que hay un prototipo que debemos seguir. Que no traten de encajar con un modelo. Que traten de hacer las cosas como les funcionen y desarrollen su propia fórmula. Eso es lo más importante”.

El discrimen social que enfrentan las personas no monógamas

Verónica y Eri contaron que constantemente recibían agresiones o microagresiones cuando compartían que estaban en una relación poliamorosa.

Según lo experimentaron, la mayoría de la gente piensa de primera intención en el contagio de las infecciones de transmisión sexual. Otras piensan que no se trata de una relación seria, sino que se trata de inmadurez, de una etapa y se dedican a infantilizarlas. Una ellas sintió que, por eso, no podía compartírselo a su familia.

“Hablan despectivamente de las relaciones poliamorosas cuando les compartimos que somos poliamorosos. Que nos intenten hacer sentir mal por tener una relación poliamorosa. Nos dicen que, tal vez, no vaya a funcionar por los celos”, añadió Eri.

El manejo de los celos

En la problemática de sentir celos, Ferrer Arévalo explica que “los celos son una emoción y las emociones son impulsos”.

La emociones no se pueden controlar, pero sí se pueden manejar. Para poder manejar los celos, las personas deben entender cuáles son sus límites y cómo gestionarán esos límites. Ferrer Arévalo recomendó actuar de forma racional cuando se sienten celos, porque reaccionar de forma errática a los celos es parte del modelo tradicional.

“Los celos también los aprendemos. Nos enseña que las personas nos pertenecen”, expresó.

Verónica reconoció que suele costar mucho ver como posibles otras maneras de relacionarnos en una sociedad que va dictando desde la infancia solo una forma, la monogamia-tóxico-romántica. Toma tiempo desaprender, señaló.

“Sería chévere tener foros y espacios en donde se pueda conversar sobre otras maneras de amar y/o relacionarse con otres y todo lo que eso implica. Desaprender juntes. Decolonizar las relaciones. Existen recursos bien a fuego que comparten herramientas para manejar las inseguridades que puede impulsar el tema y que pueden apoyar en el proceso de desaprendizaje”.

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Alejandra Lara Infante
Escrito por Alejandra Lara Infante
Periodista interesada en temas de estudios feministas y decoloniales. Estudiante graduada en Estudios de Género con una especialidad en Investigaciones Feministas.