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Las políticas boricuas en la lucha contra el desplazamiento en Chicago

Jessie Fuentes y Cristina Pacione Zayas son dos políticas puertorriqueñas en Chicago que han vivido el abandono gubernamental en múltiples facetas de sus vidas, pero que también han atestiguado el poder de la organización comunitaria que logró una legislación contra la gentrificación.
Paseo Boricua, en Humboldt Park, un barrio que es el corazón de la comunidad puertorriqueña en la ciudad de Chicago. Foto por Herminio Rodríguez | Centro de Periodismo Investigativo

Fotos de Herminio Rodríguez y Gerardo Mora | Centro de Periodismo Investigativo

*Publicado en alianza con el Centro de Periodismo Investigativo.

La principal medida contra la gentrificación en Chicago salió de la agenda de los boricuas en la ciudad. En febrero de este año, el Gobierno de Illinois designó el Chicago-Puerto Rico Town, uno de diez distritos culturales que son elegibles para recibir fondos para atender las necesidades de la zona, fomentar el desarrollo económico y ayudar a las comunidades a preservar sus identidades culturales.

Las historias de las políticas puertorriqueñas Jessie Fuentes y Cristina Pacione Zayas son las historias de querer permanecer en ese barrio. Ambas son fruto de la gestión comunitaria del Centro Cultural Puertorriqueño de Chicago, con más de 50 años de fundado. En cada oportunidad, hablan de las iniciativas que desde allí se han gestado y que dan vida al Paseo Boricua, en Humboldt Park, que es el corazón de la comunidad puertorriqueña en la ciudad desde que las olas migratorias se comenzaron a establecer en el área para las décadas de 1960 y 1970.

Jessie Fuentes es la primera latina cuir en ser electa para la asamblea municipal de Chicago y es graduada de la emblemática Escuela de Educación Alternativa Pedro Albizu Campos, fundada en el sótano de una iglesia de Chicago en 1972 como La Escuelita Puertorriqueña. 

Foto por Gerardo Mora | Centro de Periodismo Investigativo

Nació y creció en Humboldt Park. Su mamá era puertorriqueña y su papá, un “marielito”, del grupo de inmigrantes cubanos que salió en 1980 del puerto de Mariel en Cuba hacia Estados Unidos, como resultado de un acuerdo diplomático entre ambos países. Durante la mayor parte de su infancia y adolescencia, su papá estuvo en prisión. Al mismo tiempo, su mamá lidiaba con una adicción a drogas ilegales. Las condiciones de su familia representaron una dura batalla para manejarse emocional y socialmente. Se describe como una niña y joven que se metió en muchos problemas. Estuvo en siete escuelas elementales y tres escuelas superiores. 

“Fue la Escuela Pedro Albizu Campos, fue el Centro Cultural Puertorriqueño y fue la comunidad puertorriqueña lo que salvó mi vida. Y yo escogí vivir mi vida haciendo más de eso que yo recibí”.

Por eso, dice, se convirtió en activista, en educadora y, en 2022, decidió postularse para el cargo de Concejala del Distrito 26, donde están el Paseo Boricua y el Centro Cultural Puertorriqueño.  

“No es suficiente estar en las afueras (del Gobierno) movilizando y organizando. Si no tienes a alguien adentro que va a escuchar al movimiento afuera y a jugar el juego desde adentro, solo puedes llegar hasta cierto punto”. Y Fuentes confía en su nuevo poder de impulsar legislación y procurar cambios en los sistemas. “Podemos traer la organización al Gobierno”. 

Uno de sus logros más recientes ha sido la adopción del salario mínimo para los trabajadores de restaurantes, que, como en Puerto Rico, subsistían son un subsalario que muchas veces las propinas no completaban.

Cuando Fuentes se postuló, no fue sola. Candidatos progresistas se postularon por toda la ciudad y hoy 19 de ellos son miembros en el Concejo Municipal, que tiene 50 concejales. 

“Poder representar a la misma comunidad que me salvó la vida y pensar que puedo crear legislación que probablemente va a salvar otras miles de vidas es, probablemente, el mayor honor”, dice Fuentes. 

Foto por Herminio Rodríguez | Centro de Periodismo Investigativo

Agenda contra la gentrificación

Fuentes aprendió la historia de cómo la comunidad puertorriqueña en Chicago ha sido  continuamente desplazada desde el inicio de la migración desde Puerto Rico. De LaSalle y Clark a Lincoln Park a Lakeview a Wicker Park a West Town. Y, ahora, en Humboldt Park, las amenazas continúan. 

“Desafortunadamente, el movimiento de gentrificación ha contribuido al trauma histórico y generacional que enfrentamos los puertorriqueños en Chicago”, reflexiona.

Lograr más vivienda disponible, oportunidades para la compra de propiedades a un costo asequible, cooperativas de vivienda y tener conversaciones reales sobre vivienda pública ante la gran cantidad de personas sin hogar son parte de su agenda como concejala.

Otra prioridad de Fuentes es el desarrollo económico para crear estabilidad para las familias, además de vivienda digna. Es también una manera de hacerle frente al desplazamiento que han promovido las grandes corporaciones que se han establecido en la zona: no pagan sueldos justos y no proveen plan médico ni servicios de salud dignos a sus trabajadores. 

Foto por Gerardo Mora | Centro de Periodismo Investigativo

Los distritos culturales como idea contra la gentrificación en Chicago 

Cristina Pacione Zayas es la jefa de Gabinete del alcalde de Chicago, Brandon Johnson, y es también producto del trabajo comunitario gestado desde el Centro Cultural Puertorriqueño en Paseo Boricua. Comenzó en esta posición el mes pasado, luego de haber ocupado el cargo de Subjefa de Gabinete desde que Johnson asumió la alcaldía en 2023. Además, fue senadora por el Partido Demócrata en el estado de Illinois, entre el 2020 y 2023.

Pacione Zayas establece que cuando comenzó a involucrarse en el trabajo anti gentrificación, el fenómeno estaba ya ocurriendo en el vecindario contiguo de Humboldt Park, donde ubica el Centro Cultural Puertorriqueño. La comunidad, establecida allí hace décadas, ha presentado una resistencia importante contra el desplazamiento.  

Cuando se le pregunta qué empezó a desplazar a las familias latinas de la zona, Pacione Zayas explica: “En nuestro estado nunca hemos tenido un salario digno. El cambio de ser un sector industrial a uno basado en los servicios también cambió las cosas”, menciona como algunos de los factores externos. 

Apunta que, aunque las escuelas cercanas no son consideradas las mejores, la ubicación, la arquitectura y el fácil acceso a autopistas y medios de transportación pública, que pueden llevar al centro de la ciudad en unos 15 minutos, han convertido la zona en un atractivo para personas con mayor poder adquisitivo. 

“Esa dinámica ha desplazado a los latinos que estaban allí y siguen siendo clase trabajadora porque aumenta el valor de las casas, aumentan los costos de alquiler y aumentan los impuestos a la propiedad mientras que los salarios permanecen igual”, explica.

La legislación de los distritos culturales

Desde antes de que Pacione Zayas llegara al Senado y Fuentes al puesto de Concejala, la Agenda Puertorriqueña de Chicago, una organización sin fines de lucro integrada por otras decenas de organizaciones, ya desarrollaba trabajos enfocados en combatir la gentrificación e identificar mecanismos políticos para estabilizar la comunidad puertorriqueña en Chicago, honrando su identidad.

Exploraron diversos modelos. Primero, pensaron en la creación de distritos fiscales especiales. Se designarían áreas geográficas en las que se haría desarrollo a partir de un impuesto especial. Sabían que sería difícil conseguir apoyo para una legislación como esa. 

Entonces, surgió otra idea. 

“Nos dijimos ‘hagamos un distrito cultural designado por el estado, donde el estado reconozca una geografía única. Podría ser una comunidad, una ciudad, un condado, un par de condados. El punto es que sea algo que tenga una identidad cultural que corra el riesgo de borrarse o que los residentes corran el riesgo de ser desplazados”, describe Pacione Zayas.

La idea es que, al obtener un reconocimiento del estado como “distrito cultural”, se les provee a estas zonas una protección especial, se les permite tener una ventaja al solicitar fondos federales, estatales y municipales.

“Lo que queremos es obtener fondos para adquirir propiedades para establecer instituciones culturales, continuar iniciativas de desarrollo económico, no desde un lente capitalista, sino para la preservación de nuestras comunidades”, añade Pacione Zayas.

El grupo redactó una legislación que se presentó en 2020, pero no tuvo éxito. Tras llegar a la asamblea legislativa estatal a finales de ese año, la entonces recién estrenada legisladora Pacione Zayas la presentó como su primera propuesta. 

La ahora concejala Jessie Fuentes, que en ese momento no había incursionado en la política electoral, fue una de las personas del liderato de la Agenda Puertorriqueña que llegaron al Senado a hablar de la importancia del Proyecto del Senado de Illinois 1833

“Creo que la medida cautivó la imaginación de mis colegas porque, a través de todo Illinois, tenemos muchos tipos de enclaves históricos y culturales únicos. Creo que en la gente realmente resonó la preservación y conservación de esas comunidades, y entendió que la amenaza del desplazamiento y la gentrificación no es solo exclusiva de Chicago, es en todo el estado”, recuerda Pacione Zayas.

La medida pasó con apoyo bipartita. El último día de octubre, Mes de la Herencia Hispana, el gobernador J.B. Pritzker convirtió el proyecto en ley durante una celebración en el Museo Nacional de Arte y Cultura Puertorriqueña. El próximo 1 de junio, la comunidad bautizará su distrito cultural con el nombre de Barrio Borikén. 

En el transcurso de 10 años, el estado puede designar hasta 15 distritos culturales, los cuales tendrán acceso a unos fondos ya separados para su desarrollo, que deben servir como dinero semilla encaminado a la sostenibilidad. El gobernador J.B. Pritzker ya designó 10: North First Street Cultural District, Bronzeville District, Chinatown, Clark Street/Camino Clark, Mahalia Jackson 79th Street Cultural District, Little Village, South Chicago Cultural District, Puerto Rico Town; y en Springfield, Central East Cultural District y The Southtown Cultural District. Ya se han separado $3 millones para distribuirlos entre los distritos designados. 

Lo que ha logrado la comunidad puertorriqueña en Chicago, específicamente en Paseo Boricua, es muy singular porque ha sido gestión de un movimiento que cree en la descolonización de Puerto Rico. La posibilidad de permanecer en el sitio en el que se ha estado por generaciones, de tener acceso a vivienda y educación digna, que fomente la conciencia política; la creación de empresas locales, todo son formas de descolonización, aun dentro de Estados Unidos. 

“Para pensar en la descolonización de Puerto Rico, tenemos que poder practicar eso en nuestras comunidades. La autodeterminación, la autosuficiencia y la autorrealización de los puertorriqueños en Humboldt Park, en Paseo Boricua, es el marco desde el que funcionamos”, afirma Fuentes, reconociendo que el desplazamiento es un elemento en común entre los boricuas de Chicago y los que viven en la isla. 

“Es poder también ser dueños de la tierra”.

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