Las sobrevivientes de agresión sexual frente al sistema

sobreviviente agresión sexual

(Fotografía de mural de la artista canadiense Miss Me, ubicado en el Quartier des Spectacles de la ciudad de Montreal, en Canadá. Más detalles de la obra, al pie de la página.)

(Gráficas de Coral Negrón Almodóvar)

A Mariana la violó su vecino en Sabana Grande. Tenía 13 años y lo veía todos los días de camino a la escuela. A Manuel, lo intentó violar su tío. Tenía 8 años y su mamá no le creyó. A Adriana la tocaba su hermano algunas noches cuando sus papás dormían. Desde los 7 hasta los 12 años. Él la convenció de que se metería en problemas si lo contaba. A Melissa, un profesor del bachillerato le bajó la falda y la besó un día después de clases. A Isabel, su pediatra le metió la mano en el pantalón y la penetró con los dedos. A Milagros, la violó su padrastro.

Todas son historias reales contadas a esta periodista por las mismas personas que las vivieron. Difíciles de pronunciar, pero muy fáciles de encontrar, por lo común, por lo frecuente y porque de momento, está ocurriendo algo en el mundo, que aun por lo bajo, entre amigas, las mujeres se empiezan a contar lo que les pasó.

Ninguno de estos casos fue ni será parte de las pobres estadísticas con las que cuenta la Policía de Puerto Rico. Todas menos una de las perjudicadas eran menores al momento de los hechos y aunque cada una, más adelante en su vida, buscó ayuda profesional en distintas instancias, ninguna optó por denunciar. Todas compartieron sus razones. Son, entonces, parte de la llamada “cifra invisible”, ese número de delitos no reportados que multiplica muchas veces el de los datos oficiales.

Tanto la Policía, como el Departamento de la Familia y el Centro de Ayuda a Víctimas de Violación (CAVV) dan cuenta de que la mayoría de las agresiones sexuales que ocurren en Puerto Rico las comete una persona que no es desconocida para la víctima.

“Socialmente se piensa que las agresiones sexuales vienen por parte de gente extraña. Nosotros nos hemos educado en una sociedad que nos ha dicho: ‘Va a salir alguien del matorral y te va a violar o va a salir alguien de la esquina y te va a violar’. La realidad es que las estadísticas dicen que quienes perpetran las violaciones son cercanos. Es tu pareja, tu esposo, tu profesor de la universidad, tu abuelo, un compañero de estudios”, señaló Leila Negrón, activista feminista, quien fue intercesora legal en el tribunal de Caguas.

Entre 2016 y 2017, la Policía de Puerto Rico registró 2,455 querellas por agresión sexual. Menos de la mitad han sido esclarecidas.Querellas de agresión sexual Policía de Puerto Rico

Entre estas, el 78% de las víctimas fueron niñas o mujeres. Para el mismo periodo, las estadísticas demuestran que fueron conocidos los principales agresores, seguidos de padrastros y padres.

Cuando, en el 2015, el Departamento de la Familia y el Instituto de Estadísticas publicaron un estudio sobre el perfil del maltratador, expusieron que la tasa de abuso sexual más alta entre menores era de 12 a 14 años de edad y que en cuanto a la relación de los perpetradores con las víctimas, son en el 53.6% padres biológicos y en el 35.4% padrastros.

Esos son los datos con los que cuenta el país, pero las entidades dedicadas a trabajar con sobrevivientes de agresión sexual estiman que más del 90% de las agresiones sexuales quedan sin reportar.

“¿Cómo tú reportas a tu papá, a tu hermano, a tu primo? Prefieres quedarte en silencio antes de bregar con el revolú que se va a formar en tu familia. Te destruyes tú primero antes que destruir a otras personas que sabes que sufrirán. Además, a los 7, 8 años, ¿qué sabe uno de cómo bregar con eso? Sencillamente, no sabes”, contó Adriana, sobreviviente de violencia sexual.

En el caso de menores, si alguien descubre un patrón de abuso sexual, se activa un protocolo a través de las agencias que implica visitar una sala de emergencia para una evaluación y se va a realizar una querella a la Policía. Esos datos deben quedar registrados.

Sin embargo, si la persona sobreviviente alcanzó la mayoría de edad o la agresión ocurrió cuando ya era adulta, es su decisión si presenta una querella y persigue un proceso de adjudicar responsabilidad criminal.

Promedio de víctimas de delitos sexuales por género año 2017

Falta de sensibilidad

Quienes deciden denunciar se encuentran con un sistema revictimizante, que hace el proceso sumamente difícil.

Ana relató su experiencia. Quiso denunciar cuando era universitaria los abusos que había sufrido de parte de su papá desde que era una niña de cerca de 5 años. Como las agresiones habían ocurrido en dos jurisdicciones diferentes, las querellas tenía que presentarlas en dos cuarteles diferentes.

“Decidí ir primero a la jurisdicción más grande porque la otra era en mi pueblo, un pueblo bien pequeño, donde todo el mundo se conoce. Mi mamá trabajaba en el banco del pueblo, así que para mí, ir allí implicaba que todo el mundo se enterara. Yo no estaba lista para bregar con eso”, rememoró.

“En el cuartel al que fui, la experiencia fue bien difícil. Empecé por explicar por qué estaba allí. Me hicieron esperar. Buscaron a una persona, una agente, que me empezó a entrevistar. De momento, ella entendió que no era la persona que tenía que entrevistarme. Me dijo que debía parar mi historia y esperar a que llegara la persona que trabajaba con Delitos Sexuales. Es bien difícil tú sentir que empiezas a contar tu historia y que te frenan”, contó.

Ana fue citada para entrevista con una fiscal, pero la agente que inicialmente había tomado su declaración no acudió. Entonces, el proceso no pudo continuar en ese momento.

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Siendo una universitaria sin transportación propia y con pocos recursos para mantenerse, se enfrentó a la situación de tener que escoger entre continuar con este proceso o con otro del que dependía su asistencia económica para estudiar.

“Sentí que estaba perdiendo control de la situación. Estaba bien frágil emocionalmente y, cada vez, era más difícil. Los dos procesos a la vez me tenían bien drenada y bien frágil. No podía bregar con ambas cosas a la vez”, sostuvo.

“Este país le ha fallado muchísimo a las personas sobrevivientes de agresión sexual”, observó la directora de Coordinadora Paz para la Mujer, Vilma González.

“Es uno de esos delitos donde parecería que la víctima sola se tiene que defender y que muchas veces, cuando va a través de un proceso judicial, parecería que es la persona acusada, por el cuestionamiento al que se tiene que someter que puede ser revictimizante”, indicó.

De acuerdo con Ilia Vázquez Gascot, psicóloga clínica comunitaria del Centro Salud Justicia de Puerto Rico, adscrito a la Escuela de Medicina San Juan Bautista, la falta de credibilidad en las víctimas de parte de quienes las atienden inicialmente y el cruce de líneas entre funcionarios evitan que los casos puedan avanzar.

“Tenemos que reconocer que todavía nuestro sistema parte de la desconfianza, de la sospecha. Yo digo que (el efecto es que) las víctimas, usualmente, tienen que probar su caso desde que pisan el cuartel, tienen que demostrar que eso les pasó”, expuso la profesional, quien a diario trabaja con sobrevivientes de agresión sexual de todas las edades.

“Las estadísticas federales dicen que entre un 2 y un 8 por ciento de los reportes de agresión sexual son falsas alegaciones. Si sabemos que los falsos reportes son apenas del 2 al 8 por ciento, ¿por qué tratamos al resto del 92 al 98 por ciento como si fueran falsos reportes? ¿Por qué no damos credibilidad a la víctima al momento que llega? Entonces, eso es una dificultad”, sostuvo.

La consecuencia, señaló, es que la persona en la Policía a cargo de investigar, muy probablemente, no agotará todos los recursos que tiene disponibles para esclarecer el caso y determinar las responsabilidades que hay que adjudicar y a quién.

Falta de preparación en salas de emergencia

De otra parte, según establece al citar literatura académica el Centro de Ayuda a Víctimas de Violación en su Protocolo de Intervención con Víctimas / Sobrevivientes de Agresión Sexual en Facilidades de Salud, la evaluación médico forense “es uno de los eventos en que más revictimización sufre un o una sobreviviente”.

Cada sala de emergencia en Puerto Rico debe contar con las cajas de recopilación de evidencia conocidas como SAFE Kit (Sexual Assault Forensic Examination), que establece más de 20 pasos a seguir para obtener distintas muestras.

“Los hospitales no tienen un recurso adiestrado para el manejo de ese proceso, que es un proceso bien fuerte y bien invasivo”, mencionó Negrón.

“Eso es un problema porque en el Tribunal, si esa prueba no se colectó de la manera adecuada, la van a impugnar”, destacó.

Vázquez agregó que la privatización del sistema de salud en Puerto Rico representa un reto adicional.

“Los y las médicos, cuando hacen una evaluación forense, no necesariamente están dispuestos a visitar un tribunal citados por el caso que están viendo, así que su documentación suele ser bien mínima, si alguna. Eso es en detrimento del caso y repercute en el proceso del tribunal. Repercute en la revictimización porque es posible que esa víctima tenga que ser revaluada”.

Actualmente, hay sobre 2,000 cajas con material recopilado tras una alegación de agresión sexual que permanece sin analizar en el Negociado de Ciencias Forenses.

“Es un mensaje de que al Estado no le importan los casos de agresión sexual en la isla”, evaluó González.

¿Qué implica para una sobreviviente de agresión sexual que su agresor no enfrente justicia?

“Todos estos procesos pueden sentirse como una montaña rusa de emociones. Cuando se siente un poco más fortalecida, vuelven y te citan, exacerban los elementos del trauma, o cuando todo parece ir bien, resulta que algo no prosperó en alguno de los niveles. En el caso de las personas adultas es relativamente común que desistan del proceso porque se cansan de sentirse revictimizadas como parte del proceso o sentirse que la persona acusada tiene más derechos. Es lamentable porque en la medida en que se radique menos querellas y se procesen a menos personas, no vamos a sacar de circulación a los agresores sexuales. La literatura nos dice que una persona que ha agredido sexualmente va a volver a agredir”, subrayó Vázquez Gascot.

Negrón también enfatizó en la importancia del acompañamiento de organizaciones o intercesoras legales durante todo el proceso que comienza en la Policía y continúa en el tribunal.

Alto costo social

Si al final, las personas sobrevivientes no obtienen la justicia que merecen, va a repercutir en su salud mental. Además, la sociedad va a pagar el precio.

Estudios realizados en Estados Unidos estiman el costo promedio de cada violación en $151,423.

“En la medida en que como Estado no se atiende adecuadamente una experiencia traumática, va a tener que estar invirtiendo en esta persona, a través de los servicios médicos, a través de ausencias en el espacio de trabajo… Hay unos costos también que se pueden ver en términos económicos a largo plazo”, destacó González.

Recursos de apoyo

Línea de Orientación a Víctimas de Violencia Doméstica 787 722-2977

Línea de Orientación a Víctimas de Delitos Sexuales, Policía de Puerto Rico
787 343-0000

Proyecto de Apoyo a Mujeres Sobrevivientes de Violencia Doméstica: Siempre Vivas, UPR, Mayagüez
787 833-8242
787 390-3371
787 538-0632

Hogar Ruth (Vega Alta)
787 792-6596
787 883-1805

Hogar Nueva Mujer (Cayey)
787 263-6473

Centro Salud Justicia de Puerto Rico (Caguas)
787 743-3038 ext. 3210

Oficina para el Desarrollo Integral de la Mujer (Odim) del Municipio de San Juan
787 723-5444


sobreviviente violencia sexual

El mural de la artista canadiense Miss Me muestra la imagen en composiciones de seis mujeres con un pasamontañas con orejas de Mickey Mouse. Destaca en la última figura el mensaje «paren de culpar a mujeres por el mal comportamiento de hombres» («Stop blaming women for the misbehavior of men»). Esta forma es característica de su obra, constante en representar mujeres en actitudes de reto y empoderadas de su sexualidad. Su trabajo artístico utiliza pasquines en blanco y negro al que integra mensajes contra las injusticias sociales relacionadas con género, raza y clase social. Miss Me, quien también se hace llamar «vándala», pues divide su trabajo entre obras legales e ilegales, es sobreviviente de una violación en su adultez. El arte en las calles fue una forma de volcar su coraje y, a la misma vez, liberarse del dolor que había contenido por el suceso, según expresó en esta entrevistaDe acuerdo con la artista, «las mujeres deben expresarse, tanto en la calle como en cualquier otro lugar, porque necesitamos compartir nuestra realidad. Si no creamos nuestras propias imágenes, permitiremos que otros monopolicen el discurso público». El mural que aparece en la fotografía se ubicó entre agosto y octubre de 2018 en el Quartier des Spectacles, de la ciudad de Montreal, en la provincia de Quebec, Canadá.

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Cristina del Mar Quiles
Escrito por Cristina del Mar Quiles
Periodista y educadora de Caguas, Puerto Rico. Ha trabajado por los pasados 12 años en prensa escrita, radio, multimedios y de manera independiente como reportera, editora y productora.