La fragilidad de los espacios seguros para personas trans y no-binaries

Los derechos de las personas trans son derechos humanos

Desde hace unos años, hemos visto un aumento de espacios dirigidos a apoyar a personas trans y no-binaries en Puerto Rico. Hemos sido testigos de cuántos espacios surgieron con la intención de proveer alivio a una de las comunidades más desventajadas dentro del colectivo LGBTIQAP+: desde clínicas de servicios de hormonas, pruebas de infecciones de transmisión sexual hasta barras que contratan a personas trans. Dichos proyectos, organizaciones y negocios se proclamaron, desde un principio, como “espacios seguros” para toda persona trans, cuir, no-binaries y LGBTIQAP+ en general que asistiera a estos. 

Sin embargo, desde el comienzo de la pandemia hasta los últimos meses del 2021, ha habido una notable cantidad de quejas por parte de las comunidades trans y no-binaries hacia dichas organizaciones y establecimientos por la falta de servicios, sensibilidad y ética por parte de la administración, empleades y directores de dichos espacios. 

Deseo aclarar que mi intención en este texto no es la de cancelar ni restarle mérito a las organizaciones ni establecimientos implicados, sino traer una reflexión sobre la urgente necesidad de mejorar sus servicios. Por esta razón, omitiré los nombres de las personas denunciantes, así como los nombres de las sin fines de lucro, negocios y personas implicadas en dichas controversias. 

Antes de continuar, considero necesario responder: ¿Qué es un espacio seguro y cómo se logra que un lugar físico o virtual lo sean? Los espacios seguros son aquellos en los que una comunidad que vive en constante peligro puede sentirse segura. En ellos, toda persona perteneciente a dicha comunidad puede siempre volver cuando necesite un descanso de toda la violencia que vive en la calle, en su hogar y en el resto de la sociedad. 

Sin embargo, para que un espacio cumpla con este requisito, no será suficiente el mero acto de verbalmente declararlo “espacio seguro” a través de todas sus redes sociales. Para que un espacio sea verdaderamente seguro, es necesario que haya un proceso proactivo constante de garantizar que aquellas necesidades particulares de dichas comunidades sean suplidas de la manera más sensible y ligera posible. Eso incluye el trato digno y el honrar cuánto las personas de la comunidad aportan para que su espacio permanezca recurrido y seguro. Dicho de otro modo, no será suficiente proveer un servicio a una comunidad si no se tiene valores básicos, como lo son la dignidad humana, sensibilidad y agradecimiento hacia las personas que recurren a su espacio. Habiendo ya aclarado lo que es un espacio seguro, ¿cómo se ve esto al aplicarlo a servicios dirigidos a personas trans y no-binarias?

Las críticas por parte de personas trans y no-binaries no han sido de ningún modo exageradas, pues más de una persona ha compartido su experiencia. Han expresado el haber tenido situaciones incómodas en más de un lugar que provee servicios a nuestras comunidades. Varias personas han manifestado el haber recibido hostilidad por parte de quienes proveen servicios médicos, manejadores de caso e, incluso, guardias de seguridad que trabajan en las instalaciones donde se reciben servicios de hormonas y servicios médicos. 

Otres compañeres han compartido en diversas ocasiones cómo algunos patronos les han contratado en organizaciones sin fines de lucro y establecimientos de venta de comidas y bebidas alcohólicas, los cuales inicialmente se proyectaron como espacios de inclusión, comprensión y progreso, pero que terminaron replicando dinámicas violentas y de explotación similares a las de empleadores abusivos. 

Uno de los eventos más recientes se suscitó en un campamento dirigido a hombres trans y personas transmasculinas, en donde estuvieron sujetos a tratos inapropiados y ofensivos por parte de una facilitadora externa contratada por la entidad que provee servicios a personas trans. La persona denunciante, un hombre trans que trabajaba dentro de la entidad como líder, alegó haber renunciado por la inacción e inconsistencia de la entidad en atender el asunto. Sin duda, esta serie de eventos provocaron una ruptura entre las comunidades trans, cuir y no-binaries y los espacios que frecuentábamos.

Cabe señalar que estos eventos se han dado en un lapso de cuatro años desde que las organizaciones y proyectos activistas dirigidos por personas trans comenzamos a denunciar las ineficiencias del sistema al no subsanar nuestras necesidades. Dicha información la obtenemos a través de anécdotas y vivencias que comparten las personas trans y no-binaries bajo el propósito de evitar que otres pasen por lo mismo. 

Entonces, ¿qué soluciones ofrecemos las personas trans que hacemos activismo para que estos espacios sean verdaderamente seguros e inclusivos? Para nosotres, la clave principal ante este asunto es que cada espacio reflexione si verdaderamente está comprometide con el bienestar de una comunidad o, si al contrario, responden a unos intereses monetarios, político partidistas y jerárquicos. 

Muchos de los cuestionamientos que se hacen a espacios que atienden a comunidades LGBTTIQAP+ incluyen preguntas, como ¿su espacio fue creado bajo el propósito de lucrarse a través de la explotación de las vicisitudes de una comunidad en particular? ¿Su espacio busca activamente erradicar la brecha entre personas LGBTTIQAP+ y heterosexuales-cisgénero? ¿Es su organización o establecimiento uno que tiene a personas trans y no-binaries ocupando puestos de liderazgo y tomando las decisiones importantes? ¿Se toma en cuenta las necesidades particulares de les empleades trans a la hora de contratarles? ¿Ha creado su organización o establecimiento protocolos para manejar situaciones de violencia o emergencia relacionadas con personas trans y no-binaries? ¿Son los procesos de buscar ayuda en su organización innecesariamente complicados e inaccesibles para las personas trans y no-binaries? Esta serie de interrogantes son básicas para poder entender el problema mayor que rodea a las organizaciones sin fines de lucro, negocios y espacios que atienden a personas de nuestras comunidades.

Es necesario reconocer que se ha colocado trabas innecesarias dentro de muchos procesos bajo el pretexto de limitación de fondos, ignorancia de les empleades, estereotipos sobre ciertas identidades, entre otras. 

Aunque reconocemos que no todos los espacios trans han cometido estos errores, es concerniente encontrar que una gran mayoría aún se encuentra reproduciendo dichos comportamientos. 

No obstante, como comunidades trans y no-binaries también reconocemos que todes somos capaces de mejorar y que el tomar el camino correcto a través de acciones afirmativas podrá reestablecer la confianza de las personas trans, cuir y no-binaries en aquellos espacios que así lo deseen.

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Ínaru Nadia de la Fuente Díaz
Escrito por Ínaru Nadia de la Fuente Díaz
Ínaru es una persona no-binaria, quien es cofundadora de La Sombrilla Cuir, proyecto interseccional, transfeminista y negre que se dedica a la educación popular de temas LGBTTIQAP+, antirracistas y anticapacitistas. Se graduó del bachillerato en Sociología con Énfasis en Género, Filosofía y de la certificación del Programa de Mujeres y Género de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras (UPRRP). Actualmente, estudia Derecho en la UPRRP.