(Foto de Claudia Carbonell)

Sanar. Esa es la intención.

Denunciar. Ese es el fin.

Evitar. Esa es la determinación.

Hoy, me reconozco vulnerable. Por supuesto, me cuestiono lo problemático de este reconocimiento. Particularmente, me preocupa que la vulnerabilidad limite mi capacidad de ocuparme. ¿Acaso son los flagelos del patriarcado los que me vulnerabilizan? 

Sin embargo, tengo la seguridad de que, hoy y ahora, me propongo sanar y denunciar cualquier experiencia de acoso y evitar ser víctima de violencias machistas en el futuro. Me posiciono desde la falta de respuestas y la certeza de que es posible que vuelva a equivocarme y fallar. ¿Acaso son los flagelos del patriarcado los que naturalizan y normalizan las violencias sexistas?

Sanar, denunciar y evitar desde mis vivencias me permite a la vez abogar para que otras mujeres y personas feminizadas sanen, denuncien y eviten prácticas sexistas. ¿Acaso son los flagelos del patriarcado los que individualizan las experiencias que sobreviven las víctimas y no permiten que nos entrecuidemos ni forjemos espacios colectivos antisexistas?

En las pasadas semanas, he sido víctima de acoso y de otras violencias machistas. No son las primeras experiencias y, seguramente, no serán las últimas. A mis 41 años, lo que he vivido en un mes, ha abierto heridas, ha vivificado traumas, ha recrudecido dolores, ha reavivado frustraciones, ha exhibido inseguridades, pero, a la vez, me ha permitido reflexionar y delinear un plan de acción: sanar, denunciar y evitar.

El acoso se dio en un espacio público, entre intelectuales antirracistas. Mientras el acosador me acosaba, mi cuerpo me avisaba, me daba señales; se encogía, rehuía, se protegía. Sin embargo, la mente me hacía dudar, cuestionarme si yo había propiciado el acoso, si yo estaba exagerando, si realmente estaba siendo acosada. ¿Cómo es posible que él se atreva a acercarse, a tocarme, a invadir mi espacio y nadie más se dé cuenta? Con esta pregunta, también, llegaron otras. ¿Cómo es posible que yo no lo haya evitado, que no reaccioné a tiempo, en el momento?

En otro espacio profesional, en el que observé dinámicas machistas del saque, cuando asumí mi turno para hablar, me interrumpieron agresivamente, hablaron por encima de mí y me ningunearon el resto de la reunión. Al parecer, alzar la mano fue un acto desafiante; problematizar una idea y cuestionar un proceso creativo fue visto como un ataque al que había que responder interrumpiendo a la defensiva. Una compañera solidaria intervino. ¿Cómo es posible que a los macharranes les sea tan natural el mansplaining, el tapaboca, el yo hablo por encima de ti o te interrumpo? A la par, me pregunté: “¿Habré hecho mis comentarios de una manera irrespetuosa? ¿Por qué no me quedé callada? ¿Por qué reaccionó otra persona y yo me paralicé?”. 

Voy sanando porque me atreví a denunciar el acoso. Voy sanando porque me atreví a expresar mi opinión. Voy sanando porque lo estoy apalabrando. Voy sanando porque al reflexionar me he enfrentado a mis miedos. Voy sanando porque internalicé que denunciar no es desahuciar al acosador ni al macharrán. Voy sanando porque constato que compartir estas vivencias duras y dolorosas es un acto afrofeminista de liberación. Voy sanando porque denunciando estoy abriendo espacios para la conversa y, posiblemente, evitando que sigamos siendo revictimizadas por los flagelos del patriarcado. 

Los flagelos del patriarcado son aquellas acciones que coartan las posibilidades de las víctimas de violencias sexistas. Los flagelos del patriarcado son las prácticas que equiparan a la víctima y al victimario sin suponer que los procesos de la víctima deben ser paralelos a los del victimario. Los flagelos del patriarcado nos limitan, nos cohíben, nos hacen dudar.

A mí misma, a las mujeres de mi familia, a mis amigas, a mis estudiantes, a mis compañeras de luchas y a mis colegas, les pido perdón si pasé por alto un acoso u otras violencias machistas, si no me di cuenta o si me quedé de brazos cruzados. De ahora en adelante, en solidaridad y sororidad, sanaremos, denunciaremos y evitaremos sucumbir ante los flagelos del patriarcado. 

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Escrito por Bárbara I. Abadía-Rexach
Es doctora en Antropología Social. Es profesora de Afrolatinidades en el Latina/o Studies Department de San Francisco State University, y estudia raza y música en Puerto Rico y sus diásporas. Es la autora del libro "Musicalizando la raza. La racialización en Puerto Rico a través de la música" (Ediciones Puerto, 2012).