Denuncian invisibilización de feminicidios en Latinoamérica durante la pandemia

(Foto de archivo de Ana María Abruña Reyes) 

A pesar de que el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, instó a los gobiernos a que profundizaran en las políticas públicas para erradicar la violencia de género, los países no han ahondado en sus acciones desde el inicio de la pandemia por la COVID-19, sobresalió, el jueves, en el conversatorio latinoamericano Feminicidios en tiempos de pandemia: ¿Qué pasa en América Latina?

“A principios de abril, recibimos la alerta, por parte de los territorios, sobre el incremento de los feminicidios en el contexto de permanecer encerradas con los agresores, pero no veíamos ninguna herramienta que dé cuenta de este avance”, sostuvo la abogada argentina Eugenia D’Angelo.

Ante este incremento en muertes violentas de mujeres, la organización MundoSur, entidad dirigida por la letrada y dedicada a fortalecer políticas públicas con enfoque en derechos humanos, creó el Mapa Latinoamericano de Feminicidios (MLF) y la Red Latinoamericana Contra la Violencia de Género.

“Existe una herramienta que visualiza los avances de los contagios y muertes de la COVID-19 desde el momento cero, pero no existía nada que mostrara lo que está pasando con estas mujeres que están siendo asesinadas en este contexto (de aislamiento)”, afirmó D’Angelo.

Como representación de algunas de las organizaciones que pertenecen a esta iniciativa, también participaron del panel Geraldina Guerra, integrante de la Alianza para el Mapeo de los Feminicidios en el Ecuador; Deborah Upegui-Hernández, representante del Observatorio de Equidad de Género en Puerto Rico; Viviane Monteiro, profesora brasileña radicada en Ecuador y experta en peritaje criminológico de feminicidios; y Paola Maldonado Tobar, geógrafa y representante de la fundación Aldea.

Según la abogada argentina, pese a los compromisos firmados por los estados para combatir la violencia de género, algunos gobiernos carecen de datos recientes de cómo los feminicidios impactan sus territorios, labor que ha disminuido desde el inicio de la cuarentena.

Diferencias considerables entre registros oficiales y comunitarios

A medida que se entrelazaban los datos para la creación del MLF, se dieron cuenta de que las cifras recopiladas por organizaciones de base comunitarias eran más altas que las presentadas por los estados.

En Colombia, por ejemplo, el gobierno contabilizó, desde el inicio del año hasta el 31 de mayo, 66 feminicidios, mientras que las entidades feministas aseguran que, un mes antes, 156 mujeres habían sido asesinadas de forma violenta.

“Los mapas nos han permitido hacer que el Estado monitoree y verifique cada caso y comprenda por qué tiene menos datos que la sociedad civil… Es obligación del Estado encontrar los mejores mecanismos para tener un registro correcto”, puntualizó Guerra, especialista en derechos humanos y género.

La también activista resaltó que, en Ecuador, el gobierno solo registra los casos que están judicializados, pero que no todos los feminicidios se atienden por el magistrado. Según Guerra, cuando el victimario se suicida tras asesinar a la mujer, el evento se archiva y no se incluye en las cifras estatales.

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Por su parte, la analista puertorriqueña Upegui-Hernández destacó que las respuestas estatales inexistentes no se hallan, quizás, por la ausencia femenina dentro de los espacios de poder.

“En Puerto Rico, tenemos una gobernadora que es mujer y que fue exprocuradora de las mujeres, y aun así se ha mantenido, completamente, en silencio ante la situación que estamos viviendo de violencia de género… Las mujeres sí tenemos que seguir reclamando, pero hay que entender que todo esto obedece a un sistema político y a un sistema de patriarcado en el que muchas veces las mujeres también pueden ser cómplices en algunos aspectos”, apuntó.

 

Estado ausente ante aumento de violencia de género

Según los datos presentados en el MLF, desde el inicio de la cuarentena en América Latina a mediados de marzo, 327 mujeres han sido asesinadas de forma violenta por razones de género.

“El mundo frenó, pero la violencia contra las mujeres no solamente continuó, sino que incrementó porque el aislamiento y la incomunicación de la mujer siempre fueron armas poderosas para la sumisión de esa mujer. Mantener a la mujer aislada siempre fue una estrategia del victimario para poder perpetuar y continuar con el ciclo de sumisión y violencia”, sentenció Monteiro, perito de feminicidios.

En Ecuador, de acuerdo con Guerra, los primeros dos meses no se conocieron muchos casos de violencia de género, pese a que aseguró que “la violencia se genera y se multiplica en silencio”. Sin embargo, en las últimas semanas, dos casos provocaron que la información sobre los feminicidios aumentara: dos niñas de 8 y 10 años desaparecieron y fueron halladas “mutiladas, desmembradas y metidas en sacos” y, por otro lado, dos hermanas fueron asesinadas frente a sus hijos por un mismo agresor y en la misma casa.

Por su parte, en Puerto Rico, ha habido un aumento, desde el inicio de la cuarentena, de 83 por ciento de muertes mujeres y niñas y personas de la comunidad LGBTTQI+ en comparación con el mismo periodo para el 2019.

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Pese a este incremento, localmente, no ha habido un apoyo gubernamental a las víctimas de violencia de género desde la exclusión de los albergues de sobrevivientes en las órdenes ejecutivas hasta la falta de transparencia por la Oficina de la Procuradora de las Mujeres a la hora de informar cuántas personas han llamado a línea de emergencia para mujeres que puedan estar en situaciones de agresión.

“La Rama Judicial entabló un servicio para brindar órdenes de protección a través de mecanismos virtuales; sin embargo, esto exigía que la persona estuviera en línea por videollamada entre 30 minutos a una hora. Si estás en tu casa con el agresor, eso es prácticamente imposible”, sostuvo Upegui-Hernández.

Según la analista del Observatorio de Equidad de Género, las solicitudes de órdenes de protección han disminuido desde la implantación del toque de queda y, de abril a mayo, hubo una baja de, al menos, el 25 por ciento en este tipo de peticiones.

Además de los feminicidios, las expertas subrayaron la importancia de que los estados comiencen a atacar las desapariciones de mujeres, adolescentes y niñas, pues, según Guerra, la mayoría de las ocasiones estas personas son halladas asesinadas.

“¿Cuántas de las mujeres desaparecidas luego son feminicidios? Al momento, en Ecuador, hay más de 200 casos de niñas y niños desaparecidos de los que más del 70 por ciento son de sexo femenino, y varias de ellas van apareciendo, cada dos semanas, muertas”, apuntó Guerra.

En el archipiélago, de enero a marzo, desaparecieron cuatro mujeres, una de ellas menor de 18 años. No obstante, desde el inicio de la cuarenta, se han reportado, al menos, 10 mujeres y niñas desaparecidas, entre estas personas, seis eran menores de edad.

“Hemos vistos casos de chicas desaparecidas, alrededor de toda Latinoamérica, que a sus familias no las han dejado salir a buscar a sus hijas desaparecidas, (debido a los toques de queda), y, al final, aparecen muertas”, puntualizó Monteiro.

Para las integrantes de esta red, el mapa es una herramienta de visualización y de denuncia para reclamar acciones urgentes a los estados.

“No queremos que nuestro trabajo se tome como números vacíos porque sabemos que cada una de estas mujeres que perdió la vida perdió su historia, perdió sus sueños y que, justamente, si fue asesinada, fue por muchas violencias que, anteriormente, no fueron escuchadas y no fueron tratadas por quienes tenían la obligación de tratarlas y escucharlas”, resaltó la directora de MundoSur. 

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