La brutal realidad de las madres puertorriqueñas

Foto Ana María Abruña Reyes

(Foto por Ana María Abruña Reyes)

“¿Cómo logras el balance entre tu vida laboral y tu rol como madre?”, es una pregunta que se le hace con demasiada frecuencia a las mujeres que tienen hijos, sobre todo si son figuras públicas, empresarias o reconocidas por su éxito en el campo laboral. Es una pregunta para la que no existe una contestación que no sea “tengo una niñera”, como se lanzó a responder la comediante vietnamita y china Ali Wong en uno de sus especiales de comedia para Netflix, Baby Cobra.

Pero, ella lo explica abiertamente en una entrevista que ofreció al New York Times. La razón por la que cuenta con una niñera es porque tiene dinero para pagarla, y las celebridades o las mujeres en altos puestos ejecutivos, aquellas que encajan con el ideal de una madre y trabajadora exitosa, tienen el dinero y la flexibilidad para cumplir cabalmente con ambos roles. La mayoría de las veces no hay tal “balance”. Y no hay balance porque la maternidad de sonrisa de dientes blancos, como se muestra en las páginas de brillo de las revistas dedicadas a las mujeres, en los anuncios de billboards y televisión, no existe. Si existe, no está accesible para la mayoría.

En Puerto Rico, el 70.1% de las familias de madres solteras, con menores de 18 años, viven bajo el nivel de pobreza, según establecido por la Oficina de Manejo y Presupuesto de Estados Unidos y reportado por el Instituto de Desarrollo de la Juventud.

Mientras, datos del Negociado del Censo apuntan a que la participación laboral de las mujeres jefas de familia es de cerca del 51.7%. La mitad son trabajadoras a tiempo parcial y 19.5% a tiempo completo, la mayoría en el sector de servicios.

El ingreso promedio para las mujeres jefas de familia es de $11,400 anuales. Para los hombres, jefes de familia la participación laboral es de 70.8% y el ingreso promedio de $16,400.

Mucho tiene que ver la desigualdad económica fomentada por el capitalismo, que se sostiene por el trabajo no remunerado que hacen las mujeres, relega los cuidados a las madres y los trata como un asunto individual y privado, en vez de un tema de bienestar público del que se beneficiará toda la sociedad.

Aunque Puerto Rico se ubicó entre los países de avanzada cuando en 1942 aprobó la Ley de Protección de Madres Obreras para proveer licencia de maternidad de cuatro semanas antes del parto y cuatro semanas después del alumbramiento, en la actualidad, esa ley se queda corta. Muchos la consideran generosa cuando se compara con la pobre legislación que hay sobre este tema en Estados Unidos, donde muchas madres solo pueden agotar sus días de vacaciones para dar a luz y estar las primeras semanas de vida de su bebé fuera del trabajo.

Sin embargo, en nuestros tiempos, esta ley se queda corta. Parte de la premisa de que a las cuatro semanas, una madre debería retomar sus labores como empleada y dejar a un bebé de apenas un mes al cuidado de otra persona. Además, no existe legislación sobre licencia de paternidad para que los padres puedan asumir su responsabilidad equitativamente. Solo el municipio de San Juan cuenta con una ordenanza que extiende la licencia de maternidad de 12 semanas a 24 semanas y la de paternidad de cinco días a cuatro semanas para empleadas y empleados municipales.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) establece que se deben otorgar al menos 12 semanas, aunque propone que sean 14 semanas.

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Falta de apoyo limita la participación ciudadana

El cuido de niños suele ser fuente de preocupación y estrés para muchas madres. A diferencia de otros países desarrollados, son muy pocos los centros de trabajo en Puerto Rico que ofrecen cuido de niños a los padres y las madres trabajadoras. Los centros de cuido privado suelen tomar una importante tajada del sueldo de los progenitores.

“Estamos viviendo en una sociedad en que todos y todas nos sentimos estresados porque vivimos presionados con cumplir con múltiples obligaciones. No solamente con una jornada de trabajo, sino con una jornada más allá de ese trabajo, que es la jornada que viven muchas mujeres con sus hijos, muchas de las cuales son también madres solteras o tienen la jefatura de familia. Recae en ellas no solamente el tiempo de cuido, sino además la parte económica”, expresó Tania García Ramos, experta en el área de psicología del trabajo y directora actual del Instituto de Relaciones del Trabajo del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico.

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Es bien sabido cómo la falta de apoyo en el cuidado de los menores no solo limita la vida social y recreativa de las madres, sino que también afecta su vida laboral y su vida en sociedad. Fuera de horas laborables, son muchas las madres que no pueden involucrarse en sus comunidades, iglesias, sindicatos y en otras organizaciones que aportan al desarrollo de una vida digna.

Maternidad en soledad

La falta de políticas públicas con perspectiva de género y sensibles a las madres que reviertan la brutal realidad de la maternidad en Puerto Rico complican una tarea que es sumamente difícil y que provoca que muchas se arrepientan de la maternidad.

De eso se ha hablado muy poco. Hasta tiempos recientes, cuando autoras como la israelí Oma Donath rompió paradigmas al publicar su libro Madres arrepentidas: Una mirada radical a la maternidad y sus falacias, y la chilena Lina Meruane sacó Contra los hijos, la sociedad ha castigado a las mujeres que no cumplen con la expectativa de la maternidad sacrificada y abnegada.

Y es que, culturalmente, el anuncio de un embarazo se celebra en sociedad, pero las penurias de la maternidad se asumen en silencio, en compañía del padre, cuando está, y, a veces, en menor grado, de abuelas, tías y familia extendida. Los juicios, esos sí llegan rápido.

Mientras para muchas personas es aceptable la realidad “caóticamente hermosa”, como vende una famosa marca de pañales, otras reclaman que no tendría que ser así.

“No lo es. No es hermoso”, cuenta Tatiana Rivera a la mesa de un restaurante en Caguas, en uno de esos escasos momentos que tiene para despejarse, pues no le toca regresar al trabajo ese día y su bebé de ocho meses está bajo el cuidado de una prima.

Ella ama a su bebé, claro que sí. Y esta parece ser una línea que obligatoriamente hay que incluir al hablar de este tema en un intento por espantar un poco los señalamientos que vienen con la osadía de verbalizar lo terrible de la maternidad. Pero, ese amor no fue instantáneo, se desarrolló con el tiempo.

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Tatiana comenzaba un trabajo que le prometía crecer profesionalmente cuando se enteró de que estaba embarazada. Una condición de salud la obligó a permanecer acostada con un cerclaje desde el quinto mes y tuvo que renunciar a su empleo. Dependía entonces de los ingresos de su esposo.

“Hay un día que duermes un ocho horas corridas y, desde el siguiente, no vas a volver a dormir así”, establece.“Cuando llego a mi casa con el bebé, me digo: ‘¿Y qué yo voy a hacer ahora con este ser humano?’”.

El niño nació bajo peso y el proceso de lactancia fue sumamente difícil para la recién estrenada mamá. Los reclamos que sentía de enfermeras sobre por qué no lactaba al niño a tiempo completo se combinaron con sentimientos de culpabilidad.

“Yo me sentaba a llorar todas las tardes. Esto no es bonito. Yo no quiero esto”, recuerda que decía sobre lo que describió como una depresión postparto, muy común entre mujeres recién paridas.

“A mí me vendieron una maternidad que no existe. Porque la maternidad es un proceso de soledad. Es un proceso bien duro y, por más que los discursos griten, por la forma en que está sostenida la sociedad, te tienes que tragar el discurso y escoger las luchas que vas a dar sabiendo que no las vas a ganar todas”.

Mira aquí el fotoensayo 19 días siendo madre

*La periodista Amary Santiago Torres y el periodista Rafael Díaz Torres colaboraron en esta historia. 

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Cristina del Mar Quiles
Escrito por Cristina del Mar Quiles
Periodista y educadora de Caguas, Puerto Rico. Ha trabajado por los pasados 11 años en prensa escrita, radio, multimedios y de manera independiente como reportera, editora y productora.