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Las relaciones sexuales van más allá de “pasivo”, “activo” y “versátil”

Aviso de contenido: Para propósitos educativos, esta columna estará describiendo prácticas sexuales penetrativas y no-penetrativas entre seres humanos. 

“Dos hombres gays activos juntitos en un mismo cuarto se pondrían a hablar de carros y, al contrario, dos pasivos harían una coreografía de Lady Gaga, pero sexo no tendrían” – Chiste muy común entre hombres gay. 

Somos muches quienes podemos afirmar que la diversidad sexual es tan amplia como la cantidad de estrellas que vemos en el cielo. Constantemente, escuchamos a compañeres decir coloquialmente que “para los gustos los colores”, con la intención de visibilizar el hecho de que dentro de nuestra diversidad humana puede haber una inmensidad infinita de gustos, incluyendo en la dimensión sexual. Sin embargo, a pesar de lo mucho que se repiten dichas afirmaciones, muchas personas aún se encuentran atrapadas por ideas limitantes y estáticas sobre los “roles sexuales” que se presumen que deben ejecutar las personas. Estos “roles” se ven como mutuamente excluyentes y se asumen como naturales, incluso entre comunidades tan sexo-disidente como la LGBTTIQAP+.

Uno de los ejemplos más comunes es el de las interacciones entre hombres gay, en las que constantemente a través de las aplicaciones de encuentros sexuales y citas, como Grindr, se preguntan cuál “rol sexual” desempeñan. Dentro de esta comunidad, los roles más comúnmente vistos son los de pasivo (persona que es penetrada), activo (persona que penetra) o versátil (persona que puede penetrar y ser penetrada), además de algunas variaciones y categorías adicionales que aún luchan por reconocimiento. 

Para muchos hombres gay, preguntar por el rol que desempeñas viene desde la idea de que para poder tener mayor compatibilidad en la cama con una persona, ambos deben asumir roles sexuales opuestos (activo/pasivo) o que, al menos, una de las dos personas sea más abierta hacer de todo (generalmente versátil). 

Algunos de los problemas con estas categorías es que (1) vienen directamente desde ideales tradicionales sobre la sexualidad, (2) excluyen a otros posibles roles sexuales y (3) reduce la sexualidad humana al contacto entre genitales. 

La penetración compulsoria

A muches de nosotres se nos enseñó a temprana edad que la sexualidad se da entre un hombre y una mujer, ambos siendo cisgéneros y heterosexuales. La relación que se espera entre ambes es desde la subordinación de la mujer ante el hombre, en la que al hombre le toca penetrar con su miembro a la mujer, mientras ella pasivamente espera ser penetrada. Esta idea desembocó en que se viera la penetración como el fin de las relaciones sexuales: no se llama sexo si no hay penetración vaginal o anal, y todo lo anterior es “preámbulo” o “foreplay”. El efecto que tiene este pensamiento es una sexualidad en la que no se ve a las mujeres como sujetos capaces de penetrar, ni a los hombres capaces de ser penetrados. Además, dentro de todo esto, se centraliza el pene como única alternativa de penetración y creación de placer. 

Efectos de la penetración compulsoria entre hombres gay

En una columna anterior mencioné cómo la heteronormativa afectó directamente el comportamiento de las personas homosexuales, al punto de crear una homonormativa, o sea, una normativa de cómo deben comportarse las parejas homosexuales. La dimensión sexual de las personas LGBTTIQAP+ también quedó afectada por estos ideales. Las parejas de hombres gays comenzaron a asumir unos ”roles sexuales” en los que uno era siempre el penetrado y el otro el que penetra. Así también todo hombre gay que expresara su género de manera afeminada se le categorizaba como pasivo, mientras que a los que se expresaran de manera masculina se les entendía como activos. 

Parte del problema que trae esto, es que se entendía que las personas no podían salirse de las cajitas en las que se les había puesto. Así, no podía existir un hombre gay afeminado que penetrara, ni uno masculino que fuera penetrable, algo que viene directamente de asociar la femineidad con ser mujer y la masculinidad con ser hombre. Reducir a los seres humanos a etiquetas sexuales creó jerarquías en las que se comenzó a ver a los activos como superiores y a los pasivos como inferiores. El resto de las variaciones no existen o no son lo suficientemente importantes. Esto ha manifestado en la sociedad actual en cómo aún hay mucha resistencia para entender que hay personas que disfrutan tanto de penetrar como ser penetradas o, por el contrario, que existen personas que ni siquiera les gusta penetrar o ser penetradas. 

Más allá de activo, pasivo y versátil 

Recientemente, Grindrañadió a los perfiles de sus usuarios nuevas categorías sexuales en el encasillado de “posición” (rol sexual). Antes solo contaba con las categorías de activo, pasivo o versátil, pero cambió con la reciente incorporación de “vers activo”, “vers pasivo” y “side”. Más allá de los primeros dos, los cuales son una variación a “versátil”, el más que tiende a confundir a muchos usuarios es la opción de “side” (no cuenta con traducción, pero significa “al lado”). “Side” es un rol sexual en el que la persona prefiere interacciones sexuales orales, eróticas y otras prácticas que no sean la de penetrar o de ser penetrada. Aunque pudiésemos considerar como un avance que se incluyan estos roles sexuales en una aplicación tan prominente como Grindr, no podemos olvidar que sigue partiendo desde un sistema categórico que encajona a las personas en roles que se presumen predeterminados e incambiables. 

Más allá de los “roles sexuales”

La sexualidad humana no se puede reducir a meros roles sexuales predeterminados. La procreación y el placer no son las únicas funciones de la genitalia humana y dentro de la sexualidad humana hay un sinnúmero de áreas que se pueden explorar. Pretender que las personas se limiten al uso de su genitalia puede interponerse en el pleno desarrollo de su sexualidad. Es por esto que, a medida de que aceptemos que existe la diversidad, nos damos la oportunidad de explorar otras áreas del cuerpo que pueden ser tanto erógenas como eróticas. Además, podemos ver los instrumentos de placer personal y compartido como elementos complementarios a nuestro placer y no como “consoladores” cuando no hay quién nos acompañe. 

Como personas LGBTTIQAP+, es nuestro trabajo cuestionar cómo se nos ha impuesto la penetración con un pene como única manera válida de tener relaciones sexuales y como esto echa a un lado a muchas personas dentro de nuestra comunidad. ¿Dónde situamos a las parejas donde ambas personas tienen vagina? ¿Concluiríamos que sus interacciones carecen de sexo por no intermediar un pene en el acto? 

Que quede claro: no hay nada malo con que te guste penetrar o que te penetren. Cada cual debe ser libre de escoger cómo sentir su placer. Lo que sí está incorrecto es minimizar, humillar o degradar las prácticas sexuales de las demás personas solo por que no caen dentro de tu narrativa sobre la sexualidad humana. 

No hay libertad política sin libertad sexual. Pero no hay libertad sexual sin consentimiento ni la libre elección de nuestros placeres, acciones en las que no intervengan los prejuicios ni los pensamientos patriarcales. 

Lee otras columnas de Ínaru Nadia de la Fuente Díaz

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