columna Héctor

(Foto de Elyssa Fahndrich en Unsplash)

Salí del clóset a mis 19 años mientras cursaba el tercer año de bachillerato. Mis amigos más cercanos, in illo tempore, eran hombres heterosexuales. No fue hasta que acepté mi sexualidad que me atreví a relacionarme más íntimamente con las chicas.

De repente, dejé de sentirme, digamos, intimidado por la fuerza y el poder de ellas; automáticamente, las asumí como amigas en la lucha por mis derechos como hombre homosexual. Pero… ¡sorpresa! Mientras analizaba mis conversaciones e interacciones en esa etapa posclóset, me percaté de que toda mi vida había sido un gay machista, y corría el peligro de seguir siéndolo.

Ningún gay puede pretender a las mujeres como aliadas de la causa LGBTTQIA si impone sobre ellas los mismos o nuevos abusos del patriarcado. Ser gay no nos excusa ni mucho menos nos autoriza a reproducir la violencia de la que hemos sido víctimas.

A continuación, iré “regañando” al Héctor que, hace 15 años y casi siempre sin querer, asumió alguna de las siguientes versiones del gay machista. Bueno, la verdad es que no todos ellos aluden al “yo” del pasado, sino también a algunos de mis conocidos. Solo por esta ocasión, iré a la guillotina por ustedes… solo por esta ocasión.

1- El tocón / El ligón

El no sentir deseo sexual o interés erótico jamás te faculta para tocar o mirar inapropiadamente a una mujer sin pedirle autorización.

2- El promotor de reinas

Si validas estereotipos de belleza, eres parte del problema. “Esta necesita rebajar”, “Esa es más macho que yo” son frases que te hacen un hipócrita y falso feminista.

3- El “traductor”

Quizás lo más difícil de erradicar es el mansplaining. Cuando hables con una mujer o haya una en un grupo que conversa, vigila si la interrumpes a cada rato. También, verifica si refraseas lo que ella dijo para “explicarla” o “que se entienda mejor”; o si presentas una idea que crees tuya, pero que, en realidad, ya fue enunciada de otra manera por una mujer. Si incurres en alguna de esas prácticas, eres tremendo machista, especialmente si comienzas con “Lo que ella quiso decir…”.

4- El lesbofóbico

“Les tengo miedo a las lesbianas”. ¿Qué? ¿En serio? Me parece que no hay que explicar lo nefasto de este comportamiento.

5- El sabelotodo

Aborto, menstruación y muchos otros temas representan experiencias que solo vivirá una mujer. No hay justificación para opinar sobre esos procesos por los que es imposible que pasemos. Hay que creer en ellas y apoyarlas, punto.

6- El pseudofeminista

Secretamente, apoyas desigualdades entre los géneros. Haces chistes heterosexistas, y te pones de parte de tus amigos macharranes cuando discuten temas relacionados; los defiendes, los justificas, les “pasas la manita”. Eres un hipócrita de los peores.

7- El papito

Eres de apariencia cisgénero, y te crees que las mujeres te tienen que tratar como superior. Asumes actitudes de cortejo y degradación de la mujer. ¡Ay, por favor! Ponte a leer un buen libro.

8- El transfóbico

¿Quién eres tú para decirle a alguien “Tú no eres mujer” o “Tú no eres una verdadera mujer”?

9- El hipócrita

Te he visto reflejado en pasos de comedia local. Haces travestismo para burlarte de rasgos que patriarcalmente se han construido como debilidades femeninas. ¿Qué moral tienes para reclamar derechos para tu “comunidad”?

10- El homofóbico

Tú eres el peor. Eres de apariencia cis, y discriminas contra otros gays por exhibir rasgos que patriarcalmente se han construido como debilidades femeninas. No has entendido nada. Te recomiendo ponerte a leer.

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Héctor Aponte Alequín
Escrito por Héctor Aponte Alequín
Lingüista, periodista, educador y especialista en lengua y literatura hispánicas. Es catedrático auxiliar adjunto en los programas de Cursos Medulares e Información y Periodismo en la Escuela de Comunicación de la Universidad de Puerto Rico.