columna Mariana

(Foto de archivo de Ana María Abruña Reyes)

Caminamos de la mano con todas las mujeres transgresoras que deciden enfrentar al sistema no importa las consecuencias. 

Caminamos con ellas porque sus reclamos son reclamos de justicia no solo para ellas, sino para los demás. 

Caminamos con ellas porque creen en un mundo más justo para todas las personas, porque aborrecen la desigualdad y combaten la pobreza.

Caminamos con ellas el primero de mayo y el resto de las ocasiones en que decidan protestar, de la manera que ellas escojan y como quieran, porque la protesta que no incomoda no es protesta, sino esfuerzo fútil para las gradas.

Ni aquel policía cobarde que levanta una pancarta de madera enrollada para batear la cabeza de una estudiante. 

Ni el que le grita puta a otra mientras está esposada y sentada en la perrera de la policía.

Ni aquéllos que se atrevieron a entrar a un apartamento y revolcarlo dejando una foto familiar estratégicamente colocada en la cama. 

Ni los que repartieron macanazos a diestra y siniestra, siempre ensañados contra las mujeres.

Ni aquel agente del S.W.A.T., que estando las abogadas tiradas en el piso por el efecto de gases lacrimógenos, nos roció con gas pimienta porque creyó que podía hacerlo.

Ni los guardias de arrestos especiales que nos secuestraron vestidos de civil y en carros no identificados.

Ni los agentes del CRADIC que graban nuestras caras y preparan nuestras carpetas digitales guardadas en Policía 11 Data.

Ni el sistema de justicia estatal y federal que nos procesa y no escatima en recursos para reprimirnos podrán con nosotras.

Ni las cárceles federales que nos aprisionan e intervienen mientras grabadas en video nos cortan hasta nuestra ropa interior y quedamos desnudas ante un guardia ligón.

Ni aquéllos que revisan nuestras redes, nuestras familias, nuestras llamadas nos intimidarán.

Ni aquellos policías y fiscales que intentan citarnos a las abogadas o presentar cargos fabricados contra nuestras hermanas amedrentarán nuestro espíritu porque sí, somos «las mismas», como nos dicen en los cuarteles, y sí hacemos el trabajo que a ustedes le incomoda.

Ni los miles de días de procesamientos. 

Ni las querellas administrativas inconclusas.

Ni todas las estrategias burdas y sofisticadas que utilizan contra nosotras nos harán rendirnos.

Porque todas nosotras,

las transgresoras, 

formamos una pared enorme y fuerte; 

virtual y de carne y hueso 

que resiste la represión de ustedes 

y que vencerá y tendrá justicia histórica.

Nosotras transgredimos y transgrediremos para lograr un mejor Puerto Rico para todas. 

No podrán contra nosotras porque nos tenemos a nosotras.

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Escrito por Mariana Nogales Molinelli
Abogada, presidenta de la Comisión de la Mujer del Colegio de Abogadas y Abogados de Puerto Rico, activista de derechos humanos y excandidata a comisionada residente en Washington.