¿Por qué les molesta tanto el concepto “género”?

Perspectiva de género en la educación en Puerto Rico. Ilustración por Ivia Pantoja.

Ilustración de Ivia Pantoja

El concepto “género”: ese que genera una gran controversia y tergiversación. A los conservadores, este término les aterra. Pero, ¿por qué le tienen tanto miedo a esta palabra? 

Desde hace más de una década, llevamos escuchando en la opinión pública que el Departamento de Educación (DE) implementará la educación con perspectiva de género en las escuelas como una herramienta para disminuir la violencia machista en el país. 

Las veces que el tema acapara el foro público, se genera un debate, como si los derechos humanos fueran debatibles, el sector conservador presiona, se cambia el concepto a “equidad” y el día de la implementación no llega. Así, continuamos en bucle desde hace más de diez años. 

La diferencia de antes y ahora es que la implementación de la educación con perspectiva de género es parte de una orden ejecutiva con la que se declaró un Estado de Emergencia por violencia de género. 

El 18 de enero, el secretario interino del DE, Eliezer Ramos Parés confirmó que el currículo que la institución se propone implementar para atender la perspectiva de género se llamará Currículo de equidad y respeto entre los seres humanos.

Argumentó, también, que el cambio en cómo se abordará el tema responde a “preocupaciones” de varios sectores y el reconocimiento de que “el nombre no hace la cosa”. 

El miedo a la perspectiva de género

Ahora, me pregunto, ¿el sector conservador del país, realmente, entiende qué significa la perspectiva de género y el género como un concepto dentro de las ciencias sociales?

Partiendo desde lo más básico, la perspectiva de género es eso, representa la forma de alcanzar la equidad y el respeto entre los seres humanos. 

De acuerdo con la entidad de la Organización de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer (ONU Mujeres), la perspectiva de género es un conjunto de enfoques específicos y estratégicos así como procesos técnicos e institucionales que se adoptan para alcanzar la equidad entre las personas. 

Por lo tanto, argumentar que se implementará un currículo de equidad y respeto hacia los seres humanos sin incorporar la perspectiva de género como una categoría analítica para explicar y solucionar las desigualdades no tiene sentido. Hay una falta de entendimiento evidente sobre las definiciones de los conceptos. 

Estas personas, que ocupan cargos políticos, ni siquiera pueden buscar el significado de un término en fuentes confiables.  

Desde 1995, en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, se defendió la incorporación de una perspectiva de género como un enfoque fundamental y estratégico para alcanzar los compromisos con la igualdad. 

La perspectiva de género nos permite repensar los mandatos asignados a los roles de hombre y mujer, vivir la construcción de nuestra identidad de género con libertad, valorar la diversidad y promover relaciones de equidad. 

Entendiendo la identidad de género 

Ese mismo día, también nos enteramos de que en el currículo no se hablará de identidad de género. ¿Cuál es la molestia con la identidad de género? ¿Los fundamentalistas realmente conocen qué significa? Hasta ellos mismos, que no pueden ni escuchar la palabra, tienen identidad de género. 

Todas las personas desarrollamos una identidad de género. Desde 1955, la psicología clínica definió este concepto para entender cómo se construye y se expresa la identidad de los seres humanos.  

Según Healthychildren. org de la Academia Americana de Pediatría, “la identidad de género se refiere al sentimiento interno que las personas tienen de quiénes son, que surge de una interacción de los rasgos biológicos, las influencias del desarrollo y las condiciones del entorno. Puede ser masculino, femenino, algo en el medio, una combinación de ambas cosas o ninguna”.

La identidad de género suele desarrollarse desde los dos años de edad. La niñez empieza a tomar conciencia de las diferencias físicas entre hombres y mujeres. Durante esta misma época de la vida, la niñez aprende conductas del rol de género. Es decir, “cosas que hacen los hombres” o “cosas que hacen las mujeres”. 

Sin embargo, las preferencias entre género cruzado y el juego son parte normal de la exploración y el desarrollo del género independientemente de su futura identidad de género, expone Healthychildren.org. 

Solamente hay que ir a la sección de juguetes de una tienda para observar cómo desde la socialización del juego construimos la identidad. Las niñas juegan a la cocina y a ser madres y los niños juegan con carritos, superhéroes y pistolas. 

Por consiguiente, al ser un constructo sociocultural e histórico, hay personas que no encajan en esos patrones tan rígidos de lo que es ser una mujer y un hombre. 

¿Cómo podemos hablar de respeto y equidad entre los seres humanos si no somos capaces de respetar su identidad, lo que esa persona es? ¿Cómo podemos hablar de respeto y equidad sin brindarle las herramientas a la niñez y la adolescencia para que comprendan su desarrollo, se sientan acompañados y amados? 

Somos seres sexuales desde que nacemos hasta que morimos 

En las redes sociales, también, he leído que “van a promover hasta el sexo anal en las escuelas”. 

La perspectiva de género y la Educación Sexual Integral (ESI) son cuestiones distintas. Que, definitivamente, una debe de acompañar a la otra porque dentro de la sexualidad humana hay muchos sesgos que generan desigualdades. 

Cuando se habla de que se debe integrar la perspectiva de género dentro de la ESI, nos referimos a que comprender la construcción histórica del género masculino y el femenino facilita analizar las distintas formas en las que las relaciones sociales entre hombres y mujeres están mediadas por el poder. Esto genera una situación de desigualdad estructural y sistémica para las mujeres. Por lo tanto, reconocer la inequidad es fundamental para proponer nuevas formas de vinculación más justas entre las personas. 

Incluir la perspectiva de género en la ESI implica, también, reconocer que, aunque las normas de género tradicionales son dañinas para los hombres, quienes están en una posición de mayor vulnerabilidad son las mujeres, identidades trans y no binarias, expone la guía básica para trabajar en la escuela y en la familia sobre Educación Sexual Integral de la editorial Siglo Veintiuno Editores. 

Y si se habla de sexualidad en las escuelas desde una posición crítica como es la ESI, ¿cuál es el problema? ¿Vamos a seguir negando que somos seres sexuales desde que nacemos hasta que morimos? ¿Vamos a seguir negando que muchos adolescentes ya se iniciaron sexualmente? 

“En América Latina, cerca de 50% de adolescentes menores de 17 años son sexualmente activos y en muchos países la edad promedio de inicio sexual es de 15 a 16 años para mujeres y de 14 a 15 años para hombres, observándose que algunos países del Caribe, los hombres adolescentes inician su actividad sexual entre los 10 y 12 años por lo que a los 15 años 90% ya han tenido su primera experiencia sexual. La edad de inicio es menor en hombres que en mujeres en América Latina y el Caribe”, según la Encuesta Nacional sobre Salud Sexual y Reproductiva (ENASSER). 

La ESI entienden la sexualidad como una dimensión en la vida de las personas que se desarrolla desde el nacimiento y que no se refiere solo a la genitalidad, sino que vincula varios aspectos, como los sentimientos y la afectividad, la identidad, las formas de relacionarnos con otros y de experimentar el placer, el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos, y el reconocimiento y cuidado del propio cuerpo y el cuerpo del otro. De esta manera, se estimulan y fortalecen valores como la solidaridad, el respeto, la inclusión y la participación ciudadana, establece la guía de Siglo Veintiuno Editores. 

Así que, en ningún momento, la educación sexual crítica plantea enseñar prácticas sexuales a la niñez y a los adolescentes. Por eso, es tan importante ir a las definiciones para que realmente podamos comprender. 

Hace algunos días, leí una frase del sociólogo Alvin Toffler que decía: “Los analfabetas del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender”. Y esto es lo que está sucediendo con el sector conservador y fundamentalista del país. Están ensimismados en una visión del mundo que ya no existe. Y bajo esa arrogancia de no querer desaprender y reaprender, laceran los derechos humanos. 

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Escrito por Alejandra Lara Infante
Periodista y educadora. Graduada de la Universidad de Puerto Rico con una secuencia curricular en Estudios de la Mujer y el Género. Cuenta con una maestría en Estudios de Género con una especialidad en Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense de Madrid.