Abogan por la representación digna de las mujeres gordas en todos los espacios

Leurick Valentín

(La feminista y escritora Leurick Valentín.)

Ana Castillo Muñoz, de 30 años, siempre ha​ ​sentido que el simple acto de caminar por la calle, mientras habita en un cuerpo gordo y negro, es sinónimo de enfrentar distintas violencias.

Aunque para Castillo Muñoz ser una mujer negra e hija de padres inmigrantes es complejo ya de por sí, ser gorda lo complica aún más.

Las mujeres gordas son más vulnerables a la violencia, resalta el escrito Feminización de la gordura: estudio cualitativo en Santiago de Chile, de María Alejandra Energici, Elaine Acosta, Macarena Huaiquimilla y Florencia Bórquez. Como las personas gordas son seres que han sido culpados por su propio aspecto, se consienten las agresiones hacia ellas y “termina siendo una forma de violencia hacia la mujer autorizada socialmente”. La investigación señala que esta violencia se manifiesta de manera directa e indirecta. 

“Gorda barraca”. “Gorda pamplona”. “Lechona”. “Vaca’’. La violencia directa se puede comparar a cuando en los pasillos de la escuela escuchas sobrenombres como estos. Estas agresiones laceran a través de insultos o críticas. Por el contrario, la indirecta se demuestra a través del rechazo o invisibilización. Un espacio donde se evidencia frecuentemente son las tiendas de ropa, que, muchas veces, no tienen tamaños o ajustes adecuados para personas gordas.

“Lo gordo no cumple con el estándar de belleza eurocéntrico, blanco y hasta cierto punto, pudiente”, explicó Castillo Muñoz.

Ana Castillo Muñoz

La creadora del proyecto ​Con el verbo en la piel, dedicado a la sexualidad, empoderamiento y liberación de la cuerpa, ​reconoció que las violencias que sufren las personas gordas provienen de una sociedad gordofóbica.

Por su parte, la activista por la diversidad corporal y escritora chilena Andrea Ocampo Cea define la gordofobia como “el miedo que ciertas personas tienen a volverse gordas, a parecer gordas y a someterse al régimen de la imagen gorda”.

Ocampo Cea señala que la gordofobia se sostiene a través del lenguaje y de la representación de quienes mayor espacio ocupan en los medios, las figuras públicas como cantantes y actrices. 

Asimismo, Castillo Muñoz criticó la ausencia de la mujeres negras y gordas en las redes sociales y la televisión.

“No estamos en los espacios que son nuestros y que nos pertenecen”, señaló la creadora de contenido.

Existentes pero invisibles

El señalamiento de Castillo Muñoz es eco de la historia de la actriz Melissa Rodríguez, quien tiene 20 años de experiencia en la comedia e improvisación teatral.

Durante sus presentaciones en la televisión, Rodríguez interpretaba el mismo personaje, la gorda hipersexual, y nunca le asignaban un rol protagónico.

“En la [televisión] comercial, soy la gorda sexy y que se conquista lo que sea. Es un personaje femenino que no es real”, expresó la improvisadora.

Melissa Rodríguez

La comediante ha vivido microagresiones tanto dentro como fuera del escenario. Al igual que Castillo Muñoz, las violencias hacia su cuerpo no se detienen.

A través de anécdotas, la actriz reveló que, dentro de las producciones de teatro, ha sido víctima de burlas por su peso.

Durante una sesión de prueba de vestuario, un diseñador criticó a Rodríguez porque ninguna de las correas disponibles le quedaba.

“La presión no es tanta del público consumiendo a una actriz gorda, sino de todo este sistema que prejuzga a las personas gordas”, añadió.

Para Ocampo Cea, los estereotipos y violencias que Rodríguez ha vivido son producto de lo que los constructos sociales dicen acerca de las personas gordas. La activista indicó que la sociedad ha diseñado un mito acerca de las personas gordas que apunta a que “son sucias, son flojas, no son exitosas, no trabajan”.

De igual forma, coincidió la feminista y escritora Leuryck Valentín al destacar que los personajes en los que se muestran personas gordas son “la gorda graciosa, asquerosa, las enamoradas de personas imposibles o somos la amiga de la protagonista”. 

Leurick Valentín

Un ejemplo se presenta en la película Pitch Perfect. Durante el filme, utilizan a “Patricia Hobart Fat Amy”, personificada por Rebel Wilson, como comic relief o un personaje secundario que es quien “resuelve la tensión” de una trama seria. 

Valentín profundizó, durante un panel en el programa radial Negras, en que “los medios de comunicación en Puerto Rico y las figuras gordas están ausentes. Y cuando están presentes, es ocupando la esquina y la burla”.

Según el libro Cuerpo sin patrones, escrito por Laura Contrera y Nicolás Cuello, sobre las cuerpas se instalan pautas culturales, políticas y económicas que pretenden normalizar ciertos estándares. 

También, en este texto que busca problematizar la invisibilización de los cuerpos gordos, se señala que, debido a los estándares de belleza normalizados por los medios de comunicación,  no es extraño que proliferen estereotipos como el de la “chica rubia delgada” y el  “varón musculoso”.  

Desiguales ante la gordura

Aunque reconoce que las violencias que viven las mujeres gordas son sistémica, política y social, las opresiones que viven los cuerpos gordos se distinguen por la clase a la que pertenecen, detalló Ocampo Cea, activista chilena por el feminismo gordo. 

“No es lo mismo una mujer gorda y pobre que una mujer rica que tiene acceso a dietas”, destacó la experta en derechos humanos.

Además, Ocampo Cea señaló que existe una brecha de género debido a que a “los hombres gordos se les acepta mucho más”.

Asimismo, Ocampo Cea coincide con la feminista y activista gorda puertorriqueña Valentín al indicar que “el valor de las mujeres no importa su edad va a depender de cómo luce su cuerpo. Una mujer gorda a cualquier edad baja sus atractivos”. 

De igual manera, el estudio de la Feminización de la gordura mostró que “las mujeres son construidas como seres más preocupadas de su peso, en cuanto están más expuestas que los hombres a ser juzgadas por el tamaño de su cuerpo. No es únicamente que la norma sobre el grosor del cuerpo sea más estricta para mujeres, sino que a ellas se les atribuyen con mayor facilidad los defectos morales”.

La investigación, realizada en el 2016, concluyó que la gordura se convierte en un asunto moral porque a través del cuidado del cuerpo las mujeres son evaluadas y el ser gorda simboliza una “marca corporal de esta negligencia”.

Así se vio en la serie de Netflix Insatiable, en la que la protagonista “Patty”, interpretada por Debby Ryan, es presentada como una mujer gorda que utiliza un fat suit con una fijación grotesca y extrema en su cuerpo y sus hábitos alimentarios.

La serie creada por Lauren Gussis se enfoca en presentar la gordura como un defecto moral y carece de profundizar en los problemas alimentarios que enfrenta el personaje principal.

Un feminismo para todas las cuerpas

Las vivencias de Ana Castillo y Melissa Rodríguez se suman a las de un sinnúmero de personas que exigen una vida digna a través del feminismo gordo.

Según la escritora chilena, el feminismo gordo se define “por la lucha de un cuerpo voluminoso, existente y que se reconoce en el hoy como un sujeto con derechos”.

El feminismo gordo hizo sus primeras demandas en el 1969 a través de la Asociación Nacional para Ayudar a los Americanos Gordos (NAAFA, por sus siglas en inglés, y que se transformó en la Asociación Nacional para Avanzar en la Aceptación de la Grasa) con el propósito de liberar los cuerpos obesos. La organización sin fines de lucro aboga​ por el bienestar de todas las personas gordas dentro de distintas facetas de la vida, desde la adopción, empleo y salud hasta los medios, el racismo y el activismo.

Ocampo Cea reconoció que el feminismo gordo busca ser “una herramienta de liberación para los cuerpos gordos, para que tengamos paz y podamos protegernos”.


*La autora realizó este reportaje para el curso Periodismo Feminista: Cobertura con Perspectiva de Género, que impartió la profesora Amary Santiago Torres en la Escuela de Comunicación de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.  

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