¿Quién mata a quién?

(Ilustración por Michelle Dersdepanian)

En lo que va de 2020, 55 nombres de mujeres y personas trans aparecen en la lista de feminicidios del Observatorio de Equidad de Género. De estos, 16 corresponden a mujeres que han sido asesinadas por sus parejas, exparejas o su asesinato ha estado vinculado con una situación de violencia doméstica. Los perpetradores son todos hombres. 

Los asesinatos y las desapariciones de mujeres no son casos aislados. Responden a la socialización que reciben los hombres bajo un sistema patriarcal. 

Lee aquí: Digamos sus nombres: los feminicidios que hay que contar

Desde la niñez, a los hombres se les enseña lo que la antropóloga francesa Elisabeth Badinter llama la triple negación: no ser un niño, una mujer o un homosexual. En esa socialización macharrana, a los niños se les exige que constantemente estén demostrando su hombría. 

Por esta razón, en la sociedad y cultura puertorriqueña se escuchan frases como “aguante como hombre”, “no llore como una nenita”, “no sea tan ‘pato’” para que algunos hombres terminen internalizando y validando la identidad de la masculinidad hegemónica, explicó Heriberto Ramírez Ayala, especialista en intervención con hombres en equidad, género y masculinidades. 

La masculinidad hegemónica se define como las prácticas que garantizan la superioridad de los hombres respecto a las mujeres y que legitima las estructuras patriarcales.  

“Cuando iniciamos a los hombres, es cuando se les da la primera pistola, la primera lata de cerveza, la primera bolsa de perico; cuando les preguntamos si se ‘tiró’ a alguien”, ejemplificó Ramírez Ayala.

Son prácticas que descartan un acompañamiento para que esa persona pueda crear su propia masculinidad y desarrollar su inteligencia emocional, observó.

“Al no tenerla, por eso, es que los hombres reaccionan con golpes y gritos”.

Poner en perspectiva quiénes ejercen la violencia 

El Perfil de la Población Confinada 2019 establece que para el momento del estudio había 7,728 confinados sentenciados en las instituciones carcelarias del país. Se evaluaron, 7,663 expedientes, lo que representa el 99% de la población. De estos, 7,400 (97%) son hombres y 263 (3%) son mujeres.

El informe recoge las características socioeconómicas y los delitos incurridos por los confinados sentenciados. También, incluye a los que han ingresado al sistema penitenciario por incumplir con el pago de las pensiones alimentarias. 

Los datos fueron revisados y analizados por la Oficina de Desarrollo Programático del Departamento de Corrección y Rehabilitación (DCR).

 

Cuando los grupos ultraconservadores y antiderechos argumentan que “a los hombres también los matan”, desconocen que existen estadísticas y estudios que evidencian que hay una tendencia a que los hombres sean más violentos que las mujeres. No se trata de unas características biológicas o una predisposición genética, sino a cómo se han socializado. Por eso, hay más confinados que confinadas. 

Los estudios de las mujeres y el género son un campo de investigación multi e interdisciplinario, planteó Irma Lugo Nazario, la coordinadora del Observatorio de Equidad de Género, un organismo que surgió a principios de 2020 para evaluar la desigualdad de género en Puerto Rico ante la ausencia de la Oficina de la Procuradora de las Mujeres en esta tarea.  

“Cuando se discute y se saca de contexto el planteamiento de que mueren más hombres que mujeres, no se está realizando un análisis interseccional crítico ni se es responsable con la vida de las personas”, observó Lugo Nazario. 

“Violencia de género se define como todo acto de violencia física, sexual, psicológica o hasta económica que atenta contra la vida y dignidad de una persona. Estadísticamente, son más las mujeres asesinadas y violentadas por hombres, especialmente en el espacio donde se esperaría que es su lugar más seguro y me refiero al hogar”, explicó.  

Un análisis de los asesinatos ocurridos en Puerto Rico del 2000 al 2014, realizado por la demógrafa Wandimar Matos Rosario, señala que unos 11,630 hombres fueron asesinados en ese período. De estos, el 0.4% fueron asesinados en incidentes de violencia doméstica. Mientras, en el mismo período, 891 mujeres fueron asesinadas. El 33.9%, de estas, por violencia doméstica.

Además, los sectores fundamentalistas que se han insertado en la política partidista del país no cuentan que las muertes se clasifican. 

Por ejemplo, el asesinato de un hombre a manos de otro hombre se clasifica como homicidio o asesinato. Es un error por definición nombrar la violencia entre los hombres a raíz del crimen organizado como violencia de género. Esa muerte no es producto de su condición masculina que lo coloca en una posición de subordinación ante la mujer. 

Por esta razón, Lugo Nazario insistió en que la mirada e investigaciones en torno a la violencia se deben desarrollar desde una perspectiva transdisciplinaria, tomando en consideración las intersecciones entre el género, nivel socioeconómico, creencias religiosas, nivel y acceso a la educación, entre otras variables.

Al analizar la violencia entre los hombres desde su género, se evidencia que las exigencias de los roles y los estereotipos tradicionales de la masculinidad: ser el principal proveedor económico del hogar, ser fuerte, dominante, activo, independiente y no mostrar vulnerabilidad, impactan su comportamiento y sus acciones. 

“Mueren más hombres que mujeres, pero esas muertes se dan en diversos contextos sociales. Por ejemplo, acciones criminales, narcotráfico, accidentes, suicidios y no porque sus parejas mujeres los maten. Por eso, debemos tener cuidado en esta discusión y no caer en el divide y vencerás de que unas vidas valen más que otras”, analizó la también académica. 

Por eso, enfatizó, “la mirada crítica es tan importante para contextualizar y no invisibilizar las muertes de las mujeres en sus relaciones de pareja o como resultado de la violencia social general, agresiones sexuales, entre otros tipos de violencias”. 

Sin embargo, los asesinatos de mujeres a manos de hombres se tipifican como femicidios o feminicidios al ser una violencia ejercida por su género. Al creerla inferior por ser mujer y asumir que su vida le pertenece. 

Y esa idea generalizada de la inferioridad por el hecho de ser mujer, es el resultado de los roles y estereotipos tradicionales de la feminidad. En una sociedad patriarcal, a la mujer se le asigna la responsabilidad del trabajo doméstico y de cuidado. Además, se le percibe como un ser frágil, inestable, dependiente, sumiso y pasivo.  

Según Lugo Nazario, desde el Observatorio de Equidad de Género se ha adoptado realizar las clasificaciones a base de lo establecido en el Modelo de Protocolo Latinoamericano de Investigación de las Muertes Violentas de Mujeres por Razones de Género, de la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las  Mujeres (ONU Mujeres). Su proceso de elaboración fue participativo e involucró profesionales de los sistemas de justicia de toda América Latina.

De acuerdo con el Modelo de Protocolo, el término feminicidio se entiende como: “La muerte violenta de mujeres por razones de género, ya sea que tenga lugar dentro de la familia, unidad doméstica o en cualquier otra relación interpersonal, en la comunidad, por parte de cualquier persona, o que sea perpetrada o tolerada por el Estado y sus agentes, por acción u omisión”.

El Perfil de la Población Confinada 2019 también establece que la razón mayor por la que los hombres ingresan a la cárcel corresponden a que 2,276 atentaron contra la vida o asesinó a otra persona. Mientras que entre las mujeres confinadas, son 84 las que incurrieron en delitos que atentaban contra la vida humana.  

El estudio evidenció que el 75.07% de los hombres no informó quién fue la víctima en los incidentes de maltrato o violencia cometidos por ellos. No obstante, los que contestaron dijeron que 7.17% fue su pareja heterosexual, 5.47% una mujer (no identificó su relación), 1.70% su esposa y 1.61% su madre. 

En el caso de las 158 confinadas que informaron que fueron víctimas en el suceso de violencia, el 51.27% el agresor fue su esposo,7.59% su padrastro, 6.33% su padre, 1.90 sus tíos maternos, 1.27% sus hermanos y tíos paternos, entre otros. 

Al analizar las órdenes de protección de los confinados por violencia de género antes de ingresar a la cárcel, solo el 1.19% de los hombres solicitó una orden de protección. Mientras que un 30.80% de las mujeres obtuvo una orden de protección. 

El especialista en intervención con hombres en equidad, género y masculinidades Ramírez Ayala enfatizó que los Estudios de las Masculinidades representan un cuerpo de trabajo que han hecho los Estudios Feministas para completar la conversación de por qué los hombres están más propensos a actuar de forma violenta.  

“Los Estudios de las Masculinidades nos dan herramientas adicionales para poder comprender, desde estas subjetividades masculinizadas, estos fenómenos de poder y control. También, nos provee espacio para repensar qué debemos hacer y cuáles son las áreas que debemos de trabajar para transformar estas estadísticas que son el síntoma”, explicó el también fundador del Coloquio sobre Hombres+ y Masculinidades, en 2018.

El encierro por la pandemia intensifica la violencia machista 

Cuando Ramírez Ayala expresó que hay que transformar las estadísticas, se refirió al aumento en los incidentes de violencia de género que se han producido en el confinamiento por la pandemia de COVID-19. 

Desde el inicio de la emergencia sanitaria, diversos grupos feministas en el archipiélago de Puerto Rico han denunciado la inacción del gobierno para atender la otra crisis: los feminicidios y las agresiones de hombres hacia mujeres.

“Hay unos factores sistémicos y estructurales que a esa masculinidad lo recluyen en el espacio doméstico. Si lo miramos desde la teoría, se supone que los hombres son los que dominan el espacio público. Ahora, se les está prohibido el espacio público. Entonces, hay muchas masculinidades que perdieron poder. Y necesitan ejercer ese poder en algún lugar. El espacio doméstico se convierte en el lugar en donde ellos van a ejercer su poder para garantizar esa hombría”, expresó Ramírez Ayala, quien como activista realiza intervenciones performáticas con el personaje “Súper Macho Menos”.

En los meses de junio y julio de este año, y como un esfuerzo para ampliar la cobertura de la situación de violencia de género en el país, Todas inició la recopilación de informes que realiza la Policía sobre este tipo de delitos. Con esos datos, el medio constató que de 42 incidentes, no son todos los reportados, sino los que Todas tuvo acceso, 18 de los agresores (un poco menos de la mitad) son menores de 30 años.

Según Ramírez Ayala, la violencia patriarcal persiste en las generaciones más jóvenes porque “las conductas machistas están de manera estructural, están en el cotidiano, en las canciones, películas, en la crianza de nuestros padres, los dispositivos sociales de los chistes. Estamos inundados por todos lados de esta visión de que el hombre es más poderoso que todos los cuerpos feminizados”.

Cómo el gobierno debe trabajar con los agresores 

El gobierno trabaja con los agresores de violencia machista desde una mirada punitiva, señaló el también educador Ramírez Ayala. 

“Para que un hombre se convierta en un agresor, hay que pensar en cuáles fueron las experiencias que tuvo en su vida, qué traumas ha tenido para ejercer esas violencias. Cómo trabajamos con el individuo sin mirarlo desde el juicio, pero desde la responsabilidad, porque esa persona cometió un delito. Hay que pensar en cómo vamos a hacer una reinserción que funcione; que haga una revisión de esas experiencias personales”, evaluó. 

La antropóloga y activista feminista, reconocida por sus aportaciones académicas sobre la violencia, Rita Laura Segato expresó en una entrevista con el medio La Vanguardia que es obligatorio pensar que todo ser humano puede cambiar. 

Resulta difícil, a veces, y en el caso de la violencia sexual, más todavía. Pero es un principio ético fundamental comprender que las personas pueden revisar actos y desinstalar el chip de programación del machismo. 

También, expone que esa desinstalación de la conducta la puede hacer cualquier persona. 

No obstante, Segato señaló que “para lograrlo, es necesario dar las condiciones que permitan hacerlo”. 

Consideró que un sistema de justicia que piensa que la cárcel es la solución para los problemas es un sistema absurdo. 

“La amenaza de la sentencia no causa comportamiento y no modifica el comportamiento”, subraya. 

Mecanismos para erradicar la violencias en los hombres 

Ramírez Ayala, quien además es creador y facilitador de la organización TIPOS, plataforma creativa y cultural para la reflexión activa en torno a las masculinidades y su deconstrucción, expresó que la educación con perspectiva de género es una herramienta eficaz para atajar la violencia machista. 

La escuela es uno de los agentes socializadores en donde se reproducen esas relaciones de poder y control. 

Además, apuntó a la necesidad de más proyectos enfocados en las sexualidades para niños y adolescentes, incluyendo programas de Educación Sexual Integral (ESI).  

Asimismo, señaló que los medios de comunicación tienen que crear comerciales que sobrepasen los estereotipos. También, los cineastas pueden naturalizar otros comportamientos para los hombres. Crear personajes que sean sensibles, cariñosos y responsables en el hogar. 

Desde la familia, recomendó romper con la socialización a través de los juguetes por género. Los niños también pueden jugar con juegos de cocina y cuidar bebés. De igual forma, no decirle a los niños que no lloren cuando se caen. 

“De tanto repetir: ‘Mi amor, párate, no pasó nada. No llores’, estamos provocando que ese niño se insensibilice ante el dolor físico y emocional”. 

“Hay que validar esa emoción y darle vocabulario. Para que esa persona que se está alfabetizando emocionalmente pueda decir: ‘Sí, me duele’, ‘tengo susto’ o ‘estoy triste’. Las otras veces que pase algo físico y emocional pueda decir: ‘Sí, rompí con mi pareja y me duele’. Las emociones no son ni femeninas ni masculinas. Son humanas”, recordó.

Los hombres tienen que reconstruirse 

Hay una labor que los hombres deben hacer. Si no, el trabajo solo lo están haciendo las mujeres en los movimientos feministas. 

“Representa soltar privilegios. Darme cuenta de que el machismo es una conducta dañina e inhumana”, explicó.

Del mismo modo, insistió en que los hombres deben aprender a apoyar a otros hombres en momentos difíciles. 

“Visibilizar otros modelos de masculinidades alternas para que los hombres puedan trabajar en acompañamiento. Las masculinidades no pueden arreglárselas solas”.

“Se habla mucho de las masculinidades, pero hay muy pocos espacios para buscar alternativas y cambios de esa masculinidad hegemónica. Entonces, a eso hay que darle más espacio. Hay que hablar de cómo lo estamos haciendo, qué más se puede hacer, cómo los hombres pueden ser aliados de las mujeres, cómo trabajar con las emociones masculinas. Hay que dar más herramientas especializadas en masculinidades”, añadió. 

El educador explicó que, en su experiencia como facilitador de talleres sobre masculinidades, la mayoría de las personas que asisten son mujeres. Esta situación se debe a que el hombre, en vez de sentirse convocado, se siente intimidado. Por esa razón, enfatizó que se debe ser cuidadoso a la hora de hacer las convocatorias sobre masculinidades. Además, estos encuentros deben incluir a todo el espectro masculino: trans, intersexuales, bisexuales, homosexuales… 

“Si no buscamos alternativas para cambiar el libreto de la masculinidad tradicional, nos quedamos en una pelea ‘ustedes son los machistas, ustedes son los que tienen el privilegio, ustedes son los hegemónicos’. Eso es cierto. Ese es el cáncer. Esas son las raíces. Pero ¿cómo nos movemos a terapia?”.   

 

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Alejandra Lara Infante
Escrito por Alejandra Lara Infante
Periodista interesada en temas de estudios feministas y decoloniales. Estudiante graduada en Estudios de Género con una especialidad en Investigaciones Feministas.