No más violencia machista / Ilustración de Andrea P. Montañez González

(Foto y arte de Andrea P. Montañez González)

Desde afuera, salir de una relación violenta puede parecer sencillo y que no implica cambios mayores. Esta no es la realidad de las víctimas de violencia doméstica basada en género, debido a una diversidad de razones, como económicas, sociales, culturales y personales. 

La doctora e investigadora del tema Diana Valle Ferrer identificó el proceso como complejo, lleno de contradicciones y único para cada víctima. A partir de estudios que realizó con sobrevivientes de relaciones violentas, lo denominó como entrampamiento y liberación, que define como “el proceso de entrar y salir de una relación violenta”, y lo divide en tres etapas: entrampamiento, consolidación y liberación.

“Para cada mujer, es distinto, cada mujer es un mundo. Hay unas similitudes en este proceso de entrampamiento liberación, pero no es igual para todas mujeres y no es lineal”, puntualizó la profesora jubilada de la Escuela Graduada de Trabajo Social de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras.

El proceso se basa en múltiples teorías feministas, en la cultura y en el momento sociohistórico en que se desarrolle la relación violenta. De esta manera, se distancia del ciclo de violencia doméstica, de la psicóloga estadounidense Lenore Walker, que se centra en la relación.

Además, la doctora Valle Ferrer se enfoca en la resistencia de las víctimas sobrevivientes, pues entiende que donde hay poder, hay resistencia.

“Yo he encontrado, hasta ahora, en todos los estudios que he hecho, que las mujeres siempre que enfrentan la violencia, siempre resisten la violencia, aunque aparentan complacer y seguir la corriente. Eso lo hacen para sobrevivir. O sea que, en todo este proceso de entrampamiento y liberación, las mujeres están ejerciendo su poder de resistir”, destacó.

Para entender el proceso de una mujer víctima sobreviviente, es importante comprender el proceso de entrar y salir de una relación violenta, para así, poder ayudarla y acompañarla de la mejor manera.

El entrampamiento o enganche 

La doctora Valle Ferrer identifica la primera etapa como entrampamiento, que se da al inicio de la relación, cuando el victimario demuestra un supuesto amor por la víctima y por su entorno, entiéndase familia, sueños y metas, entre otros. 

“Es interesante que muchas mujeres, por ejemplo, me contaban que, al principio, ellas no estaban enamoradas de la persona. Al principio, no les interesaba, pero ellos insistieron y que les demostraron que las querían muchísimo, que las apoyaban”, contó sobre sus entrevistas a 76 mujeres sobrevivientes de maltrato. 

Sin embargo, durante el enganche o poco después, sucede lo que Valle Ferrer identifica como la lección, que implica un suceso en el que el agresor le muestra, a su víctima, su lado violento. El acto puede ser en contra de la mujer o hacia otra persona, animal u objeto en presencia de la víctima. 

De esta manera, la víctima aprende que si realiza determinada acción, puede develar esa parte de su pareja. La llamada lección marca también la sumisión de la persona maltratada. 

Valle Ferrer explicó que, “en esa primera etapa, la mujer empieza a cuestionarse a sí misma y a utilizar estrategias de resistencia”, como seguir la corriente, confrontar, fantasear y justificar al agresor, para tratar de entender el cambio de actitudes. Esa resistencia es determinada por la cultura y el momento histórico, aunque, curiosamente, no han cambiado tanto con el pasar de los años.

Aunque, desde afuera, pareciera que la mujer solo aguantaba, desde adentro, esa víctima estaba decidiendo constantemente qué le convenía para sobrevivir. 

Consolidación 

La segunda etapa que reconoce Valle Ferrer es cuando la mujer piensa que ha invertido tanto en la relación que no puede salir. La inversión puede ser tanto económica como tener hijos en común. 

Además, en esta etapa, las víctimas también pueden pensar que la persona cambiará y que es su responsabilidad promoverlo. 

“Una de las cosas más peligrosas, desde mi punto de vista, en una relación, es la esperanza. La esperanza de que va a cambiar, de que esto [la violencia] no va a durar para siempre, de que él es bueno en el fondo”, expuso la investigadora.

La consolidación también se da por factores culturales, como la responsabilidad que se le impone a las mujeres para mantener unida a la familia; y económicos, como no tener dinero para abandonar el hogar. 

En este último caso, existen servicios y recursos para ayudar a que las víctimas sobrevivientes sean reubicadas en un espacio seguro, explicó, por su parte, la intercesora legal Ángela Jiménez Hernández.

“Lamentablemente, en Puerto Rico, hemos escogido que la que se tiene que esconder es la víctima. ¿Por qué no es el agresor?”, reflexionó.

Desapego o desenganche

La última etapa del proceso de entrampamiento y liberación comienza a partir de un evento límite o la llamada gota que colmó la copa, que puede implicar un aumento en la violencia, maltrato severo a los hijos, infidelidades y enfermedades físicas o mentales. 

Este alto de resistencia y aguante también puede surgir de un límite que la víctima se haya impuesto antes de que sucediera, como que le tocara o marcara alguna parte del cuerpo, como la cara.

En esta etapa, en la que la persona decide romper con la violencia, es especialmente importante escucharla, validarla, apoyarla, acompañarla, coincidieron Valle Ferrer y Jiménez Hernández. 

A su vez, la ruptura de una relación, aunque sea violenta, representa un proceso de duelo y dolor profundo, explicó la investigadora. 

Añadió que no se debe a la pérdida del abuso, sino al perder el amor ansiado que la sociedad inculca a desear. También, implica dejar la esperanza de lo que entienden, pudo haber sido o piensan que puede ser. 

El acompañamiento es clave

En el caso de las víctimas sobrevivientes de violencia doméstica basada en género que denuncien la agresión, existe una red de intercesoras legales que acompañan y orientan sobre el proceso, desde la empatía, sensibilidad y solidaridad. 

“Cuando estoy acompañando, soy solidaria, estoy apoyándote en tus decisiones. Estoy aquí para apoyarte, sin juzgarte, sin criticarte. Soy tu aliada, no tu enemiga,  aunque, a lo mejor, no esté de acuerdo con las decisiones que tú vas a tomar”, dijo la intercesora Jiménez Hernández. 

Las funcionarias están capacitadas en aspectos legales, psicología, orientación y trabajo social. Además, la Ley 32-2021 asegura la presencia de una intercesora legal en todas las vistas de Regla 6 o determinación de causa para arresto. 

Jiménez Hernández instó en que las intercesoras integrasen a las víctimas en los procesos para tener su insumo constante. También, deben aconsejar, pero no imponerse, sobre las decisiones que toman las sobrevivientes. 

Igualmente, es importante estar alerta de la revictimización y las presiones externas que pueda enfrentar cada persona. La intercesora dijo que la intimidación, las burlas y el sobrecuestionamiento pueden originarse de los agresores, abogados de defensa, fiscales, policías y familiares. 

“Hay muchos más casos de lo que la gente piensa. Un sector de nuestro país piensa que estos son hechos aislados que le ocurrieron a Carmen, a María, a Adriana, a Andrea, a Keishla. Estos son hechos que ocurren todos los días en Puerto Rico, por cantidades que no quisiéramos que pasaran; sábados, domingos, feriados. Esto [la violencia de género] no descansa”, concluyó Jiménez Hernández.


Si tú o alguna persona conocida está en situación de violencia, llama a la Línea de ayuda 787-489-0022. Mira más recursos de ayuda aquí.

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Valeria María Torres Nieves
Escrito por Valeria María Torres Nieves
Periodista de Yauco, Puerto Rico. Egresada de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras con un bachillerato en Información y Periodismo. Le interesan temas de género, historia, política, cultura, raza y educación.