Sobrevivientes de violencia doméstica cuentan cómo consiguieron salvarse

Sobrevivientes de violencia de género

Para Yanira Benítez Piñero e Inés Marrero Ortiz, contar sus historias como sobrevivientes de violencia doméstica ha sido un proceso sanador y una herramienta poderosa para sí mismas. Por eso, levantaron sus voces con la intención de mover a quienes estén pasando por una situación como la que ellas vivieron a hablar, denunciar al agresor y buscar ayuda.

Ambas participaron del conversatorio Desde las voces de las sobrevivientes: nuestras Julias hablan, que se transmitió el viernes a través de Facebook Live.

El encuentro virtual fue organizado por la Casa Protegida Julia de Burgos (Casa Julia), una organización sin fines de lucro establecida en 1979, que les provee a las mujeres víctimas sobrevivientes albergue, orientación, consejería, protección y apoyo de manera gratuita.

La directora de Casa Julia, Coraly León Morales, fue la moderadora de la conversación sobre la importancia de tomar acción, hacer valer sus derechos y romper con el ciclo de la violencia doméstica que las envuelve a ellas, así como a sus hijos e hijas.

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Historias contadas por sus protagonistas

“El proceso más difícil para mí fue admitir que yo estaba pasado por una situación de violencia doméstica. Yo sabía que algo no estaba bien, pero sentía mucha vergüenza. Fue difícil (reconocer), luego de cinco años de esta relación, que había un problema y que mis nenes y yo estábamos en riesgo de morir en cualquier momento”, contó Benítez Piñero.

Hace 13 años, la mujer, quien es coordinadora de eventos y madre de cuatro hijos, decidió librarse de la violencia doméstica para sus niños y para sí misma. El detonante fue que el mayor de sus descendientes comenzó a imitar los patrones agresivos que presenciaba por parte de su progenitor.

“A sus cuatro años, se estaba comportando como un agresor. Incluso, me decía que si yo no hacía lo que él quería, le iba a decir a su papá para que me pegara. Cuando yo vi eso, dije: ‘Es momento de romper la violencia porque yo estoy soportando esto pensado que era lo mejor para mis hijos y al final les estoy haciendo daño’”, indicó Benítez Piñero.

En el proceso, perdió varios trabajos, se le dificultaba mantener su independencia, sufría de ataques de pánico y fue diagnosticada con trastorno de estrés postraumático (TEPT). Se trata de una afección que algunas personas desarrollan tras experimentar o presenciar un evento de agresión o accidente.

“En ocasiones, me reportaba enferma (al trabajo) porque tenía golpes. Una vez, dije que tenía conjuntivitis, pero era que tenía los ojos amoratados… Tuve que tomar terapia para trabajar todo ese dolor a nivel psicológico”, añadió.

Benítez Piñero destacó cómo el apego emocional aplazó su proceso de transición para salir del albergue e independizarse fuera del espacio al cual estaba acostumbrada. Ahora, busca inspirar a otras mujeres en situaciones de violencia a buscar ayuda y desea que las víctimas se empoderen y aprovechen al máximo sus capacidades.

“Cuando me tocaba salir sola, lloraba mucho y tuve que aprender a hacer las cosas por mí misma. Cuando uno está en la situación, no lo ve así; lo ve como algo normal”, reflexionó.

De manera similar, hace 20 años, Marrero Ortiz, portavoz de Casa Julia, educadora y también sobreviviente, logró salir del ciclo de la violencia doméstica luego de siete años viviendo bajo un patrón de maltrato por parte de su expareja.

“Para ese tiempo (hace dos décadas), el tema de la violencia doméstica era un tabú. Yo no podía hablarlo con nadie porque, según mi mamá, ‘los problemas se resolvían en el hogar’ y yo tenía que seguir aguantando porque ella me decía que ‘el matrimonio era para toda la vida’”, expresó la portavoz de Casa Julia

En su caso, lo que la impulsó a buscar ayuda y organizar un plan de escape fue un episodio de agresión física que presenció su hija mayor por parte de su padre.

“Ahí, yo dije: ‘Esto no es para mis hijas’. En ese momento, no pensé en mí… ‘si a mí me pasa algo, ¿qué va a ser de mis hijas?’”, recordó que pensó.

En el conversatorio, también se instó a las familias a tener empatía, respeto, paciencia, amabilidad, humanidad, amor y comprensión por las sobrevivientes de violencia doméstica y sus niños y niñas.

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Necesaria la conversación sobre violencia doméstica

Durante el diálogo abierto al público, las participantes enfatizaron sobre los mecanismos de ayuda y los recursos libre de costo disponibles en el país para las víctimas sobrevivientes de violencia doméstica.

Destacaron el programa Casa Julia, que trabaja en la búsqueda de espacios seguros, promueve la equidad, la solidaridad y la convivencia en un ambiente de paz.

Marrero Ortiz denunció que tanto la sociedad como la familia y la justicia les ponen barreras a las víctimas sobrevivientes de violencia doméstica en el proceso de pedir ayuda para salir del patrón agresivo en el que viven.

“Nosotras volvemos a pensar :‘¿Estamos haciendo las cosas bien o mal?’ ‘¿Qué más tenemos que hacer?’”, detalló la madre de tres hijas.

De igual forma, Benítez Piñero expuso que cuando intentó separarse del padre de sus hijos tuvo que emplear estrategias para poder sobrevivir y enfrentar comentarios por parte de integrantes de su familia que insistían en que no debía alejarse de él.

“Una de las veces donde hubo violencia doméstica, yo estaba embarazada de ocho meses y terminé en el hospital. Esa vez, no pasó nada porque un familiar me dijo: ‘Es el papá de tu nene, es un buen proveedor, no lo prives de ser padre’”, reveló.

En el encuentro, además, se habló sobre la importancia de conversar sobre este tema y educar a la comunidad sobre la relevancia que tiene, ya que, según datos de la entidad Casa Julia, en Puerto Rico se reportan más de 20,000 casos de violencia doméstica al año y se estima que un 60% de las mujeres casadas son víctimas de maltrato.

Los procesos de sanación y acompañamiento

“Puedes tener una vida sana y saludable sin violencia. Hay ayuda, escapatoria y otro mundo cuando sales de la violencia doméstica”, manifestó la educadora, de 49 años.

Las panelistas coincidieron en que reconocer que llegar a un albergue y tomar la decisión de buscar ayuda son procesos difíciles, ya que el miedo y la incertidumbre están presentes. Sin embargo, destacaron que es importante no juzgar a quienes han experimentado violencia doméstica.

“Todas vienen con historias, orígenes y con recursos totalmente diferentes, pero todas por la misma razón. Lo importante es poder ayudarla a que ella pueda quedarse y ser salvada”, comentó Benítez Piñero.

De acuerdo con cifras del Negociado de la Policía de Puerto Rico y la Oficina de la Procuradora de las Mujeres, hasta el pasado mes de abril, se habían reportado tres asesinatos de mujeres por sus parejas o exparejas.


*Si tú o una persona que conoces está en una situación de violencia doméstica, llama al 787 489-0022. 

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