Tati Fernós y Ana Irma Rivera Lassén

Foto cortesía de Ricardo Alcaraz

Hace poco, leí una columna de Ana Teresa Toro, titulada Casa terrera, con la que me identifiqué plenamente desde sus primeras líneas:

La que escribe es mucho más valiente que la que vive.
Dice cosas con firmeza y seguridad.
No tiene miedo.

Sin embargo, debo añadir que, en mi caso, la que habla, cuando es convocada para hacerlo públicamente en un entorno académico, en los momentos en los que dicta clases, mientras ofrece un taller antirracista o modera una edición del programa radial NEGRAS, tampoco tiene miedo.

Supongo que no le da miedo porque en todas las instancias en las que se ha percibido firme y segura, aunque le tiemblen hasta las rodillas y se exponga vulnerable, no ha dudado en la urgencia de denunciar patrones de violencia y deshumanización y de reclamar la equidad y la pertenencia como una mujer puertorriqueña visiblemente negra.

La que tiene miedo es la que batalla consigo misma cada vez que le toca cruzar el umbral de su puerta para salir de su lugar seguro, la que camina cabizbaja y se pierde en su móvil para evitar el contacto visual, la que es descrita como tímida y callada. La adulta es, a fin de cuentas, la misma niña que creció con miedos y prefería pasar desapercibida.

Toda esta autoreflexión sobre la que escribe/habla versus la que transita cotidianamente con miedo surgió a partir de cómo debía titular estas líneas en las que compartiría una reflexión antirracista y decolonial de cara al 8 de marzo (8M), Día Internacional de las Mujeres.  

¿“Por” o “hacia” un 8M Afrofeminista? ¿Cuál es la preposición más adecuada?, me debatía.

El movimiento feminista puertorriqueño siempre ha contado entre sus constituyentes con mujeres negras. Son estas las que han hablado e insistido en la importancia de la interseccionalidad. A la par que lideresas negras estadounidenses se pronunciaban en el Combahee River Collective Statement (1977) y Kimberlé Crenshaw popularizaba y teorizaba con el concepto en 1989, en Puerto Rico, Anjelamaría Dávila Malavé proponía pensarnos desde un feminismo puertorriqueño, a todas luces una propuesta decolonial. Por su parte, Ana Irma Rivera Lassén hablaba (y ha mantenido la conversación de forma sostenida) sobre las complejidades de las cuerpas negras y sus identidades transversales que trastocan al feminismo blanco puertorriqueño.

La niña con miedo no sabía de feminismo. La adulta con miedo no se ha sentido convocada por el movimiento feminista insular. La adulta que escribe/habla sin miedo ha constatado que existen organizaciones decoloniales y antirracistas que no tienen un fundamento afrofeminista. También, confirma que el movimiento feminista boricua es racista y elitista, que toca crear espacios alternos para el autocuido y el entrecuido, para sentipensarse desde la vulnerabilidad, practicar el afrotransfeminismo y afrosanar.

La que escribe/habla sin miedo está aprendiendo a pronunciarse y a manifestarse en colectivo, pues estos procesos requieren acompañamiento. 

Parte del pronunciamiento de Colectivo Ilé sobre la violencia sexual contra las cuerpas negras, lee: 

Ratificamos nuestra identidad y el orgullo de ser mujeres afrodescendientes, 
fuertes y poderosas. Nos declaramos dueñas de nuestras cuerpas, 
rechazamos los estereotipos que nos reduzcan a objetos indignos y 
deshumanizados y las imposiciones sociales que limitan nuestro ser y nuestras posibilidades. Honramos a las que vinieron antes de nosotras y 
nos comprometemos con las que vendrán después. 
Somos tierra fértil que cosecha los frutos de nuestra revolución. 
Somos brújula y senda para la sanación y 
liberación de nuestras hijas y nietas.

La manifiesta de Colectivo Ilé, escrita por Angellie González Jorge, también, dice:

Somos nosotras, nosotres. 
Uniendo nuestros reclamos, nuestro poderío 
y nuestras esperanzas. 
Comprometidas a transformar el hoy en un presente 
colectivx, antirracista y decolonial, intencionando
y accionando hacia la afrosanación y afroliberación 
de quienes estamos hoy y quienes vendrán después.

Es desde aquí donde me coloco y, como el Sankofa, recojo los frutos del pasado y del trabajo colectivo para fortalecer a la que no tiene miedo al escribir ni hablar en el presente. 

Por” invita a accionar y a ejecutar. “Hacia” se me hace lejano, un movimiento lento, sin prisa. 

Sin duda, “por” es la invitación que le hace la que no tiene miedo al movimiento feminista puertorriqueño para que se examine, tenga las conversaciones difíciles e implosione las prácticas jerarquizadas y se encamine en un proyecto decolonial y antirracista afrofeminista.

Angela Davis ha dicho que no basta con decir que no se es racista; hay que ser antirracista. Punto.

El movimiento feminista y las organizaciones decoloniales y antirracistas tienen que ser espacios ideológicos afrofeministas sin miedo, sin titubeos.

Este próximo 8M encaminémonos por un Puerto Rico Afrofeminista.

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Bárbara I. Abadía-Rexach
Escrito por Bárbara I. Abadía-Rexach
Es doctora en Antropología Social. Es profesora de Afrolatinidades en el Latina/o Studies Department de San Francisco State University, y estudia raza y música en Puerto Rico y sus diásporas. Es la autora del libro "Musicalizando la raza. La racialización en Puerto Rico a través de la música" (Ediciones Puerto, 2012).