No es mi secreto

*Nota de las editoras: El siguiente testimonio se reproduce con el propósito de concienciar sobre las secuelas que deja la agresión sexual en las personas sobrevivientes. Para muchas personas, escribir y compartir sus relatos es una experiencia sanadora. Este escrito contiene descripciones de agresión sexual que pueden ser detonantes para algunas personas. Si tú o alguien que conoces es víctima o sobreviviente de agresión sexual, puedes buscar ayuda aquí.

I. 
He leído, recientemente, mensajes que un hombre envió a una joven de 17 años. También, leí, entre las reacciones a la denuncia, que “ella se lo buscó”, por seguirle el juego, porque sabía su edad. Incluso, llegaron a llamarla “Lolita”, un apelativo que tiene varias interpretaciones, incluyendo adjudicar características “seductoras” a una menor de edad. Una vez más, mil excusas para él y la víctima en la misma posición.

II. 
Hace varios meses, fui agredida sexualmente por un joven que aparentaba ser aliado de las mujeres y nuestros derechos. Compartimos varias salidas en grupo y a solas. La primera vez, estaba borracha. Me desvestí y comenzamos el coito. Luego, no recuerdo más hasta que otra persona me despertó al día siguiente. Vestida, como si nada hubiera pasado, con miles de preguntas sobre lo que sucedió en aquella cama. Mientras, él se jactaba del acto con las personas que teníamos en común. Decidí ignorar esa bandera roja. 

La segunda vez, yo estaba consciente, a pesar de haber bebido varias rubias. Le pedí que me ayudara a llevar unas cosas al carro. Allí, comenzamos a interactuar de manera sexual. Le hice la advertencia de que NO habría penetración, lo cual no fue de su agrado. A pesar de mi claro “NO”, me arrebató la decisión sobre mi cuerpo y me violó.

III. 
Las historias macharranas de hombres violadores que intentan embarazar mujeres, manipuladores que hacen pensar que somos importantes para ellos, y la famosa regla de estar alerta cuando estoy sola con hombres tuvieron sentido. Lo empujé y no pude hacer más que gritarle. No me quedaban fuerzas para darle y dejarlo a pie. No quedaba nada de mí. Regresamos al grupo para recoger e irnos, porque las personas se iban en mi guagua, y llamé a una amiga con los ojos llorosos para desearle feliz cumpleaños sin poder verbalizar lo que había pasado. Él se hizo el loco y me prometió conseguirme una pastilla del día después.

Leí las instrucciones y me tomé la pastilla. Decía que daría náuseas los primeros días, pero no fue así. Estuve dos semanas en “lockdown”, con náuseas día y noche, por olores, texturas, pensamientos, sin saber si yo sería de ese 5% al que no le funciona la pastilla. Pensaba en cómo podría abortar en medio de una pandemia, si podría pagar un aborto, a dónde tendría que ir para abortar.

El chat con una amiga se había vuelto un calendario de síntomas diarios. La vida se sentía tan pesada que no aguanté más y le dije a mi papá que llevaba semanas sintiéndome así. Me preguntó si estaba embarazada y con duda tuve que responderle a mi mamá y papá que no estaba embarazada.

IV. 
Le comenté al maldito que tenía ganas de vomitar todo el tiempo y lo que sucedió con mi mamá y papá para mantenerlo informado, en caso de necesitar dinero para abortar. Su reacción, cuando le dije que los síntomas habían cesado y menstrué, fue echarse a reír porque él pensó que eran chistes míos.

V. 
Mi vecina me preguntó por el individuo que me buscó para ir al cine. Qué tal nos iba, si habíamos llegado a algo. Le comenté que ya no hablamos ni nos escribimos para evitar el tema. Su curiosidad persistía, mientras yo pensaba si decirle o no. ¿Me creerá? ¿Me rechazará por algo que no fue mi culpa? Respiré profundo y le conté.

Su mirada se volvió triste y me contó situaciones similares que han vivido personas cercanas a ella. Hizo una pausa y me hizo dos preguntas más: “¿Eres la única?” “¿Lo vas a denunciar?”.

VI. 
Así que me cansé del silencio ante la violencia de género, de esperar que otra persona cuente su historia para yo contar la mía, de preguntarme si soy la única. Estoy frustrada porque pasan los meses y aún duele. Estoy intranquila porque víctimas y sobrevivientes son humilladas por denunciar abusadores.

VII.
Portada de hombre amigable, algún día tendré fuerzas y te denunciaré, porque ofrecerme una pastilla no cambia lo que hiciste. Ofrecerme una pastilla no cambia que abusaste de mí.


Si tú o alguna persona conocida ha sido víctima de agresión sexual, tienes derecho a recibir ayuda. Puedes llamar a la Línea de Orientación y Ayuda Contra la Violencia Sexual (LOA), al 787 337-3737, o al Centro de Ayuda a Víctimas de Violación, al 787-765-2285; a la Oficina de la Procuradora de las Mujeres, al 787-722-2977, o a la Línea de emergencia y ayuda 939 CONTIGO (266-8446). Mira más recursos de ayuda aquí.

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