Loverbar y las posibilidades de revitalizar un paseo desde la inclusión y la solidaridad

Loverbar, Río Piedras

(Fotos por Ana María Abruña Reyes)

Primera llamada. Un espacio de amor e inclusión para la comunidad

“¡Buenas noches, Loverbar! ¿Cómo la estamos pasando, corille?”

Una multitud aplaudió y vitoreó en respuesta al mensaje de apertura de una de las empleadas de la novel barra riopedrense.

El entusiasmo era palpable en la noche de aquel viernes, 26 de febrero. Aunque la cantidad de gente era limitada debido a la orden ejecutiva que el gobierno de Puerto Rico mantiene vigente por la pandemia de la COVID-19, los gritos de júbilo fueron tan estruendosos que se escucharon frente a la entrada de Loverbar, en el Paseo de Diego, en Río Piedras. Una de las querendonas del lugar, Adi Love, dio la bienvenida en tarima y anunció que en minutos comenzaría la función. El evento artístico de dragas titulado Las Trashy Queens cerraría el famoso mes en el cual se celebra y defiende el amor para todes. Sería la clausura de un febrero en el cual se recalcó la importancia de continuar impulsando las luchas por la equidad, la recuperación justa y el derecho a una vivienda digna para todas las personas en Borikén.

“Esta es su primera llamada”, comunicó Adi Love a las 9:21 p.m.

Loverbar surgió de la necesidad de ampliar las opciones de espacios seguros para integrantes de las comunidades LGBTTIQ+ y para quienes buscan un entorno solidario en donde el odio no prospere ni limite las posibilidades de una vida digna.

Desde la entrada, se sienta la pauta de lo que no se aceptará de quienes visiten el lugar.

“No transfobia. No racismo, No homofobia. No machismo”, lee una de las primeras ilustraciones que se pueden ver en las paredes de Loverbar.

Al entrar a la vistosa barra y club de oferta musical nocturna, un área de ropa colgada en ganchos salta a la vista. Se trata de un “clóset pa’ la comunidad”.

clóset para la comunidade de Río Piedras en Loverbar

“Toda ropa es gratis. Llévate algo hoy. Llévate algo más mañana. Donaciones bienvenidas, pero no requeridas”, lee un cartel al lado del clóset.

Más temprano, ese viernes, Adi les explicaba a unos clientes sobre el objetivo de ese clóset. La también artista y activista trans comentó que esa ropa no era solo para el uso de personas de la comunidad LGBTTIQ+, sino también para otras personas residentes de Río Piedras que tengan la necesidad de vestimenta, indistintamente de su identidad de género u orientación sexual.

“Esto es para toda la comunidad, aunque no sea queer”, dijo mientras conversaba con Todas y llevaba un trago “sorpresa” a una de las mesas.

Es, precisamente, ese sentido de comunidad que trasciende los límites geográficos lo que inspira a quienes iniciaron el proyecto. Aunque la barra abrió sus puertas durante el verano del 2020, la idea se estaba gestando desde el 2016. Si bien su ubicación es en el sector capitalino de Río Piedras, Loverbar se ha convertido en poco tiempo en un lugar de convergencia para personas que residen en otras áreas de la región metropolitana de San Juan y del resto de Puerto Rico. La escasez de espacios de entretenimiento seguros durante la actual pandemia igualmente le ha brindado una mayor relevancia a este comercio solidario. Loverbar sirve principalmente a las comunidades LGBTTIQ+ de cualquier procedencia y lugar de residencia.

Segunda llamada. Imaginar un Río Piedras para todes

“Mis amores, esta es su segunda llamada”, anunció Adi Love a las 9:35 p.m.

La expectativa y algarabía aumentaban. La clientela seguía aguardando con ilusión el inicio de la función. Mientras transcurría la espera, la fundadora de Loverbar, Jhoni Jackson, amenizaba como la DJ de la noche.

Frente a la entrada del negocio, el Paseo de Diego lucía con una vibra de socialización que hace tiempo no se atestiguaba durante una noche de viernes en Río Piedras. Había vida en el espacio que en un momento momento llegó a ser considerado como el “centro de todo” en la capital. A pasos de Loverbar, otro comercio de entretenimiento anunciaba un espectáculo de dragas para esa misma noche.

La escena de personas jugando dominó y bailando en medio del paseo durante muy bien pudo haber aportado a la creación de “mapas” mentales y modelos de planificación comunitaria que ayudaran a imaginar futuros solidarios para Río Piedras y sus residentes.

En ese contexto de querer recrear otras dinámicas espaciales para el casco urbano riopedrense, lugares como Loverbar ayudan al desarrollo de este sector en la capital. La barra y club nocturno  aporta al bienestar de las comunidades LGBTTIQ+ y contribuye al mismo tiempo a la revitalización geográfica de un área que en el pasado fue un importante nodo de conexión dentro de la región metropolitana de Puerto Rico.

Paseo de Diego, Río Piedras

Tercera llamada. Porque el gozo también es político.

“Esta es su tercera llamada. Nos vamos con una canción más y comenzamos”, dijo Adi Love a las 10:04 p.m.

Dos minutos después de la tercera llamada, suena el éxito We R Who We R, de la cantante estadounidense Kesha. Un confeti sirvió de decoración efímera ante el ambiente festivo que se palpaba por la entrada de la artista Tacha Rola.

“¿Cómo estamos Loverbar? ¿Cómo se siente?”, gritó Tacha ante la respuesta favorable de público entusiasta que cantaba el éxito musical Raise Your Glass, de P!nk.

“¿Quieren ver de nuevo? ¡Suelta algo!”, exclamó Tacha, mientras billetes eran lanzados a la tarima por quienes deseaban continuar disfrutando de la pícara coreografía presentada por la talentosa drag queen.

En medio de un ambiente en el cual el odio estaba vedado y el cuerpo era una poderosa arma de expresión, entró a tarima Myrtle Dulcet. Su performance estuvo marcado por la interacción constante con el público que disfrutaba del espectáculo desde sus mesas. Un piano decorado con discos de Donna Summer, The Ritchie Family y Selena se convirtió en el objeto de utilería que Dulcet usó para complementar su presentación.

Loverbar. Foto por Ana María Abruña Reyes

Los rostros adornados por sonrisas de paz marcaban el semblante del público que no cesaba de gritar en apoyo a las dragas. En medio de esa algarabía, entró Anoma lía para unirse a la fiesta artística. Había llegado a tarima, a quien muches identificaban como “La reina de Río Piedras”.

“No te gusta lo que posteo en mis redes sociales, pues no me sigas, ¡puñeta!”, lanzó Anoma lía con seguridad y ante el aplauso de sus seguidores.

Se acercaba el cierre de la función y el momento del junte de las tres artistas. La esperada convergencia ocurrió, a las 10:30 p.m., cuando todas se unieron a bailar la canción TiK ToK, de Kesha.

El público deseaba más coreografías, pero, al mismo tiempo, se reconocía que la orden ejecutiva vigente requiere que todo negocio cese operaciones a las 11:00 p.m. Les asistentes iban cerrando sus cuentas en la barra y se marchaban con satisfacción.

La función de esa noche había terminado, pero las luchas por las comunidades LGBTTIQ+ continúan, al igual que las luchas por un mejor Río Piedras.

Seis días después del evento, caminaba junto a mis estudiantes y hablé brevemente con Tacha, quien se encontraba frente a la entrada de Loverbar.

“Me pone triste saber que la tienda donde compro mis telas aquí cerca parece que va a cerrar”, dijo con pesar.

Su comentario trajo reflexión e intenté reaccionar con una pequeña dosis de optimismo.

“Por eso, es que estos espacios como Loverbar son tan importantes para continuar luchando por echar a Río Piedras hacia adelante”, le respondí, mientras trazaba mi propio mapa mental de geografías de inclusión y solidaridad para todes.

Loverbar, Río Piedras. Foto por Ana María Abruña


La pandemia por COVID-19 obligó a Loverbar a cerrar por varios días, pero próximamente reabrirá sus puertas a la comunidad. Para más información, puedes visitar su página de Instagram @loverbarpuertorico. Para saber cómo donar a Loverbar, puedes ver aquí

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Rafael Díaz Torres
Escrito por Rafael Díaz Torres
Es periodista del Centro de Periodismo Investigativo y profesor universitario, graduado del doctorado en Historias del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe.