Ataca uno de los frentes de la trata humana en su ruta en motora

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(Fotos suministradas)

Estar frente a una cámara puede ser intimidante para las mujeres que han sido parte de una red de tráfico humano. Con ese dispositivo, les tomaron fotografías o vídeos que se convirtieron en transacciones económicas, en las que ellas no tenían voz para decidir sobre sus cuerpos. 

La fotógrafa y motociclista estadounidense Lauren Trantham descubrió qué representaba su cámara cuando decidió realizar sesiones de fotos a mujeres sobrevivientes del tráfico humano. El sonido del click despertó episodios difíciles de olvidar. 

Trantham miró a través de su lente y apretó el botón de su cámara para regalarles a cada de una ellas una foto con su nuevo reflejo. Las participantes tuvieron la oportunidad de contemplar la cara y la figura de alguien que existe, de alguien que es libre. 

En el 2016, Lauren se montó en su Ducati Monster para recorrer 10 mil millas por el norte de Estados Unidos. Por ocho semanas, la motociclista se detuvo en distintos rincones para hacer visibles, mediante una foto, a 37 mujeres que se habían sentido invisibles en la sociedad. 

La iniciativa Ride My Road se logró en colaboración con Rebecca Bender, cuya organización que lleva su nombre respalda y ayuda a víctimas de esta práctica a retomar sus vidas por medio de la academia Elevate. Bender escapó de una red de tráfico sexual, y, a raíz de su vivencia, provee herramientas a quienes han estado en una situación similar. 

La motociclista no vivió una experiencia parecida, pero se topó con Bender cuando estaba buscando una entidad que brindara apoyo a mujeres que hubieran sufrido maltrato psicológico, como le ocurrió a ella. 

En su búsqueda para sanar heridas personales, se enfrentó a un tema que desconocía en ese momento. 

“En el 2015, me divorcié y me afectó bastante. Tenía el corazón roto. Cuando fui a hablar con mi psicólogo, me dijo que había sufrido de abuso emocional, psicológico. Estaba confundida porque me considero una mujer inteligente, culta e independiente, pero me di cuenta de que sí tenía razón”, recordó la joven, quien, en ese tiempo, pensaba que la palabra maltrato estaba vinculada únicamente a la agresión física. 

Luego, con ayuda profesional, relacionó ese vocablo con situaciones como el aislamiento, el control sobre la hora y qué comía, y las frases hirientes que escuchaba a diario. Cuando se separó, quería conocer a mujeres con quienes pudiera compartir sus vivencias, pero se tropezó con otro problema: la trata humana.  

“Son mujeres que han sido abusadas emocionalmente también. Vi ahí una conexión. En esa época, no sabía nada del tráfico humano. Pensaba que eso era en Asia y en otros países. Contacté a Rebecca, que sobrevivió el tráfico humano en Estados Unidos, y le dije que quería viajar en mi moto y darles a las sobrevivientes fotografías. Ella envió un email a las sobrevivientes que han estado en la academia sobre la oportunidad de hacer la foto. Estuve dos meses con la ruta e hice 37 sesiones”, mencionó la fotógrafa, de 35 años, quien se embarcó en la aventura de pasear en motora a los 21 años. 

En el grupo, solo hubo un hombre, y todas las personas sobrevivientes eran estadounidenses. 

“Simplemente, quería regalar esa experiencia, pero para las sobrevivientes tenía un impacto. Se sienten invisibles. Son personas que están muy dañadas y han vivido traumas complejos. Algunas de ellas no tenían fotos de sí mismas. Algunas fueron forzadas a hacer pornografía y la cámara representaba algo difícil. Fue una oportunidad de sanar de esas experiencias. Estaban frente a la cámara porque querían”, dijo la activista. 

Señaló que las imágenes tenían la celebración como tema común. “Quería fotos de gente bailando, sonriendo, de una celebración por lo que han sobrevivido”, comentó la residente de Oregon.  

motociclista 2Lauren admitió que ese primer paso en busca de solidaridad se convirtió en una carga adicional que hoy no puede soltar. Ride My Road sucedió hace tres años, pero ella no ha dejado de trabajar para combatir la trata humana mediante la creación de su propia organización sin fines de lucro, cuyo enfoque son los motociclistas con paradas en lugares donde prostituyen a mujeres. 

Las rutas de distancias largas han sido pospuestas por los daños físicos que sufrió en sus brazos, pero sus gestiones no pararán.

“La realidad es que tengo heridas en mis brazos de esas 10 mil millas, de tanto usarlos. Tenía mucho dolor e insomnio. Estaba exhausta y con el corazón roto, por tantas emociones que viví. Pero eso es lo menos importante, porque las sobrevivientes me enseñaron tantas cosas”, dijo quien, además de las sesiones de fotos, organizó eventos de recaudación de fondos para respaldar a la academia Elevate.

“Ellas vivieron lo peor que a uno le puede pasar, cosas horribles e, incluso, algunas fueron traficadas por papás y familiares. Y todavía tienen la capacidad de amar y de perdonar. Me dejaron sin palabras por la capacidad que tienen de volver a amar, que uno cree que no es posible después de esa pesadilla”, comentó.

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Enfocada en educar a motociclistas que participan de la prostitución 

Con su organización sin fines de lucro Ride My Road, Lauren continúa trabajando con otras entidades, pero su foco es combatir la demanda de hombres que consumen prostitución, uno de los frentes dentro de la red de trata humana. motociclista 3

“Este problema existe por la demanda de comprar sexo. Hay quienes trabajan en el restablecimiento de las personas, como Rebecca, yo me estoy enfocando en terminar con la demanda, que es una manera diferente de atacar el problema. Si los hombres aquí, en los Estados Unidos, están comprando sexo, están echándole fuego al problema”, comentó. 

Explicó que su aportación para la erradicación de este problema consiste en educar a motociclistas que pagan por sexo y que desconocen los vínculos de la prostitución con la trata humana. Cuando intercambia impresiones con este grupo de hombres, dijo, no tienen idea de que detrás de esa “transacción por sexo” existe una red de control, maltrato y tráfico humano. 

“Tengo que convencer a esa subcultura de hombres, que van en moto por ahí participando de lo que ellos llaman prostitución, que no formen parte de esa red de tráfico humano. La mayoría de las prostitutas tienen un pimp que controla su dinero, sus documentos, y si no gana el dinero estimado por una noche, hay violencia. Son traficantes. Los hombres que participan de la prostitución no quieren entender ni se dan cuenta de que están participando de ese tráfico. Ellos dicen: ‘Ella quiere, ella elige y le gusta. Estoy apoyando para que termine su universidad’. No se sienten parte de esto”, señaló quien, además, con su entidad realiza eventos de recaudación para dar donaciones a otras organizaciones que llevan a cabo iniciativas similares.   

En este esfuerzo por educar, no hay un plan para después en la vida de Lauren porque este tema se metió en su piel, en su mente, en todo su ser. 

“Ya sé que existe y no lo puedo ignorar ni hacer otra cosa. No puedo ir a trabajar a cualquier lugar e ignorar que hay miles de personas atrapadas y que son esclavas. No puedo dormir pensando en que hay gente viviendo eso”, expresó. 

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(El Protocolo de las Naciones Unidas para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especialmente Mujeres y Niños define “trata de personas” de la siguiente manera: “Por trata de personas se entenderá la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con  fines de explotación. Esa explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre  o la extracción de órganos”.)

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Amary Santiago Torres
Escrito por Amary Santiago Torres
Periodista y profesora. Cuenta con 20 años de experiencia en la prensa puertorriqueña con énfasis en temas culturales. También, se ha desempeñado como editora de textos periodísticos y comerciales.